La región se moviliza cada vez más para enfrentar la ola migratoria venezolana

Tras cruzar desde Venezuela, los inmigrantes se encuentran en Cúcuta con cientos de militares colombianos
Tras cruzar desde Venezuela, los inmigrantes se encuentran en Cúcuta con cientos de militares colombianos Fuente: Reuters - Crédito: Cárlos Ramírez
El creciente fenómeno llevó a algunos gobiernos a facilitar las residencias y los permisos de permanencia, mientras que países vecinos refuerzan sus fronteras
Daniel Lozano
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17 de febrero de 2018  

CÚCUTA, Colombia.- Ante un fenómeno que no para de crecer, América Latina se moviliza cada vez más para afrontar la crisis humanitaria que ya arrojó a cuatro millones de venezolanos de su país. La mayoría de los gobiernos decidió apostar por una doble vía: por un lado, confrontar diplomáticamente a Nicolás Maduro, al adelantar que no reconocerán al ganador de las elecciones del 22 de abril; y, por otro, tender la mano, más o menos abierta, a los emigrantes que huyen de la mayor crisis económica, social y política de sus 200 años como nación independiente.

Las últimas medidas del gobierno argentino, que facilitan el permiso de residencia para los venezolanos y que posibilitan la convalidación de sus estudios (ver aparte), se sumaron a las puertas abiertas por el presidente Pedro Pablo Kuczynski en Perú, el país que de forma más firme y ejemplar apoya a los emigrantes.

Los venezolanos pueden tramitar en Perú el Permiso Temporal de Permanencia hasta el 30 de junio de este año, para unirse a los 30.000 que ya cuentan con un estatus favorable, ya sean los 25.000 con este permiso y los 5000 residentes. La Superintendencia Nacional de Migraciones informó ayer que son 80.000 los venezolanos que llegaron en calidad de turistas que se ven beneficiados por la ampliación de los plazos.

Mientras tanto, el destino de Lima es el más cotizado entre los miles de venezolanos que cruzan la frontera por Cúcuta, ya sea en un viaje directo o a través de Colombia y Ecuador.

"Son medidas positivas que contribuirán a que miles de venezolanos puedan llegar o vivir en mejores condiciones, con una situación regular y formal, lo que a su vez contribuirá al desarrollo económico de esos países. La mayoría de la migración venezolana son personas calificadas, capaces de ingresar a la fuerza laboral con facilidad y, en consecuencia, contribuir. Asimismo, hay muchos jóvenes que también llegan a estudiar, lo que genera en algunos casos ingresos a las universidades, pero a la vez enriquecen el debate académico", señala desde Washington el internacionalista Mariano de Alba.

A los ingenieros, estudiantes y contadores venezolanos llegados hasta Chile en los últimos años se les sumó un ejército de jóvenes, en su mayoría, que pese a los 7000 kilómetros que separan Santiago de Caracas otean la esperanza en su legislación y en los permisos especiales de trabajo mientras se solicita la visa de residencia. "Estoy trabajando como guachimán [guardia] los fines de semana. Me pagan 150 dólares, mucho más de lo que ganaría trabajando duro muchos meses en Caracas", explica Eduardo Ruiz, de 28 años, uno de los trabajadores públicos despedidos por no votar en las elecciones a la Asamblea Constituyente.

A pesar de la mano tendida, la presión migratoria obligó a Colombia, Brasil y Panamá a tomar medidas restrictivas. El gobierno de Bogotá pretende ordenar el actual aluvión que traspasa sus fronteras, a sabiendas de que luego de las elecciones de abril y con el previsible triunfo de Maduro se convertirá en una estampida. En el país vecino ya viven 600.000 venezolanos de forma legal, pero las asociaciones de emigrantes disparan esas cifras hasta el millón. Hace tres días, el presidente Juan Manuel Santos pidió ayuda internacional para atender la emergencia.

Brasil también militarizó su frontera, aunque mantiene programas de ayuda para los venezolanos. Más controvertida es la política de Panamá, que durante años recibió una ola de profesionales que encontró fácil acomodo en el país centroamericano. Ahora, esa puerta se cerró en buena parte. Incluso un vocero del gobierno insistió en que ya solo querían turistas venezolanos.

"Percibo un déficit en la ayuda a los emigrantes que llegan en condiciones económicas precarias. Idealmente los países deberían hacer un esfuerzo para atender a esas personas y ver cómo los insertan en la economía, pero los recursos son limitados y políticamente la migración es un tema delicado, especialmente si los ciudadanos de esos países comienzan a perder en cantidades considerables oportunidades de empleo", añade De Alba.

Mientras tanto, el gobierno venezolano se niega a reconocer la evidencia. Maduro denunció anteayer que "laboratorios mediáticos" aumentan las cifras de migración. "Hay grupos de venezolanos afectados por esta campaña. Algunos se han visto tentados a salir del país. Es su derecho, su libertad y se fueron a otros destinos", dijo. Escenificó unas supuestas conversaciones con opositores que emigraron a Madrid, Bogotá y Panamá y que terminaron por regresar porque "Venezuela es un país inigualable", tras sufrir los impuestos españoles, las campañas de la prensa opositora en Panamá y la xenofobia en Colombia.

Maduro pretende demostrar que son pocos miles los que huyeron de Venezuela recurriendo al registro electoral en el exterior, que permanecerá abierto hasta el 25 próximo. Lo que no contó el presidente es que el Consejo Nacional Electoral exige la documentación en regla en los países de acogida para ser registrados como votantes, una práctica que vulnera sus derechos políticos y con la que se pretende reducir al mínimo el voto de la diáspora.

Las estadísticas aportadas por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) también desmienten el guion revolucionario: más de 100.000 venezolanos ya solicitaron asilo en el extranjero, lo que unido a los cientos de miles que escapan sin mayores pretensiones que las de sobrevivir acercan la crisis migratoria venezolana a la siria o a la minoría rohingya, que escapa de Myanmar a Bangladesh, publicó The Wall Street Journal.

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