La historia de Emiliano Mroue, el argentino que está varado en Sierra Leona por el ébola

El joven se instaló en ese país en 2011 e iba a viajar a la Argentina, pero la suspensión de los vuelos a la zona afectada complicó sus planes; "Creo que vamos a terminar quedándonos acá", dijo a LA NACION y expresó su temor a que se desate un conflicto social
Julieta Nassau
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6 de agosto de 2014  • 15:17

Emiliano Mroue estuvo en Sierra Leona en 2010. Fue uno de los destinos "aventureros" que a él le gustaba elegir para irse de vacaciones, después de pasar por Medio Oriente y otros países de África subsahariana. Allí, en una conversación con Dayo, un hombre del lugar, recibió algunos datos sobre ese país lo motivó a volver para quedarse.

Sierra Leona es el segundo consumidor de arroz a nivel mundial y el 70% de la población vive de la agricultura de subsistencia, mientras que 4 de cada 10 niños sufren de malnutrición. En la noche en que recibían al año 2011, Mroue, que estaba trabajando en una empresa multinacional en Alemania con su novia, le propuso a su primo, Patricio Imerito, poner una empresa social para crear un modelo de agricultura sostenible. Así nació la West African Rice Company, que funciona como nexo entre los productores y los bancos de Sierra Leona y que hoy cuenta con unos 250 empleados locales.

Ayer, por la mortal epidemia de ébola -que ya dejó más de 887 muertos y 1603 afectados en África Occidental, entre ellos, 273 víctimas fatales y 646 infectados en Sierra Leona, según la Organización Mundial de la Salud (OMS)-, Mroue recibió una mala noticia: British Airways suspendió sus vuelos desde y hasta Freetown. El joven tenía planeado viajar la semana hacia Estados Unidos, donde tiene agendadas reuniones de trabajo, para luego venir a la Argentina hasta fin de mes.

"A partir de que British Airways canceló sus vuelos, hubo una estampida generalizada para comprar pasajes. Hemos conseguido los últimos dos asientos para el lunes que viene", contó el economista de 30 años en diálogo con LA NACION .

"En estas últimas dos semanas, cuando la epidemia ha ganado la atención de los medios internacionales, se generó un clima de paranoia, de histeria colectiva. Ayer, con la suspensión de los vuelos de British como última alarma, el resto de los expatriados, por temor a quedarse varados por tiempo indefinido, se fueron. Se está yendo todo el mundo básicamente", dijo.

El nuevo plan del joven argentino incluye dos pasajes con la belga Brussels Airlines para el lunes próximo, aunque Mroue no se muestra muy optimista, debido a los rumores sobre la posible cancelación de todos los vuelos que viajan a la zona afectada.

"Creo que vamos a terminar quedándonos acá. No sé si queda alguna alternativa concreta. Si no, nos quedaremos acá", expresó, ya casi resignado.

Mientras que él no se siente vulnerable a la epidemia, su teléfono no para de recibir llamados y mensajes de preocupación. De hecho, está en contacto "casi diario" con embajador argentino en Nigeria, Gustavo Dzugala, quien tiene a su cargo la representación diplomática en gran parte de esa zona de África, entre ellos, los otros tres países afectados severamente por la epidemia, Sierra Leona, Guinea y Liberia.

"El embajador está muy pendiente de la situación. Está pendiente a ver si podemos salir el lunes que viene del país, y si no, ver con qué mecanismos se puede salir del país. Están preguntándonos continuamente cuál es nuestro riesgo real", contó Mroue.

Los llamados también llegan desde la Argentina, donde los familiares y amigos se alarmaron frente a las noticias sobre el continuo crecimiento del número de víctimas por la epidemia que parece fuera de control. "Ya les explicamos que nuestros riesgos reales son muy, muy bajos y generamos un poco mas de tranquilidad. Pero el miedo general, de ellos y nosotros también, es que quedemos varados en el país, y que pueda haber conflicto social en unos meses, por la falta de alimentos", manifestó.

Problemas para el futuro

"El consenso de todos los que estamos acá trabajando es que el riesgo [de contagio] es muy bajo", insistió Mroue, quien señaló que sólo están expuestos quienes estén en contacto con un infectado en su pico de enfermedad, es decir, en sus últimos días de vida.

Sin embargo, el ébola afectó a su rutina y a su trabajo. Emiliano y su primo, Patricio, viven la mayor parte del año en Freetown, donde tienen las oficinas de la empresa, pero los campos con los que trabajan quedan a siete horas de ahí, en Tormabum, por lo que ocasionalmente se quedan allí.

En esa aldea, la gente no está produciendo arroz "por miedo", comentó el economista. "Con certeza no van a tener qué comer el año que viene si no producen", advirtió, preocupado por las consecuencias indirectas de la epidemia en un país donde, según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, el 28,8% de la población son personas subnutridas.

"Las organizaciones deberían ayudar", reclamó, luego de cuestionar que "la mayoría de las ONG’s se están yendo, casi todos han evacuado a su personal extranjero, y eso va a generar un vacío bastante profundo".

"Nos angustia la paranoia que se ha agarrado en Estados Unidos y Europa porque esto le va a costar muchísimo al país. Hace que el país este cuasi asilado. No hay que aislar al país, sólo hay que aislar a los que están enfermos", expresó.

Su sueño personal

"Todo surge de un sueño personal, de un objetivo de vida: la búsqueda de generar una transformación en la sociedad que deje una huella única pero al mismo tiempo no sacrificar el bienestar personal y de mi familia, que no son antagónicos", contó Mroue el origen de su empresa hace unos meses durante su charla en conferencia TED en Rosario.

"Nosotros nos paramos entre los productores y los bancos. Un pequeño productor a través de nuestro programa puede conseguir un crédito. Con este crédito puede comprar un paquete tecnológico, que es necesario para alcanzar buenos rendimientos y cultivar muchísimo. Los pequeños de productores producen mucho más: una parte de esto se va para pagar el crédito, otra parte de esto se va para compensarnos a nosotros por nuestros servicios y el resto, que es significativamente mayor de lo que antes hacían, es para ellos. Ahora sí pueden generar un excedente para comercializar. Nosotros somos compensados en forma de arroz, el banco puede acceder a una cartera muchísimo mayor, a este 70% de la población a la que antes no podían acceder. Termina siendo una win-win-win situation, las tres partes salimos beneficiadas", explicó allí, en octubre del año pasado.

En esa charla, sin embargo, reparó que "no todo fue fácil" y mencionó entre las dificultades "la exposición a las enfermedades". "Patricio, mi primo y socio, se ha agarrado malaria dos veces; a mí me dio fiebre tifoidea una vez... y todas las veces más que van a venir", dijo.

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