La teoría favorece al vicepresidente

Según especialistas que predicen resultados electorales con fórmulas matemáticas
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29 de octubre de 2000  

WASHINGTON.- En teoría, Al Gore debe ganar las elecciones del 7 de noviembre. El fallo de los estudiosos que trabajan con fórmulas matemáticas para predecir el resultado de las elecciones es unánime: Gore tiene que ser el próximo presidente de los Estados Unidos.

Las fórmulas indican que el candidato oficialista siempre se impone cuando el presidente de su mismo partido tiene un alto índice de aprobación y la gente está contenta con la situación económica del país.

El 68 por ciento de la opinión pública cree que la gestión de Bill Clinton es un éxito, según la última medición de Gallup para la cadena CNN, y la economía atraviesa por un boom sin precedente en la historia.

Como los demócratas ya llevan más de ocho años en el gobierno, a Gore se aplica un descuento porque el votante suele buscar un cambio después de dos mandatos. Pero, aun después del descuento, el vicepresidente tendría que imponerse sobre el candidato republicano, George W. Bush, según todas las fórmulas matemáticas, que le calculan entre el 53 y el 60 por ciento de los votos.

Los temas que según todas las encuestas le preocupan a la enorme mayoría del electorado son parte de la agenda tradicional del Partido Demócrata: la educación, la salud y el sistema de seguridad social, prioridades de la opinión pública.

En esos temas, Gore le saca mucha ventaja a Bush. Parece, además, un político mejor preparado, por su experiencia y conocimiento de los detalles, que el gobernador de Texas.

Los norteamericanos suelen confiar más en los republicanos para el manejo militar y de la política exterior, pero esta campaña estuvo marcada por cuestiones de la agenda doméstica.

Elecciones reñidas

La teoría encaja perfectamente con las ambiciones de Gore. Pero todas las encuestas anticipan una de las elecciones más apretadas de las historia de los Estados Unidos. La distancia es tan pequeña que nadie se anima a predecir quién será el próximo presidente sobre la base de las mediciones de intención de voto.

La Nación consultó a dos de los especialistas que trabajan con fórmulas matemáticas para predecir el resultado de los comicios.

Casi nada de lo que sucedió durante la campaña sirve de base para modificar el cálculo, porque los modelos reconocen que el desarrollo de la pelea por la Casa Blanca no tiene en el fondo ninguna importancia para el resultado final, que sólo se vería afectado si uno de los dos candidatos comete un error garrafal.

"Sigo creyendo que las condiciones favorecen a Gore, pero francamente creía que a estas alturas iba a estar diez puntos arriba en las encuestas", dijo Thomas M. Holbrook desde su despacho en la Universidad de Wisconsin, en Milwaukee.

Holbrook confiesa que empieza a sentirse "un poco nervioso" y dice que su predicción (un triunfo del vicepresidente con el 59,6 por ciento de los votos) puede fallar porque Gore tomó una decisión que desde su punto de vista es insólita: optó por no hacer una campaña basada en el auge económico.

"Esta elección no debe ser un premio por logros del pasado", dijo el vicepresidente en su discurso ante la convención del Partido Demócrata, y tomó toda la distancia que pudo de Clinton, que no fue invitado a ninguno de los actos de Gore en el tramo final de la campaña.

Alan Abramowitz, profesor de ciencia política de la Universidad de Emory, en Atlanta, anticipó un triunfo de Gore con el 53 por ciento de los votos y dijo a La Nación que el modelo no falló hasta ahora: predijo, por ejemplo, el triunfo de George Bush padre en 1988, cuando el presidente Ronald Reagan era bastante popular y a la economía le iba bien.

Ahora hay dos elementos que le preocupan: por un lado, "el factor Nader", la candidatura de Ralph Nader, del Partido Verde, que en esta elección le puede sacar a Gore votos clave en algunos Estados. El daño puede ser muy grande porque el sistema electoral es indirecto y sin representación de minorías.

El otro factor es la diferencia entre el nivel de aprobación que tiene Clinton como presidente (el número que forma parte de su cálculo) y la valoración que hace el electorado de su persona (es bajísima después de Monica Lewinsky) "Nunca existió tamaña diferencia", explicó.

Las encuestas también muestran que Gore no le cae bien a la gente, mientras que Bush resulta muy simpático y honesto para la opinión pública. A estos académicos eso no les preocupa. La pregunta que se hacen es: "¿Es posible que pierda Gore?" Holbrook respondió: "La posibilidad siempre existe, pero me sigue pareciendo improbable".

Una foto para la controversia

WASHINGTON (ANSA).- Una foto del presidente Bill Clinton en la que aparece de piernas abiertas, publicada en la tapa de la revista Esquire y que ilustra una suerte de "entrevista-testamento", desencadenó una verdadera polémica. "Freud habría tenido mucho que decir sobre esta foto. Es una toma sumamente fálica", escribió el diario New York Post. En la foto, la corbata del mandatario parece una flecha que apunta a sus partes íntimas. Una fuente consultada por la revista se refirió a la foto recordando el affaire con Monica Lewinsky.

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