La nueva realidad del coronavirus: la semana que todo cambió en Estados Unidos

Una madre pasea junto a su bebé en el mall de Washington
Una madre pasea junto a su bebé en el mall de Washington Fuente: LA NACION - Crédito: Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz
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21 de marzo de 2020  • 19:23

WASHINGTON.- Cada primavera, más de un millón de personas llegan a Washington para ver los cerezos en flor en el mall. Es la época de mayor vida en la ciudad. Pero este año el pico de la floración cayó justo en la semana en la cual todo cambió, y Estados Unidos empezó a encerrarse.

"Usualmente no te podés mover, es codo contra codo. Pero ahora hay mucha menos gente", dijo Will, un joven de 35 años, mientras paseaba junto a su novia entre los cerezos, en la orilla de la Cuenca Tidal, con el monumento a Thomas Jefferson de postal de fondo. A su alrededor, muchas personas parecían ajenas a la psicosis desatada por el avance de la pandemia del nuevo coronavirus, pero otras ya usaban mascarillas, o guantes de látex.

En Washington, una capital con alma de pueblo, la vida se atenuó, aunque sin llegar a apagarse del todo. Al menos, por ahora. A diferencia de lo que ocurre en la Argentina o en Italia, la gente aún recorre parques, sale a correr o a andar en bicicleta. Así y todo, en las calles de muchas ciudades se palpan los cambios impuestos por la propagación del virus, que ya empujó a una de cada cinco personas en el país –más de 70 millones– a vivir más enclaustrados, luego de que California, Nueva York e Illinois tomarán la extraordinaria decisión de decirle a la gente que permaneciera en sus casas. A eso se sumó la orden de varios estados, y de ciudades y de compañías de cerrar negocios que no sean esenciales, y mandar a la gente a trabajar a su casa.

Al igual que en Italia, Francia o España, la cantidad de casos de Covid-19, la enfermedad que provoca el nuevo coronavirus, pegó un salto, luego de que la Casa Blanca y los gobiernos estatales comenzaron a apresurarse para ampliar los estudios y detectar a todas las personas contagiadas: hasta ayer, había 24.148 casos y 285 muertes, según el conteo de la Universidad Johns Hopkins. Una semana atrás, eran menos de 2000.

Una heladera de productos congelados en un supermercado, vacía y con un cártel que indica el racionamiento de las ventas.
Una heladera de productos congelados en un supermercado, vacía y con un cártel que indica el racionamiento de las ventas. Fuente: LA NACION - Crédito: Rafael Mathus Ruiz

El impacto de la pandemia quedó a la vista en la calle, los parques, los aeropuertos, las estaciones de trenes y de subtes, y en las terrazas de bares y restaurantes: en Washington, en el primer fin de semana de primavera del año, estaban vacías, con sillas y mesas apiladas y sombrillas cerradas, justo cuando debían comenzar a explotar de gente luego del frío y oscuro invierno boreal.

Una de las panaderías más populares de la ciudad, Seylou, donde suele haber una larga cola de clientes los sábados, tenía un nuevo cártel pegado en la entrada: "Una persona entra. Una persona sale. Por favor". Dos personas aguardaban afuera, a una distancia prudente. Adentro, el café estaba cerrado, y el bullicio había dado paso al silencio. The Dabney, uno de los restaurantes galardonados con una estrella por la guía Michelin, comenzó a ofrecer un menú de tres platos "para llevar", a US$ 45, para mantener el negocio en pie.

Los supermercados, las tiendas y las farmacias tuvieron que racionar algunos productos ante las compras desbordadas de los últimos días. En uno de los locales de Whole Foods, la cadena de alimentos orgánicos que Amazon compró hace dos años, aparecieron cárteles en las góndolas que muchos asocian con una economía "socialista": solo se permitía, por ejemplo, comprar cuatro paquetes de pasta, arroz o avena; ocho latas de porotos o sopas; dos unidades de manteca, huevos o leche. La heladera de productos congelados había quedado vacía, y el supermercado había cerrado su buffet de ensaladas y comidas calientes. También allí, muchas personas comenzaron a hacer sus compras con guantes de látex y mascarilla.

"Hay cola todas las mañanas, desde hace ya dos semanas", comentó Becaye, uno de los repositores, mientras limpiaba los carritos con desinfectante a la entrada del local.

Santiago Mendoza y Rachel Greene, ambos de 24 años, salían de hacer sus compras, ambos con guantes de látex blancos. "Se acabó el arroz", dijo Santiago, cuyos padres son chilenos. "Tiene sentido que limiten estas cosas, la gente termina comprando más de lo que necesita", razonó. Ambos trataban de acostumbrarse a una vida impensada hasta hace unos días. Empezaron a trabajar desde su casa, su vida social desapareció, y comenzaron a prepararse para una eventual cuarentena total, comprando más alimentos de lo normal para acopiar.

"Esto cambió como vivimos nuestra vida por completo", dijo Rachel. "Mi gran evento social de la semana fue salir a pasear ayer con una amiga y su perro por el mall. Había poca gente, pero más de la que esperaba", agregó. Santiago asintió, y dejó su impresión con un dejo de resignación: "Todos los bares están cerrados. No podemos ir al gimnasio. Así que prácticamente todo lo que solíamos hacer se esfumó"

A unos pocos metros de ese supermercado, una de las tiendas de la cadena de farmacias CVS solo vendía dos botellas pequeñas de alcohol en gel por persona. Un cártel sobre una pila de paquetes de toallas de papel ordenaba: "LÍMITE: 1", y explicaba que, debido a una "oferta limitada", solo se podía vender un artículo por cliente. Las farmacias también han experimentado una demanda atípica de cloroquina, un remedio recetado para la malaria y casos de artritis, luego de que el presidente, Donald Trump, sugiriera que puede ser un tratamiento efectivo contra Covid-19. Trump instruyó a la agencia encargada de regular los medicamentos que acelerara la aprobación del tratamiento, que aún debe atravesar todos los estudios científicos.

La primavera llegó con la sensación de que aún falta lo peor. Anthony Fauci, inmunólogo, integrante del task force de la Casa Blanca contra el coronavirus, quien se ganó la confianza del país con su estilo y candidez, lo dejó en claro cuándo le preguntaron, en una entrevista, cuánto tiempo deberá encerrarse el país. "Es la pregunta que se hace todo el mundo", reconoció Fauci. "No puedo ver que, de repente, la próxima semana o dos semanas a partir de ahora esto va a terminar. No creo que haya posibilidad de eso. Creo que serán varias semanas", respondió.

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