La ira no se fue con Mubarak

Edmund Blair
Marwa Awad
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23 de noviembre de 2011  

EL CAIRO.- Sameh Attallah era parte de esa "mayoría silenciosa" que confiaba en que el ejército dejaría el lugar a un gobierno civil después de las protestas que terminaron por derrocar a Hosni Mubarak en febrero. Durante nueve meses, Attallah se quedó en su casa mientras otros ganaban las calles para exigir rápidas reformas.

Eso cambió. Ahora, convencido de que la junta militar pretende aferrarse al poder, Attallah se sumó a las protestas, que ya costaron la vida de más de 35 personas.

"Yo era uno de los que no protestaban después de que Mubarak renunció y el ejército prometió proteger la revolución. Pero debo decir que ahora el ejército parece tener intenciones de apropiarse de la revolución del pueblo", dijo Attallah, de 29 años, en la plaza Tahrir, entre escombros y olor a gas lacrimógeno de varios días de enfrentamientos.

Son muchos los que han perdido toda confianza en el ejército. No se ha recuperado la seguridad, el malestar crece y las primeras elecciones parlamentarias libres en Egipto desde hace décadas están programadas a partir del 28 del actual.

En vez de posicionarse por encima de la contienda política, el gabinete designado por el ejército enfureció a los políticos al proponer las bases de una nueva Constitución que dejaría al ejército a resguardo de la supervisión civil y le otorgaría amplios poderes en temas de seguridad nacional. Anteayer, ese gobierno terminó presentando su renuncia.

Muchos egipcios le conceden al ejército el beneficio de la duda. Algunos incluso lamentan la caída de Mubarak. Pero el apoyo a los militares se está erosionando, aunque pretenda negociar su salida del gobierno sin perder privilegios y peso político.

"Es una feroz lucha por el poder que se juega en el plano ideológico, religioso y social, y los militares están intentando conservar sus privilegios", dijo Fawaz Gerges, experto en cuestiones de Medio Oriente de la Escuela de Economía de Londres. "Lo de los últimos días marca el fin de la luna de miel de los militares y muchos ciudadanos egipcios."

La protesta empezó el viernes como un asunto islamista, para exigir que el ejército desechara las bases de la Constitución. Los jóvenes se sumaron para criticar a la junta militar y su líder, el mariscal de campo Mohammed Hussein Tantawi.

Lo que enfureció a muchos egipcios fue ver que con apoyo militar la policía golpeaba a los manifestantes: el mismo accionar que tuvo durante la revuelta contra Mubarak.

"Apenas fue destituido Mubarak, todos nos sentíamos protegidos por la junta militar, pero las muertes que ahora los militares están condonando nos revelan que son cómplices", dijo Ahmed Hassan, de 26 años.

"¡Qué el mariscal de campo se vaya!", es la consigna de los manifestantes. En las paredes hay grafitis que dicen "Tantawi es Mubarak".

Un diplomático extranjero dijo que los militares tienen tres intereses que proteger: asegurarse de que sus líderes no deban enfrentar la justicia como Mubarak, conservar los intereses económicos del ejército y garantizar los privilegios y el estatus de las fuerzas armadas.

"La mejor manera de preservar esos intereses sería abandonar el poder, pero hacerlo sin las garantías dejaría al descubierto esos intereses. Ese es el gran problema que tienen: sus intereses siempre serán vulnerables", señaló el diplomático.

A pesar del malestar, la mayoría cree que el ejército no postergará las elecciones del lunes, en parte porque probablemente enardecería más a la opinión pública y enfurecería a la influyente Hermandad Musulmana y a los otros partidos que exigen que se avance con la transición.

Con la elección del nuevo Parlamento, es muy probable que la dinámica política de Egipto cambie. Hasta ahora, el único lugar donde los egipcios logran que su voz sea escuchada son las calles. Pero los poderes del Parlamento son limitados. Deberá elegir la asamblea que elabore la Constitución y tendrá un papel legislativo, pero los militares ejercerán sus "poderes presidenciales" para designar al primer ministro y el gabinete.

Sin embargo, si logra consenso interno para hablar con una sola voz, la asamblea tendrá un peso moral que a la junta militar le será muy difícil ignorar.

"No hay que subestimar el grado de fragmentación entre las diversas facciones políticas, que le permitieron al ejército hacer lo que hizo en los últimos días", dijo Khalil al-Anani, analista de la Universidad de Durham, en Gran Bretaña.

La Turquía moderna fue propuesta como modelo para Egipto. Durante décadas, los militares turcos intervinieron en política interna, y eran los guardianes de la Constitución laica. En Turquía, el poder del ejército se redujo en los últimos años. Los manifestantes egipcios quieren que el ejército vuelva a los cuarteles, pero la lucha puede llevar tiempo.

"Durante el régimen de Mubarak, las instituciones quedaron en ruinas. Ahora hay varios grupos políticos y sociales que se están posicionando. Serán diez años de agitación y turbulencia", dijo Gerges, de la Escuela de Economía de Londres.

Traducción de Jaime Arrambide

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