La UE le da plazo hasta octubre a Gran Bretaña para que implemente el Brexit

Theresa May, en diálogo con Angela Merkel
Theresa May, en diálogo con Angela Merkel Fuente: Reuters
Luisa Corradini
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10 de abril de 2019  • 20:18

LONDRES.- Gran Bretaña puede respirar aliviada una vez más: los líderes de la Unión Europea (UE), reunidos hoy en una decisiva y tensa cumbre en Bruselas, acordaron otorgarle una prórroga suplementaria hasta el 31 de octubre para su salida del bloque, aunque bajo estrictas condiciones, para evitar el trauma de un caótico Brexit sin acuerdo el próximo viernes.

Cuando el plazo del 12 de abril otorgado por la UE para presentar un plan de Brexit ordenado o dejar la Unión con un "no deal" se acerca inexorablemente, los europeos hicieron un nuevo gesto, a condición de que Gran Bretaña se comprometa a no obstaculizar, durante ese periodo, la marcha normal del bloque.

Entre los requisitos para esa extensión figura una revisión de la situación el 30 de junio y el compromiso formal de Londres de que no habrá renegociación del acuerdo firmado entre la primera ministra Theresa May y la UE. Al cierre de esta edición aún no estaban claras las condiciones de la participación británica en las elecciones europeas de mayo próximo, si el gobierno británico y el Parlamento no deciden un plan alternativo hasta ese momento.

May llegó ayer a Bruselas con otra idea: obtener de sus pares europeos una nueva extensión del Brexit, pero solo hasta el 30 de junio, a fin de evitar que el Reino Unido participe en las elecciones europeas.

En su intervención, sin embargo, la primera ministra aceptó finalmente la idea de una prórroga más larga. Siempre y cuando, agregó, el Reino Unido pueda salir del bloque en cuanto el Parlamento y el gobierno lleguen a un acuerdo.

May reiteró su convicción de que su pacto negociado con la UE terminará por ser aceptado por la Cámara de los Comunes, sobre todo porque las actuales discusiones con la oposición laborista "van por buen camino". El argumento, según una fuente allegada a la reunión, no terminó de convencer a sus socios europeos.

Según May, si bien su Gobierno espera no tener que participar en las elecciones europeas, lo hará si no hay otra opción.

En verdad, a nadie le conviene esa participación. Una implicación británica en las elecciones perturbaría sin duda los equilibrios del Parlamento. Sobre todo porque los pro-Brexit más duros, como Jacob Rees-Mogg o Nigel Farage amenazan con sabotear desde el interior el trabajo de la futura Cámara.

"Dejar participar al Reino Unido podría llevar a un aumento todavía mayor de los diputados euroescépticos", afirma Larissa Brunner, analista del European Policy Center (EPC).

Por esa razón, Francia y otros países exigen ciertas garantías. Por ejemplo no perturbar el curso de los grandes proyectos que se estudian actualmente en Bruselas, como la sucesión del presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker o la elaboración del presupuesto de la UE para el período 2021-2027.

Durante el debate posterior a la intervención de la primera ministra británica, los líderes de los 27 países que seguirán en la UE tuvieron que tomar una complicada decisión y no había consenso, condición necesaria para adoptar una decisión. En la mayoría de las cumbres europeas las conclusiones han sido predefinidas. Anoche no fue el caso y, aparentemente, las posiciones eran numerosas en torno de la mesa.

En una misiva enviada anteayer a los participantes, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, propuso una extensión más amplia que la solicitada por May:

"Una posibilidad sería una extensión flexible, que duraría solo el tiempo necesario y no más de un año", escribió, agregando que ninguno de los actores de este interminable psicodrama "debía sentirse humillado".

La mayoría de los líderes presentes en Bruselas parecen haber estado de acuerdo con la propuesta de Tusk. Entre ellos el primer ministro checo, Andrei Babis; su homólogo polaco, Mateusz Morawiecki; Giuseppe Conti, el jefe del gobierno italiano, y sobre todo la alemana Angela Merkel. Para ella una corta extensión hasta el 30 de junio no alcanzaría para que el Reino Unido salga de la parálisis. La canciller germana defendió por esa razón la idea de una prórroga hasta el 31 de diciembre.

No sucedió lo mismo con el canciller austriaco, Sebastian Kurz; con Marjan Sarec, primer ministro esloveno y tampoco con el más intransigente de todos, el presidente Emmanuel Macron, que apoyó la opción de una corta extensión a Londres, incluso hasta antes de las elecciones europeas. Convencido de que un "no deal" es preferible a una salida sin los compromisos necesarios que evitarían poner en riesgo el futuro de la UE, Macron se mostró dispuesto a ampliar esa prórroga, a condición de que el Reino Unido firmara las condiciones detalladas más arriba.

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