La suba del petróleo cambia hábitos cotidianos en EE.UU.

La gente reduce gastos y evita salidas
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28 de agosto de 2005  

NUEVA YORK.– Laura Kimmel jamás soñó en convertirse en experta en transacciones bursátiles, pero para esta ama de casa del barrio de Queens los últimos meses parecen haber sido toda una maestría en cómo las finanzas del petróleo golpean su bolsillo.

Como muchos norteamericanos, Kimmel tuvo que ajustar gastos y modificar hábitos cotidianos a raíz del alza del precio del crudo, que alcanzó esta semana la cifra récord de 68 dólares el barril.

“Ya no salgo de casa sin mirar a cuánto está cotizando”, afirmó a LA NACION mientras recogía a sus dos hijos de la guardería del gimnasio. “Me volví adicta al sitio de Internet www.gaspricewatch.com , que me indica cuáles son las estaciones de servicio cercanas que venden nafta a mejor precio y sigo todos los consejos que dan los diarios y la televisión para economizar combustible”, apuntó orgullosa.

No es para menos. Kimmel, de 36 años, maneja una camioneta todoterreno Isuzu Rodeo Sport que, según ella, le consume más de 60 dólares por semana ahora que el precio promedio de la nafta está a 0,80 dólares por litro. “Tuve que buscar alternativas en mi vida diaria porque si sigue aumentando el precio del combustible, el presupuesto de mi marido no va a soportarlo", confesó esta ex enfermera que vive en una casa en el distrito de Kew Gardens, Queens, en los suburbios de Nueva York, con su esposo, Tim, dueño de una ferretería, y sus dos hijos, Samantha, de 5 años, y Nick, de 4.

Como la mayoría de los norteamericanos de clase media, los Kimmel han tenido que reducir drásticamente sus gastos este verano. No más compras innecesarias; helados, papas fritas, cosméticos, cigarrillos y revistas del espectáculo entran en esa categoría, acordó la pareja. Ahora van a cenar menos afuera y alquilan más DVD en vez de ir al cine del centro comercial. Laura incluso comenzó a hacer las compras diarias de comida en una bicicleta vieja que rescató del garaje, y va al supermercado del shopping una vez por mes, con toda la familia, y aprovechan para adquirir todas las otras cosas que puedan necesitar.

"Así reducimos viajes", explicó, y agregó que las visitas a Manhattan las hacen ahora en subte; ya no se pueden dar el lujo de llevar su camioneta, pagar los exorbitantes costos de estacionamiento y encima cargar nafta en estaciones de servicio que pueden llegar a cobrar 80 centavos de dólar el litro.

Como sucedió durante la crisis petrolera de la década del 70, muchos estadounidenses han comenzado a modificar su estilo de vida para lidiar con los altos precios del combustible. Los cambios se notan tanto en zonas rurales como en los suburbios o en el corazón de las grandes ciudades.

En Nueva York, Chicago, Boston y San Francisco, por ejemplo, las autoridades señalan un aumento considerable de los usuarios de medios de transporte público. En Los Angeles y Miami, en tanto, creció el número de personas que hacen pool para ir a la oficina y quienes usan los carriles exclusivos para autos con más de una persona en las autopistas de California.

Varias empresas, en tanto, lanzaron planes para promover los sistemas de transportes públicos o el uso compartido de autos para trasladarse a las oficinas o fábricas. Las compañías de alta tecnología Intel, Cisco Systems y Sun Microsystems, por ejemplo, les pagan un extra que va desde los 30 hasta los 100 dólares por mes a sus empleados para que usen esas opciones. Honda Motor organiza almuerzos gratuitos entre trabajadores que viven en una zona con el mismo código postal para que se establezcan grupos para hacer pools diarios para ir a las fábricas.

Autos compartidos

En las grandes ciudades, en tanto, está creciendo rápidamente la cifra de quienes prefieren utilizar los nuevos servicios de autos compartidos en vez de comprar un vehículo propio. Flexcar, Zipcar y City CarShare, que operan en unas 20 ciudades, son tres de las compañías que más han aumentado el número de sus socios. Con el pago de una matrícula anual de unos 40 dólares, más unos 8 dólares por hora de utilización, o 65 por día, se aseguran un auto disponible en su barrio para usar cuando quieran, después de hacer una reserva a través de Internet.

"Son pocas las veces que estando en la ciudad necesito usar el auto, me manejo más en trasporte público, pero cuando lo necesito, hago la reserva online, lo uso y no tengo que pagar ni nafta ni estacionamiento", explicó a LA NACION Michael Sisto, de 47 años, uno de los 30.000 socios de Zipcar en Boston, que suele gastar unos 200 dólares al mes en este original servicio, más o menos lo que gastaba al mes antes solamente en estacionamiento.

Además de la bicicleta, otra de las alternativas que se han vuelto muy populares es la motoneta. Por donde quiera que se vaya en Estados Unidos, ahora se ven Vespa al estilo europeo. En lo que va del año, las ventas de esos modelos económicos se duplicaron con respecto a 2004, según datos del Consejo de la Industria Motociclista.

Aunque todavía son más caros que los autos normales, los vehículos híbridos -que funcionan gracias a motores de combustible y electricidad- también repuntaron en sus ventas, y se espera que ahora que el gobierno comenzó a ofrecer créditos impositivos para quienes compren estos autos, aumenten aún más.

Lo cierto es que el impacto de todos estos cambios en los hábitos de vida y gastos de los estadounidenses ya se siente en la economía, lo que para muchos analistas hace temer el inicio de una recesión. De hecho, cada uno de los períodos recesivos de las últimas cuatro décadas -1973, 1980, 1981, 1990, 2001- fue precedido por un alza en los precios del petróleo y de la nafta.

La última semana fue la tercera consecutiva en que las ventas de las grandes cadenas de tiendas en el país descendieron, con lo que la caída ya suma un 2%, según un estudio del Consejo Internacional de Centros Comerciales. Las compañías fabricantes de autos vieron caer sus ventas en los últimos meses entre un 10 y un 15% en general y con una caída de más del 20% en las ventas de vehículos todoterreno, los mayores consumidores de combustible.

Y otra de las grandes víctimas del aumento de la nafta ha sido Hollywood, meca del cine, que este verano tuvo uno de las peores temporadas que se recuerden, más allá de la cuestionable calidad de las películas. Como la gente está yendo menos a los cines en los shoppings, la recaudación total de la taquilla cayó un 7,3% en lo que va del año y la asistencia de la gente al cine, un 10%.

Como los Kimmel, muchos prefieren ahora alquilar un DVD y verlo en su casa.

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