La oposición busca capitalizar en la calle la efervescencia social en Venezuela

Guaidó, ayer, en la sesión de la Asamblea Nacional, en Caracas
Guaidó, ayer, en la sesión de la Asamblea Nacional, en Caracas Crédito: Federico Parra
Sus dirigentes prevén que miles de personas se sumarán a la movilización de hoy en rechazo del gobierno de Maduro; crece el clima de convulsión en barrios populares; habrá una contramarcha
Daniel Lozano
(0)
23 de enero de 2019  

CARACAS.- Cuando en el primer "cabildo abierto" celebrado en Caracas se reunieron el 11 de enero 4500 personas en torno a los diputados que le plantaron cara al presidente Nicolás Maduro , los opositores más optimistas -llevados por el entusiasmo- se trazaron un objetivo casi imposible: reunir el 23-E a medio millón de "protestantes" en Venezuela . Casi un sueño.

Hoy las previsiones son incluso mayores, a pesar de que la diáspora arrastró a cuatro millones de personas fuera del país, entre ellas, una buena parte de los jóvenes que salieron a las calles en 2017 en rechazo del gobierno chavista.

Así lo adelanta la encuesta exprés realizada por Hercón, que concluye que el 70,1% de los venezolanos está dispuesto a participar en la convocatoria de hoy, frente al 16,8% que muestra su rechazo. Así se siente en las calles, en las que ayer reinaba una expectativa nerviosa ante un nuevo hito histórico, como lo definió la Conferencia Episcopal.

¿Qué pasó en el país petrolero durante este enero vertiginoso? Venezuela dio un milagroso giro sobre sí misma en menos de tres semanas, apoyada en la presión internacional, el nuevo liderazgo en la Asamblea Nacional, los errores de cálculo del chavismo al subestimar el rechazo a la jura de Maduro y el deterioro de la vida diaria, que avanza tan rápido como un tren de alta velocidad. El pésimo estado de las vías socioeconómicas del país eleva las posibilidades de un descarrilamiento de consecuencias desconocidas.

La pulseada callejera convocada para hoy por la Asamblea Nacional, en forma de marchas en todos los estados del país, se quiere convertir en un clamor nacional con un solo grito entonado con distintas palabras: "¡Fuera, Maduro!". La oposición, fragmentada y desprestigiada en diciembre, renació este mes gracias al empuje de Juan Guaidó, jefe del Parlamento, que se amparó en una ambigüedad táctica para ensamblar temporalmente a los distintos grupos antichavistas. El discípulo del preso político Leopoldo López encarna una figura fresca y de discurso directo, que pese al cerco de la censura desplegó su discurso en diferentes estratos sociales.

Empuje no le falta. El Parlamento que lidera asumió ayer su primera competencia gubernamental al nombrar su propio embajador para la Organización de los Estados Americanos (OEA) y solicitar que se retire la orden de abandono del organismo impuesta por el chavismo.

En un recorrido por varias zonas de la capital, LA NACION comprobó ayer que un buen número de comercios y empresas están decididos a mantener cerrados sus locales para unirse a la gran concentración, que en Caracas partirá de 10 puntos para confluir en una plaza del este de la ciudad.

El mismo clamor que se escucha a todas horas en sus calles y que se adelantó anteayer en 30 barrios populares de la Gran Caracas. Uno de los puntos iniciales de la concentración de hoy es Cotiza, en homenaje al barrio popular que con tanta fiereza protestó en respaldo de los 27 guardias nacionales sublevados en su cuartel.

Cacerolazos y barricadas se desplegaron en antiguas zonas chavistas, incluso en el 23 de Enero, bastión revolucionario. Entre sus edificios y sus calles en subida reinan los temidos colectivos paramilitares, una de las herramientas que la revolución usa para reprimir las protestas a tiro limpio.

Cacerolazos y barricadas se desplegaron en antiguas zonas chavistas, incluso en el 23 de Enero, bastión revolucionario. Entre sus edificios y sus calles en subida reinan los temidos colectivos paramilitares
Cacerolazos y barricadas se desplegaron en antiguas zonas chavistas, incluso en el 23 de Enero, bastión revolucionario. Entre sus edificios y sus calles en subida reinan los temidos colectivos paramilitares Fuente: AFP - Crédito: Yuri Cortez

La Iglesia Católica, Estados Unidos y el chavismo disidente se sumaron ayer con fuerza al desafío del Parlamento. "Es un pecado que clama al cielo querer mantener a toda costa el poder y pretender prolongar el fracaso e ineficiencia de estas últimas décadas", acusó la Conferencia Episcopal, que también exhortó a los militares para que hoy protejan a los manifestantes.

"Estamos con usted y nos quedaremos con usted hasta que se restaure la democracia", subrayó, por su parte, el vicepresidente norteamericano, Mike Pence.

"Maduro y sus secuaces están débiles y temerosos por la creciente presión que todos estamos ejerciendo sobre ellos, este es el momento de ser una sola fuerza", culminó desde el exilio la fiscal rebelde venezolana Luisa Ortega.

La presunta debilidad del gobierno contrastó con los preparativos para su contramarcha de hoy, en la que moverán a miles de sus empleados públicos. También con sus acciones de fuerza, que fueron desde la detención de los presuntos culpables del incendio de la casa-homenaje del diputado asesinado Robert Serra ("tropas de Pence", según el vicepresidente Jorge Rodríguez) hasta la acusación contra Voluntad Popular por "promover" la sublevación militar de Cotiza con el objetivo final de atacar el Palacio de Miraflores.

Más allá del habitual guion revolucionario en tiempos de crisis, Guaidó puntualizó en su mensaje al país cuál es su reclamo a los militares: "No te pedimos un golpe de Estado, te estamos pidiendo que no nos dispares".

La oposición cuenta con una aliado de mucho peso para su protesta de hoy: los bolsillos de los ciudadanos, pulverizados pese a la última suba del salario mínimo (de 4500 bolívares soberanos a 18.000). Es una de las principales banderas que Maduro esgrimió en su discurso ante el país y que no pudo ondear ni un solo día ante la arremetida de la hiperinflación, de tal magnitud que una familia de cinco miembros necesita 900 dólares al mes para comprar su canasta básica. Al cambio actual, el salario mínimo navega en torno a los siete dólares. Cifras que conforman, más allá de los números, buena parte del lamento nacional y que dejan a Maduro sin respuestas ante el incierto futuro.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.