La OTAN prefirió no celebrar en Kosovo

Los jefes militares aliados anularon una visita a Mitrovica; Milosevic cortó la ayuda a los serbios de la provincia.
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25 de marzo de 2000  

MITROVICA.- Con excusas "logísticas", el secretario general de la OTAN, George Robertson, y su jefe militar, el general Wesley Clark, faltaron a su propia cita y no conmemoraron en Mitrovica, como habían anunciado, el primer aniversario de la guerra en que la alianza quitó a Yugoslavia el control sobre Kosovo en esta ciudad dividida entre serbios y albaneses.

"Había poco tiempo" y muchos "problemas logísticos", se excusó Robertson por la tarde, en una conferencia de prensa en Pristina. Cuando los periodistas insistieron, aclaró: "Esto son los Balcanes, ustedes saben como es (para moverse). Pero no tiene mayor significado".

Robertson y Clark evitaron lo que la comunidad serbia hubiera visto como una provocación, pero se perdieron de celebrar una inesperada victoria política: esa comunidad rompió ayer públicamente con el gobierno de Slobodan Milosevic, luego que éste -según reveló el líder local Oliver Ivanovic a La Nación - cortó todo envío de víveres o ayuda de Serbia a Kosovo.

"Desde hace unos pocos días, nadie puede importar nada desde Serbia, salvo para la reconstrucción -relató Ivanovic, en la sede del Consejo Nacional Serbio de Mitrovica, que encabeza-. Creo que pretenden tener más influencia sobre esta región. Ellos no se preocupan por nosotros. Sólo quieren el fracaso de las Naciones Unidas en Kosovo: buscan que nos enojemos o que nos volvamos a Serbia".

La orden de Milosevic, no publicitada, pero practicada en los hechos, según Ivanovic, parece destinada a someter a éste y los demás líderes de esta comunidad, que acababan de tener un altercado a golpes con dirigentes del Partido Socialista Serbio por la línea por seguir en Kosovo.

La mitad norte de Mitrovica, donde viven unos 17.000 serbios, es el último enclave importante de esa etnia en la provincia desde que entró la OTAN y los albano-kosovares, de regreso de los campos de refugiados en Macedonia y Albania, los persiguieron o mataron en venganza.

Resistir

Más de 200.000 serbios se refugiaron en Serbia o Montenegro, pero un grupo de 20 a 30 personas -cuenta Ivanovic- decidió resistir en la zona norte que va de Mitrovica a la frontera con Serbia, a costa de incidentes armados con la mayoría albanesa y con las tropas de la OTAN.

Convocado por ellos como líder porque era popular como cinturón negro de karate y hombre carismático e inteligente, Ivanovic había cabalgado hasta ahora entre el alineamiento con Belgrado y un diálogo en términos de fuerza con las Naciones Unidas y la OTAN.

Apenas una semana atrás, en una entrevista con La Nación , había defendido la no participación en las instituciones de Kosovo y se había diferenciado del arzobispo Artemije, quien, desde la ciudad kosovar de Gracanica, ha criticado a Milosevic y llamado a una reconciliación con los albaneses.

Aún sin reconciliación, Ivanovic afirma ahora que el partido de Milosevic "ha perdido toda su influencia" en su comunidad y que el grupo que organizó la resistencia en Mitrovica respondía más al Partido Democrático de Zoran Djindjic, un decidido opositor al líder yugoslavo.

Según denunció, las autoridades yugoslavas han colocado una aduana en el borde con Kosovo -formalmente, parte de su territorio- e impiden el ingreso de víveres y mercancías que no sean para estricto uso personal. "Ni siquiera se puede traer un kilo de queso", dijo.

Ivanovic asegura que no ha mantenido más contactos con las autoridades yugoslavas y que incluso intentó convencerlos de que permitieran a jueces serbios participar en el sistema de justicia multiétnico que impulsa Naciones Unidas en Kosovo, pero que recibió negativas.

"Puedo decir que ahora somos más independientes que ligados a Belgrado", se definió. Inclusive, dice que la idea de sonar la sirena por la noche, como protesta por el aniversario de la guerra, no ha sido organizada por el Consejo, sino que es, al igual que otras expresiones de disgusto, "de carácter individual".

Pero, ¿qué significa la independencia sin ayuda? En el bar Dolce Vita, donde se reúnen los jóvenes guardias serbios que vigilan, walkie-talkie en mano, los puentes que los divide de la parte albanesa, se coincide en que todavía hay víveres en la parte norte de la ciudad, pero después no saben qué harán. Al lado, la gente hace la fila para recibir el pan de cada día.

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