La paradoja de Colombia

Mariano Grondona
Mariano Grondona LA NACION
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26 de octubre de 2000  

La guerra es el conflicto mediante el cual un Estado procura imponer su voluntad a otro con la ayuda del uso de la fuerza. Muchas veces la guerra comienza con una declaración de guerra. Pero a veces las guerras ocurren aunque no se declaren. La Guerra de las Malvinas, de 1982, fue una guerra no declarada.

Los Estados hacen la guerra sin declararla cuando quieren localizarla dentro de un espacio determinado. La guerra de 1982 entre la Argentina y el Reino Unido no sólo fue una guerra no declarada, sino también una guerra limitada a las islas Malvinas y al espacio que las rodea. En casos como éste tiene sentido no declarar la guerra. De haberla declarado, la Argentina y el Reino Unido habrían podido guerrear entre ellas tanto en el territorio argentino como en el territorio británico y en alta mar. No habrían librado una guerra limitada, sino una guerra general.

En la guerra internacional, es raro que un Estado pretenda la desaparición del Estado enemigo. Lo que habitualmente quiere es arrancarle alguna concesión fundamental. Lograda ésta, lo deja subsistir. Después de la Segunda Guerra Mundial, de 1939-1945, Alemania y Japón no desaparecieron, pero tuvieron que ajustarse a la voluntad de los Estados vencedores.

En la guerra civil, dos Estados usan la fuerza no ya desde naciones diferentes sino dentro de una misma nación. La guerra internacional es relativa, porque ninguno de los contendientes necesita que el otro desaparezca. La guerra civil es absoluta porque alguno de los Estados que la libran deberá desaparecer, ya que ambos pretenden el mismo territorio. Sólo uno de los Estados en conflicto, ya fuera la república de los "rojos" o lo que terminó siendo el Estado que tuvo por décadas a Franco como dictador, podía subsistir al final de la Guerra Civil española, de 1936-1939.

La guerra y la paz

Cuando alguno de los Estados en guerra impone su voluntad al Estado enemigo, sobreviene la paz. Si la guerra había sido declarada, se declara la paz.

En todos los casos mencionados, una perfecta simetría gobernó la conducta de los contendientes. Tanto en las Malvinas como en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Civil española, cuando hubo guerra y ya fuera ella limitada, general o civil, no hubo contendiente que se sintiera en paz. Pero cuando terminó la guerra, no hubo contendiente que, vencedor o vencido, no se sintiera en paz.

¿Puede darse la paradoja, la asimetría, de que los contendientes, mientras dicen sentirse en paz, hagan la guerra? Sí: su nombre es Colombia.

Engañar o engañarse

La democracia colombiana y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) son dos Estados en guerra. Como su guerra es civil, sólo uno de ellos subsistirá. Pero, mientras se causan uno al otro bajas crecientes, los dos Estados colombianos dicen estar involucrados en lo que ambos llaman "el proceso de paz".

¿Cómo entenderlo? En el punto 18 de El arte de la guerra, el chino Sun Tzû, que se anticipó en el siglo V antes de Cristo a Maquiavelo, hace este afirmación: "Toda guerra está basada en el engaño".

Sun Tzû aprobaría tanto la conducta del Estado democrático colombiano que preside Andrés Pastrana como la conducta de las FARC, que lidera Tirofijo, si ambos "supieran" que están en guerra aunque declaren la paz, porque ambos estarían tratando de emplear una táctica engañosa para confundir al adversario.

Esto es así en el caso de las FARC. Monolíticamente alineadas detrás de su jefe militar, las FARC envían emisarios a todo el mundo para declarar su intención de paz. Mientras hacen la guerra, tratan de engañar.

Pero Pastrana, ¿sabe que está haciendo la guerra? Si lo sabe, ¿por qué les concedió a las FARC un territorio soberano dentro de Colombia? ¿No será que la democracia colombiana, en vez de tratar de engañar con falsas intenciones de paz, en realidad "se" engaña? Si en vez de engañar se engaña, va camino a la derrota.

La única esperanza que queda es que la democracia colombiana finja engañarse para poder lanzar un día con buena conciencia la guerra abierta contra las FARC diciendo a propios y extraños: "Les dimos una larga oportunidad de paz, pero la rechazaron; ya no nos queda sino hacer la guerra que queríamos evitar". Si el Estado democrático colombiano aspira a la victoria, ese día no puede estar demasiado lejano.

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