La guerra también se libró en frentes mucho más insólitos

Hubo enfrentamientos, sobre todo, en el mundo gastronómico Desde panfletos hasta marchas virtuales, todo valió para respaldar o condenar el ataque a Irak EE.UU. boicoteó los productos de Europa y viceversa Algunos hicieron negocios
Celina Chatruc
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6 de mayo de 2003  

Un e-mail o una remera, una galleta o una papa frita, una Coca-Cola o el más fino champagne. Todo valió como "arma" durante los combates que se libraron, antes y durante la guerra en Irak, pero en frentes mucho más insólitos.

El enfrentamiento entre Estados Unidos y Europa sobre la guerra dejó varias víctimas, sobre todo, en el mundo gastronómico. Comenzó a principios de marzo, cuando la negativa de Francia a respaldar un ataque llevó en Estados Unidos a cambiar el nombre de las papas fritas -que en inglés se llaman "papas francesas"- en restaurantes, en las cafeterías del Congreso y hasta en el avión presidencial. Al igual que las tostadas "a la francesa", pasaron a llamarse "papas de la libertad".

La ofensiva se acentuó días más tarde, cuando varios dueños de bares neoyorquinos derramaron botellas de champagne Dom Perignon y de vinos franceses por el inodoro, y lanzaron a la calle licores galos, jurando que sólo servirían productos de países que apoyaran la política norteamericana.

La estrategia se fue perfeccionando: una encuesta publicada a mediados abril reveló que al menos el 15% de los compradores habituales de productos franceses en Estados Unidos ahora los evitan.

Pero la represalia no se hizo esperar, y pronto varios comercios europeos dejaron de vender productos de marcas estadounidenses, como Coca-Cola y Marlboro. En la ciudad rusa de Celiabinsk, un restaurante llegó a prohibir a mediados de marzo el ingreso a norteamericanos y a británicos porque los gobiernos de sus países se disponían a invadir Irak.

Galletas mortales

El poderoso sentimiento antinorteamericano empezó a complicar incluso a McDonald´s, cuando algunos locales en distintos lugares del mundo -incluida la Argentina- fueron blanco de protestas contra la guerra. En Arabia Saudita, la cadena de comida rápida contraatacó y lanzó el McArabe, un sandwich de pollo y pan de pita -tradicional en ese país-, para sortear el boicot que sufre desde hace más de dos años por el apoyo de Washington a Israel.

Otros, en cambio, hicieron del conflicto un negocio. Como una empresa taiwanesa que produjo una línea de galletitas de arroz envueltas con los rostros de Bush y de Saddam y las siguientes leyendas: "Hussein, tú pones en peligro al mundo" y "no desplegué armas de destrucción masiva".

O quienes levantaron en Internet millonarias apuestas sobre el destino del ex presidente iraquí, Saddam Hussein, y subastaron productos relacionados con el régimen de Bagdad. Así, la moneda iraquí llegó a ser un verdadero trofeo de guerra: mientras a fines de marzo 3000 dinares valían un dólar, a mediados de abril la proporción había pasado a 100 por 40.

La Red pronto se convirtió en un campo de batalla donde se realizaron "marchas virtuales" que movilizaron cientos de miles de correos electrónicos con mensajes contra la guerra, y llegaron a saturar las casillas de la Casa Blanca. Un sitio francés, por ejemplo, llamó a enviar pretzels al presidente estadounidense, George W. Bush, que hace un año se golpeó al caer desmayado tras atragantarse con una de esas galletas.

Mientras, protestas nada virtuales se realizaban en Santiago, Chile, donde cientos de personas reclamaron desnudas el fin del conflicto, y en Estados Unidos un abogado de 60 años era arrestado dentro de un shopping de Albany porque se negó a quitarse una remera que decía: "Paz en la tierra" y "démosle una oportunidad a la paz".

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