La UE y Gran Bretaña firman su divorcio; ahora, la palabra la tiene el Parlamento

May abandona una conferencia de prensa tras el encuentro extraordinario del Consejo Europeo
May abandona una conferencia de prensa tras el encuentro extraordinario del Consejo Europeo Fuente: AFP - Crédito: Emmanuel Dunand
En un consejo extraordinario, los líderes de los 27 y May fijaron los términos para la salida del bloque; en Londres, pocos creen que la primera ministra tendrá el apoyo político para terminar de cerrarlo
Luisa Corradini
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26 de noviembre de 2018  

PARÍS.- Después de 45 años de vida en común, Gran Bretaña y la Unión Europea (UE) firmaron ayer en Bruselas el penúltimo acto de su divorcio. Un acto solemne, calificado de "tragedia" por el presidente de la Comisión Europea.

"Ver a un país como Gran Bretaña abandonar Europa [...] es un momento triste y una tragedia", exclamó Jean-Claude Juncker.

La primera instancia de ese divorcio quedó oficializada durante una cumbre extraordinaria celebrada en Bruselas con la firma de los dos instrumentos legales que sancionan la ruptura: las 558 páginas del Tratado de Retirada y la declaración de 26 páginas que define las futuras relaciones entre la UE y Gran Bretaña.

Como en un matrimonio mal avenido, en el cual ninguna de las partes jamás se sintió cómoda, los documentos de ruptura fueron rubricados por la primera ministra británica, Theresa May, y los líderes de los otros 27 países que permanecerán en la UE.

Los términos de la ruptura fueron ásperamente discutidos por los representantes de ambas partes durante dos años de una negociación que comenzó después del referéndum sobre el Brexit. En esa consulta, realizada el 23 de junio de 2016, el 51,89% de los británicos expresó su voluntad de abandonar la UE, mientras que el 48,11% votó a favor de la permanencia en Europa.

Pero el acto de ayer no es el definitivo. Para que pueda entrar en vigor en la fecha prevista, el 29 de marzo de 2019, los textos deben ser aprobados por el Parlamento Europeo y la Cámara de los Comunes británica, y ratificados por los 27 países que permanecerán en la UE.

Después de la ceremonia de ayer, que duró dos horas y media, los dirigentes europeos, sin Theresa May, se reunieron con Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo, que les informó que los diputados ratificarán el acuerdo del Brexit probablemente en enero. Los principales grupos políticos apoyan los textos negociados letra a letra por el francés Michel Barnier, jefe del equipo negociador europeo.

May, por su parte, dirigió un mensaje a los británicos en el que les pidió su apoyo al acuerdo. Un acuerdo que para la primera ministra aparece como imprescindible antes de que llegue la etapa más importante: la votación del texto en la Cámara de los Comunes el 11 de diciembre.

Porque todo parece indicar que la jefa de gobierno no cuenta en el Parlamento con la mayoría necesaria. Una coalición heteróclita de diputados amenaza con oponerse -cada uno por razones diferentes- al acuerdo negociado con Bruselas. En el grupo de parlamentarios decididos a votar por el no, figuran los euroescépticos de su propio partido tory; sus socios del partido unionista DUP, de Irlanda del Norte; los nacionalistas escoceses del NSP, y hasta un importante sector laborista.

"El acuerdo del Brexit tiene cero posibilidades de superar la prueba del Parlamento", vaticinó el exministro del Brexit David Davis. Los números no están de su lado, pero May se aferra a su proverbial resistencia para desafiar a propios y extraños en las próximas semanas.

Si el Parlamento de Westminster rechaza esos textos, ese voto de sanción provocará automáticamente la caída de la primera ministra. Quien la suceda en el 10 de Downing Street no tendrá otra alternativa que administrar una salida desordenada, más conocida como un "Brexit duro", porque la UE reiteró que no regresará a la mesa de negociaciones. "La UE no cambiará su posición", insistió ayer Juncker.

Sin embargo, como sucede siempre en política, Theresa May y su equipo han preparado algunos planes alternativos en caso de que no logren vencer la intransigencia de los parlamentarios.

El principal de ellos es el llamado "modelo noruego". Esa propuesta, que cuenta con un amplio respaldo de conservadores, laboristas y probablemente unionistas de Irlanda del Norte, otorgaría a Gran Bretaña un estatus provisional similar al de Noruega y la dejaría dentro del mercado único y de la unión aduanera hasta que se cierre el acuerdo sobre la futura relación comercial con la UE. Otra alternativa sería convocar a un segundo referéndum, aunque nadie quiere especular demasiado con esa opción, rechazada por May desde que comenzó el proceso.

En todo caso, tanto los medios políticos como la prensa dan por descontado que el divorcio firmado ayer en Bruselas no será aprobado. Esa situación abre una instancia de negociación, discusiones, chantajes y especulaciones que se prolongarán hasta el 11 de diciembre.

En ese momento se sabrá si Gran Bretaña y Europa, que durmieron juntas durante 45 años pero nunca tuvieron los mismos sueños, podrán abandonar el hogar común para iniciar una nueva vida, cada una por su lado y amistosamente.

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