La larga enemistad de Arafat y Sharon

Una disputa que cobró más fuerza
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25 de enero de 2002  

JERUSALEN.- Ariel Sharon acababa de convertirse en canciller de Israel cuando llegó a Estados Unidos, en octubre de 1998, para entablar conversaciones tendientes a rescatar el proceso de paz de Medio Oriente.

Durante nueve días de negociaciones maratónicas que finalmente gestaron un modesto acuerdo, Sharon se atuvo escrupulosamente a un principio personal: por más que los mediadores norteamericanos refunfuñaran, jamás le estrecharía la mano al líder palestino, Yasser Arafat.

La enemistad es profunda entre Sharon y Arafat, y ha cobrado fuerza a través de décadas de una lucha personal que refleja los más sombríos temores y sospechas de sus respectivos pueblos. Pero es Sharon quien hoy se halla en ventaja. Como primer ministro, ordenó el envío de los tanques que acorralan a Arafat en Ramallah desde principios de diciembre.

Los acuerdos de paz a los que Sharon se opuso y que Arafat firmó han fenecido. Y el gobierno de Bush y otros gobiernos están prestando un apoyo tácito o expreso a su campaña para aislar al líder palestino. Poco se comenta hoy acerca de las muertes, planificadas por Israel, de militantes palestinos y de las invasiones de áreas controladas por palestinos, operaciones que anteriormente generaban enérgicas protestas en Washington.

A pesar de que durante décadas fue una de las figuras que produjeron más polarización en Israel, Sharon se las arregló para mantener un gobierno de unidad con un amplio respaldo. Pero si, como sostiene Sharon, Arafat es el responsable de todos los ataques contra los israelíes, entonces le debe en parte al líder palestino su triunfo electoral y su posterior éxito político y diplomático.

De niño, en la granja donde creció antes de que Israel existiera como Estado, Sharon llevaba un palo para desalentar a posibles intrusos árabes. De adolescente, formó parte del activismo clandestino y posteriormente participó de todas las guerras de Israel. Nunca dejó de creer que Israel no podía bajar la guardia frente a sus vecinos árabes.

Ahora, el apoyo popular obtenido tras la caída del laborista Ehud Barak le dio a Sharon la posibilidad de una revancha contra su viejo adversario. De hecho, para aquellos que siguieron las vidas turbulentas de los dos líderes, el actual enfrentamiento puede compararse con el que tuvieron hace 20 años, en Beirut.

Un telón de fondo

"La guerra del Líbano es la expresión de esta clase de pelea o conflicto. Es el telón de fondo de lo que sucede actualmente", afirmó Uzi Benziman, autor de la biografía "Sharon: un César israelí".

Esa guerra fue una calamidad para ambos. Sharon era ministro de Defensa cuando dirigió la invasión del Líbano, en junio de 1982. La misión fue presentada como moderada, pero al cabo de una semana Israel estaba sitiando Beirut. El objetivo era instalar un régimen aliado y aniquilar la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

Hacia fines de agosto de 1982, Arafat evacuaba a sus hombres de Beirut. En febrero de 1983 Sharon renunció a su cargo después de que una comisión investigadora les atribuyó a él y a otros una "responsabilidad indirecta" por la masacre, por parte de falangistas cristianos, de cientos de personas en dos campos de refugiados palestinos, Sabra y Shatila.

Como fue el caso en el Líbano, Sharon siempre fue un hombre con un plan. Lo demostró al principio de su carrera dirigiendo operaciones militares audaces o brutales, según el punto de vista, y más tarde promoviendo la construcción de colonias en Cisjordania y la Franja de Gaza, con el afán de evitar la creación de un Estado palestino.

Pero para los israelíes de derecha como de izquierda sigue siendo un misterio si el actual premier tiene realmente un plan para Arafat. Sharon aseguró que lo tiene, pero que no puede divulgarlo. "Es difícil decirlo", señaló Yuval Steinitz, miembro del partido Likud y del Parlamento, y especialista en asuntos de seguridad, consultado al respecto. "Tácticamente, pienso que ha sido exitoso -añadió-, pero, como todos saben, Arafat es un experto en escapar de situaciones complicadas."

Políticos y militares israelíes sostienen que la estrategia de Sharon consiste en ejercer la mayor presión posible sobre Arafat para que, o bien actúa y aplasta a los grupos palestinos extremistas, o deba ser reemplazado por otro líder.

Traducción: Luis Hugo Pressenda

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