La ofensiva del régimen en el norte desata el mayor éxodo de la guerra siria

Unas 900.000 personas huyeron de las provincias de Idlib y Aleppo por los bombardeos lanzados contra los últimos bastiones rebeldes
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19 de febrero de 2020  

DAMASCO.- Decidido a terminar con los reductos rebeldes en el noroeste del país, el régimen sirio de Bashar al-Assad avanzó ayer en una campaña de bombardeos que la ONU denunció como un "horror" y que causó el mayor éxodo desde el comienzo de la guerra, con 900.000 personas en fuga.

Las rutas se veían inundadas, como sucede desde el 1º de enero, por un río de camiones y autos cargados de las cosas de quienes huyen de las regiones de Idlib y Aleppo a la frontera turca, obligados a dejar atrás sus hogares en ruinas.

La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, se dijo "horrorizada" por la violencia descontrolada en esas regiones en lucha y reclamó "corredores humanitarios" para facilitar el paso de los civiles, la mayoría mujeres y chicos.

"Familias enteras, algunas de las cuales cruzaron Siria de una punta a otra en la última década, se encuentran de forma trágica con que las bombas son parte de su vida diaria", lamentó la expresidenta chilena en un comunicado, donde se preguntó "cómo alguien puede justificar este tipo de ataques indiscriminados e inhumanos".

Su oficina confirmó que al menos diez instalaciones médicas y 19 centros educativos se vieron afectados directa o indirectamente por el conflicto en el noroeste. Los ataques también alcanzaron los campos improvisados para los desplazados internos, lo que reduce la posibilidad de estar a salvo en cualquier punto de la región.

"Los civiles que escapan de los combates están siendo encajonados en áreas sin un refugio seguro, áreas que se reducen cada hora. Y siguen siendo bombardeados. Simplemente no tienen adónde ir", insistió Bachelet.

La guerra en Siria se desencadenó en 2011 por la represión de manifestaciones pacíficas, pero se hizo más compleja con la progresiva intervención de actores regionales e internacionales, además de numerosos grupos jihadistas. Estos grupos están en retroceso y parecen tambalear por la actual ofensiva del gobierno, que según las agencias humanitarias no repara en daños colaterales.

La ONU registró 299 muertes de civiles desde el 1º de enero, alrededor del 93% causadas por el gobierno sirio y sus aliados, además de los 900.000 desplazados.

"La violencia en el noroeste de Siria es ciega. Centros de salud, escuelas, zonas residenciales, mezquitas y mercados son atacados", denunció el secretario general adjunto para Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock.

Los civiles en fuga "están traumatizados y obligados a dormir al aire libre con temperaturas glaciales, porque los campos de refugiados están llenos. Las madres queman plástico para calentar a sus hijos. Bebés y chicos más pequeños mueren a causa del frío", lamentó el alto funcionario.

Las familias más afortunadas encuentran un lugar en los campos de refugiados informales, donde se amontonan decenas de miles de personas. Las otras pasan la noche en sus vehículos o montan una carpa improvisada en medio de los campamentos.

El régimen advirtió que no detendrá su ofensiva luego de que sus fuerzas, ayudadas por Rusia, Irán y el Hezbollah libanés, recuperaron el control del 70% del territorio en disputa. En una aparición en la televisión nacional, Al-Assad dijo anteayer que los avances militares presagian la derrota de los insurgentes tras una guerra de nueve años, aunque podría faltar tiempo para el final del conflicto. "La batalla por la liberación de las provincias de Aleppo y de Idlib continúa", declaró.

Las fuerzas del gobierno concentraban ayer sus operaciones en el oeste de la provincia de Aleppo, dijo el director del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), Rami Abdel Rahman. "Intentan avanzar en dirección a la montaña Sheikh Barakat", que domina vastas regiones en el oeste de Aleppo y el norte de Idlib, señaló. Cazas sirios y rusos continuaban con la ofensiva contra el pueblo de Darat Izza, un día después de que dos hospitales fueron gravemente dañados.

Y mientras muchos huyen de las zonas en combate, en otros sectores de la provincia decenas de familias comienzan a dirigirse a la ciudad de Aleppo y a los pueblos reconquistados por el gobierno. En ambos sentidos, los vehículos se agolpan en una ruta rodeada de escombros y edificios destruidos por los bombardeos. Las calles y veredas muestran cráteres dejados por los impactos de obuses.

Afianzado el dominio en los alrededores, el régimen anunció que a partir de hoy volverá a operar el aeropuerto. El primer vuelo será directo a Damasco, y están programados otros hacia El Cairo.

Aleppo se convirtió en escenario de la guerra siria en el verano de 2012 y las fuerzas del régimen retomaron el control cuatro años después a un altísimo costo de vidas e infraestructura.

En las afueras de la ciudad, los carteles que siguen en pie datan de una época en la que el país no estaba dividido por la guerra. Como un símbolo de esa división, las señales indican la dirección hacia las ciudades de Damasco y Hasake, controladas por el régimen, pero también Afrin y Aazaz, dominadas por los rebeldes.

Agencias AFP, AP y ANSA

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