La imperfecta ama de casa

Por Mario Diament
Por Mario Diament
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29 de junio de 2002  

MIAMI.- Cuando alguien en los Estados Unidos piensa en cambiar los cortinados, arreglar el jardín, elegir un traje de novia o servir la mesa apropiada, un nombre viene inmediatamente a la mente: Martha Stewart.

Desde la publicación de su libro "Entertaining" ("Recibiendo gente"), en 1982, esta ex modelo y ex agente de bolsa, nacida 60 años atrás en un modesto hogar en Nueva Jersey, se convirtió, para millones de norteamericanas, en la personificación del ama de casa perfecta.

Con un talento inusual para la comunicación y un instinto voraz de los negocios, Martha Stewart transformó su propio nombre en una marca de consumo popular y levantó un imperio comercial con ingresos superiores a los mil millones de dólares.

Sus seis programas de televisión son vistos por una audiencia cercana a los 2 millones de telespectadores; sus dos revistas -Martha Stewart Living y Martha Stewart Wedding- tienen una circulación cercana a los 10 millones de ejemplares; sus 27 libros han vendido más de 8,5 millones de copias; su columna semanal, llamada "Ask Martha" ("Pregunte a Martha"), aparece en 233 periódicos y el programa radial del mismo nombre sale por 270 emisoras de todo el país.

Su coronación se produjo el 19 de octubre de 1999, cuando su empresa, Martha Stewart Living Omnimedia (MSO), comenzó a cotizar en la Bolsa de Wall Street. Al final del primer día, el valor de las acciones se había duplicado y Martha Stewart se había transformado en multimillonaria.

Desde entonces, su historia ha sido presentada como el paradigma del sueño americano: la chica pobre que logra escalar hasta la cúspide de la pirámide económica y lo hace sin sacrificar sus principios ni su moral.

Hasta el 27 de diciembre del año pasado.

Un día particular

Ese día, la perfecta ama de casa decidió vender casi 4000 acciones de ImClone Systems Inc., una empresa farmacéutica que se encontraba desarrollando una nueva droga contra el cáncer. La transacción en sí no hubiera sido significativa de no haber mediado el hecho de que, justamente al día siguiente, la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, según sus siglas en inglés) se negó a autorizar la producción de la droga, provocando el abrupto colapso de la cotización de las acciones de la empresa.

El presidente de ImClone, Samuel Waksal, un amigo cercano de la Stewart, con cuya hija salía, fue acusado de haber alertado a miembros de su familia y amigos acerca del inminente fallo en contra de la droga, lo que hizo que todos se desprendieran rápidamente de las acciones.

El comprar o vender acciones sobre la base de información privilegiada configura un delito denominado insider trading , por el que Waksal está siendo procesado.

Dos semanas atrás, cuando las primeras informaciones acerca de una investigación de la posible participación de la Stewart en una operación fraudulenta con las acciones de ImClone ganaron la calle, la perfecta ama de casa se apresuró a explicar con toda propiedad que las acciones habían sido vendidas porque tenían un piso preestablecido que al momento de alcanzarse provocaba automáticamente su venta.

Sin embargo, posteriores pesquisas y un par de inquietantes testimonios demostraron que la verdad no era exactamente como Martha la contaba.

Una mancha sospechosa

El viernes pasado, la empresa Merrill Lynch suspendió al operador a cargo de la cuenta de Martha Stewart alegando "cuestiones factuales", un oscuro eufemismo que probablemente signifique "meter la pata".

Para el lunes, las acciones de Martha Stewart Living habían perdido un cuarto de su valor y han seguido bajando desde entonces. La perfecta ama de casa, que había logrado remontar la bancarrota de Kmart, compañía a la que estuvo asociada desde 1987, no logró esta vez desprenderse de la sospechosa mancha en su impecable indumentaria moral.

En un momento en que el mundo financiero está siendo sacudido por las revelaciones de defraudaciones por parte de empresas líderes como Enron, Dynegy, Adelphia, WorldCom y Xerox, la traición de la perfecta ama de casa asume una dimensión emblemática: una visión casi tan insoportable como revolver el té con una cuchara de sopa.

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