La guerra de Ariel Sharon

Mariano Grondona
Mariano Grondona LA NACION
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30 de agosto de 2001  

Cuando dos misiles descabezaron a Abu Alí Mustafá en su oficina a sólo dos cuadras de la oficina de Yasser Arafat -el único que lo superaba en influencia- la confrontación entre el primer ministro israelí, Ariel Sharon, y los palestinos, dio un paso más por el camino de la guerra.

Pero, desde su fundación en 1948, ¿no ha pasado acaso el Estado de Israel por una sucesión de guerras? Sí, pero la guerra de Sharon tiene poco que ver con ellas. En 1948, 1967 y 1973, Israel libró y ganó tres guerras a los Estados árabes vecinos que pretendían aniquilarlo. Fueron choques entre ejércitos convencionales, que sólo duraban algunos días.

La característica de estas guerras fue que, si perdían una sola de ellas, los israelíes serían arrojados al mar. Pero si ganaban, como en efecto ocurrió, su triunfo se habría de disipar a poco andar porque les era imposible ocupar el vasto territorio de los Estados árabes que los cercaban. Por eso a una guerra seguía otra, en una suerte de empate interminable.

En 1979, el líder egipcio Anwar el Sadat, después de haber salvado su honor en la guerra de 1973 que casi ganó, decidió desarrollar su país antes que seguir desangrándolo en un conflicto sin fin. Egipto e Israel celebraron la paz.

A partir de 1979 cesó el estado de guerra intermitente entre Israel y sus vecinos árabes. Israel había ganado su "paz externa". No por eso cesó el conflicto. En 1982, Israel invadió el sur del Líbano para desmantelar las bases de su nuevo enemigo principal, no ya algún Estado árabe sino la guerrilla palestina.

En 1987 estalló la intifada , voz que significa "alzamiento". Israel enfrentó de ahí en más una "guerra interna".

Ya no habría batallas decisivas, sino lo que los teóricos llaman una guerra "de usura", una sangrienta pulseada de desgaste entre Israel y las organizaciones terroristas palestinas que no operaban fuera sino dentro de sus fronteras.

En 1992 Israel y el líder palestino, Yasser Arafat, iniciaron conversaciones de paz. En 1999, el primer ministro israelí Ehud Barak creyó que podría consumarlas.

Pero las negociaciones, finalmente, fracasaron.

Vencedor de Barak en las elecciones siguientes, Ariel Sharon explora ahora el método opuesto de la guerra. De una parte, los coches bomba en los que Abu Alí Mustafá era el máximo especialista. De la otra, los "asesinatos selectivos" de líderes como el propio Mustafá.

El estrangulamiento

El objetivo de toda guerra es curvar mediante la violencia la voluntad del enemigo. Para lograr este objetivo, Sharon apela a un movimiento de pinzas. De un lado, castiga cada atentado de los palestinos con el asesinato selectivo de sus líderes. Del otro, encierra a los palestinos que viven en Gaza y en 60 "islas" dentro de Israel con altos muros.

La nueva intifada que siguió al fracaso de las negociaciones entre Barak y Arafat lleva casi un año. La caída del nivel de vida de los palestinos que trabajaban y comerciaban en Israel es vertical. Hace un año, tenían un ingreso equivalente al 10% del de los israelíes. Hoy, es del 5%. El 80% de los palestinos vive por debajo de la línea de pobreza. Hace un año, era el 30%. El desempleo, que era del 20%, ha subido al 67%.

Pero Israel no está saliendo indemne de esta política de estrangulamiento. En parte por el agravamiento de la inseguridad, su crecimiento anual ha bajado del seis al dos por ciento anual. El turismo, una de sus fuentes de divisas, ha caído a la mitad.

Las salidas

Mientras se mantuvo la esperanza de que Barak y Arafat llegaran a un acuerdo, la paz parecía cercana. Pero el error de Barak fue apurar las negociaciones en lugar de prolongarlas indefinidamente porque, cuando se pusieron las cartas sobre la mesa, quedó en claro que ninguna de las partes estaba madura para ofrecer las concesiones esenciales.

La paz, por consiguiente, abandonó el horizonte.

Ahora, el objetivo de Sharon es estrangular a los palestinos hasta que digan "basta". ¿Qué les ofrece a cambio? Sólo dejar de apretarles el cuello para que puedan respirar. Pero enfrenta a terroristas suicidas a quienes no les interesa respirar.

Israel se ha movido por décadas entre dos salidas, la paz y la guerra. Al final de ambas ha encontrado una puerta tan hermética que sólo Sansón podría removerla.

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