El informe que le cambió la cara a Israel

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
Por Emilio J. Cárdenas Especial para lanacion.com
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5 de abril de 2011  • 08:33

Hace algunos meses, el ex Juez de la Suprema Corte de Sudáfrica y ex fiscal del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, Richard Goldstone, recibió el delicado encargo por parte del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de presidir una misión de expertos encargada de investigar -en el terreno- lo sucedido en las tres semanas en las que Israel llevara a cabo la llamada "Operación Plomo Fundido", en la Franja de Gaza, en el 2008-2009. Las duras acciones militares israelíes, recordemos, se pusieron en marcha como respuesta a las agresiones con disparos indiscriminados de cohetes contra el interior de Israel que -poniendo en riesgo la vida de civiles inocentes- provenían de Gaza. Esos disparos eran atribuidos a los milicianos de Hamas, pertrechados por Irán. Como resultado, la misión Goldstone produjo un largo informe pormenorizado -de unas 500 páginas- conocido desde entonces como el "Informe Goldstone", puntualizando distintas violaciones al derecho internacional humanitario.

El gravísimo contenido del "Informe Goldstone" fue particularmente duro para las Fuerzas Armadas de Israel, a las que se acusó puntualmente de haber cometido crímenes de guerra, esto es delitos de lesa humanidad en el transcurso del conflicto armado investigado. Además, el "Informe Goldstone", es cierto, confirmó que los disparos indiscriminados de cientos de cohetes contra civiles inocentes israelíes, realizados desde el interior de Gaza por los milicianos de Hamas, constituían también crímenes de guerra. En el conflicto en cuestión, recordemos, murieron 1100 palestinos, incluyendo civiles inocentes y 13 israelíes, tres de los cuales fueron también civiles inocentes.

El daño a la imagen de Israel producido por el "Informe Goldstone" fue inmediato. Y, para algunos, devastador. Particularmente en el ámbito de las Naciones Unidas. Muchos creyeron, equivocadamente, que su contenido transformaba a Israel en una suerte de "estado paria" y violador insensible del derecho internacional humanitario. Tanto fue así, que algunos altos funcionarios israelíes debieron, luego de conocido el Informe, viajar al exterior con identidades distintas a las reales, para evitar ser objeto de protestas o de eventuales procesos o hasta arrestos. Entre ellos, el propio General Avi Benayahu, vocero oficial del ejército de Israel.

Inesperadamente, el viernes pasado, Richard Goldstone publicó una clara retractación del contenido y conclusiones de su Informe, esta vez desde las páginas del Washington Post. Allí admitió inequívocamente que, con la información de que hoy dispone, está ahora seguro que el daño producido a civiles inocentes palestinos por las acciones militares israelíes no fue intencional. Ya no menciona siquiera lo que antes calificó de "uso desproporcionado" de la fuerza. Y aprovecha para confirmar algo para muchos obvio: esto es que el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, cuyo encargo en su momento aceptara, tiene prejuicios claros contra Israel.

Si bien la retractación seguramente no ha sido nada fácil para Goldstone, que ahora procura corregir lo que admite fueron falsedades y equivocaciones, su conducta previa parece imperdonable. Porque un hombre de la experiencia, conocimientos y responsabilidad de Goldstone debió haberse cuidado de incurrir en errores generados por apresuramientos, esto es haber procurado informarse mucho mejor. A pesar de la "falta de cooperación" que dice haber experimentado al tiempo de preparar su Informe. Lo cierto es que su credibilidad ha sido dañada. Más allá del coraje implícito en la reciente retractación.

El propio Primer Ministro de Israel, Bejamín Netanyahu, al conocer la repentina confesión de Goldstone, ha pedido ahora a las Naciones Unidas que repudie formalmente el "Informe Goldstone" que, dijo: "Debería terminar en la papelera de la historia". Lo que parecería evidente. La Autoridad Palestina y los dirigentes de Hamas, por su parte, se lamentaron amargamente del indulto -tardío- que Richard Goldstone hace ahora respecto de Israel.

Pese a su admitida falta de entidad, el "Informe Goldstone" tiene, al menos, una utilidad indirecta, no despreciable: la de recordar a todos -ejércitos regulares y milicianos por igual- la necesidad de preservar a los civiles inocentes en los conflictos armados, sean ellos internos o internacionales. Porque atentar contra ellos constituye -desde hace décadas- una violación del derecho internacional humanitario que configura un crimen de guerra -o sea, un delito de lesa humanidad cometido en el transcurso de esos conflictos- imperdonable e imprescriptible.

(*) El autor es ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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