La torta, el vestido y los regalos de boda

Algunas pistas, pese al riguroso secreto Una gigantesca estructura de chocolate, dinero del pueblo holandés y un vestuario en línea con las tradiciones de la familia real son algunos de los aspectos más comentados
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16 de diciembre de 2001  

AMSTERDAM (De una enviada especial).- Pese al secreto riguroso, hay algunas pistas para conjeturar sobre el vestido de la novia, la torta y los regalos del casamiento real.

Por ejemplo, la torta será elegida por voto popular entre los diseños propuestos por los colegios de pasteleros de cada una de las 12 provincias holandesas. A la espera del veredicto, la docena de maquetas exhibe ahora una rara síntesis de historia, geografía y costumbres holandesas, junto con deseos de felicidad, expresados en kilos de pastel, crema y mazapán.

Simpática, semejante combinación no siempre resulta, sin embargo, todo lo armónica que podría desearse. Hasta ahora la más votada parece ser la presentada por la céntrica Flevoland: una gigantesca estructura de chocolate construida dentro de un molino de madera de más de dos metros. Pero las urnas no cerraron aún...

El regalo con el que más especulan los políticos es el que hará el pueblo de Holanda: dinero. Para recaudarlo se abrió una cuenta bancaria en la que se reciben depósitos. Aunque no todos parecen muy dispuestos: "Ya es bastante con pagar tres días de fiesta como para, encima, poner más del bolsillo", dijeron varios taxistas, en un sondeo informal de LA NACION.

En cuanto al vestido... ¿podrá Máxima eludir la tendencia seguida por cuatro predecesoras?

Un repaso muestra que las reinas Emma, Guillermina, Juliana y Beatriz eligieron, todas, diseñadores franceses y vistieron fantásticos trajes en color crema y natural. Pero no blanco.

Lo que sí es seguro es que su diseño deberá contemplar un buen abrigo durante la hora larga del tramo exterior que tendrá la celebración. Es que febrero es pleno invierno en Amsterdam. Nieve y lluvias son frecuentes y el frío -dicen- suele calar los huesos.

Pero volviendo a la tradición Orange en materia de novias, es notable cómo la cola del vestido se extiende de generación en generación, al igual que la complejidad de las diademas. La más llamativa fue la de perlas y hojas de plata que usó la reina Beatriz, cuyo motivo se repitió en los bordados de la cola.

Tiara de diamantes

Máxima no parece dispuesta a ir a la zaga. Ya apareció públicamente con una tiara de diamantes en la cabeza. Fue meses atrás, en el casamiento del heredero noruego Haakon Magnus.

Los vestidos tienen frondosa historia en la familia real. La más repetida es la que cuenta la venganza de la reina Sofía Matilda, que pidió ser enterrada con él. No como símbolo de alegría, precisamente, sino en deliberada señal de que su vida había terminado prematuramente en el verano de 1839, cuando fue obligada a casarse con Guillermo III.

Cosas, por suerte, que ocurrían dos siglos atrás.

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