La moderación táctica de Moyano

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION
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11 de octubre de 2008  

Los sindicalistas todavía no tomaron nota de la magnitud de la crisis que se avecina sobre la Argentina. O, en una exageración de oficialismo, han decidido seguir al pie de la letra la versión del fenómeno que pregona el Gobierno.

Para ellos, se trata de un mal trago que dentro de 45 días, cuando se deje de prestar atención a la turbulencia internacional, les permitirá volver a reclamar un aumento de salarios superior a 500 pesos.

Esa moderación retórica es la moneda de cambio para un paquete de conquistas corporativas allí donde más disfrutan: el manejo de las obras sociales, sus "cajas".

Hugo Moyano aclaró ayer que no bajará la bandera del aumento generalizado de 500 pesos porque "la defensa del salario nunca debe ser postergada" sino que "debe buscarse el momento oportuno".

Dijo que "para fin de año falta mucho". Mientras tanto, cada sindicato sigue presionando por salarios, en muchos casos (televisión, gas, mecánicos, docentes, colectiveros) con medidas de fuerza.

Moyano saca ventajas de la estrategia del oficialismo. Con tal de no dar malas noticias, la Casa Rosada presenta el derrumbe internacional como una hecatombe externa, que debe ser observada por un comité de seguimiento más parecido a un gabinete de astrónomos que a un equipo dispuesto a tomar medidas sobre la administración del país.

Los funcionarios siguen hablando del canje de deuda, aunque los 2500 millones de dólares que el Gobierno pensaba capturar ya no estén disponibles.

El jefe de Gabinete, Sergio Massa, organiza inspecciones al Indec -como si allí se fabricaran armas químicas- para demostrar que la inflación está bien calculada, cuando lo que habrá que controlar en adelante es la calidad de los índices de actividad, empleo y pobreza.

Hasta el Congreso se prepara para discutir un presupuesto que, elaborado con los viejos precios internacionales, parece una reliquia.

Esa actitud de los funcionarios no debe ser confundida con la de Moyano. Los ministros mantienen un discurso anacrónico para disimular la existencia de problemas, en una exhibición de ese optimismo ingenuo y paternalista que suelen cultivar los populismos.

Quien se desmarque de esa estrategia, como el canciller Jorge Taiana al tomar por una vez la iniciativa y promover una reunión de análisis en el seno del Mercosur, puede perder el empleo.

En cambio, la moderación de Moyano es táctica. No quiere aparecer como el responsable de los males por venir mientras la tapa de los diarios machaca con un huracán mundial. Pero se prepara para facturar esa colaboración con un inventario de ventajas para las obras sociales.

La semana pasada la cúpula de la CGT se reunió con Massa para acordar varias decisiones que aumentarán los ingresos de esas entidades y la participación de los gremios en su manejo. Massa se comprometió a gestionar la eliminación del impuesto al cheque para las obras sociales.

También admitió que debe existir un aumento de los aportes de los monotributistas. Y aseguró que va a estudiar una rebaja en las retenciones del Estado sobre los aportes al sistema.

Sin embargo, el tranquilizante más poderoso que Massa le proporcionó a Moyano es la Resolución N° 852, gestionada por el superintendente de Salud, Héctor Capaccioli. Con ella, la CGT renovó y amplió una "comisión consultiva" para manejar los recursos de las obras sociales, que presidirá Oscar Mangone (gas), secundado, entre otros, por Carlos West Ocampo (sanidad), Juan Zanola (bancarios) y Armando Cavalieri.

Massa está muy interesado en este aspecto de la gestión: aprovechó la designación de un colaborador de Graciela Ocaña como gerente general de la Superintendencia (Diego García de García Vilas), para destacar como gerente de Planificación a su amigo Gustavo Santero (curioso apellido para quien deberá tratar con gremialistas).

Ayer, en su debut, a Santero le fue mejor que a García Vilas, a quien el secretario administrativo de la Superintendencia, cuñado de Capaccioli, arrumbó en una ínfima oficina, aislada del resto, en el sexto piso de la entidad que debe controlar.

Por lo visto, la guerra continúa.

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