La ventana de Rusia a Occidente

Desde su creación, en 1703, San Petersburgo tuvo un rol central en la historia del país Fundada por Pedro el Grande, fue capital durante 200 años Es la cuna de las artes y la ciencia rusas Resistió a un sitio de 900 días durante la Segunda Guerra Mundial
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31 de mayo de 2003  

Mucho tiempo pasó desde que el zar Pedro el Grande se agachaba para entrar en su pequeña casa, una de las primeras construcciones de San Petersburgo, hasta hoy, cuando la ciudad festeja junto a los líderes mundiales sus 300 años. La metrópoli, que tiene fama de ser una de las más bellas del planeta, recorrió un largo camino, en el que las artes, las intrigas políticas, las guerras y las revoluciones tuvieron un rol protagónico.

Luego de recuperar las tierras que Suecia le había quitado a su país y que le devolvían la salida al mar Báltico, Pedro el Grande decidió, en 1703, construir una ciudad que resguardara la estratégica zona. Así, ese mismo año fundó San Petersburgo, en el estuario del río Neva, con la construcción de la fortaleza de Pedro y Pablo.

Desde allí se estableció la ruta que unía a la Rusia zarista con Europa Occidental. "La ciudad de San Pedro" fue concebida como "una ventana a Europa" -expresión que esta semana volvió a utilizar Vladimir Putin para enarbolar su hoy modernizada y próspera ciudad natal como símbolo de su presidencia-, para fortalecer las relaciones políticas, militares, comerciales y culturales con Occidente.

Para hacerse fuerte a orillas del Neva, Pedro el Grande debió luchar al principio con el pantanoso terreno y con las crecidas del río, que provocaron varias inundaciones. Miles de campesinos, artesanos y soldados llegaron desde todos los confines de Rusia para talar bosques, limpiar malezas, drenar las riberas y convertirlas en canales, que con el tiempo dieron a la ciudad el nombre de "Venecia del Norte".

Los trabajos de construcción avanzaron con una rapidez inusual para la época. También fue introducido un singular "impuesto": cada embarcación o carreta que entrara en la ciudad debía contribuir con piedras para levantar casas y edificios, siguiendo un riguroso plan de urbanización.

Ya en 1712, a sólo nueve años de su fundación, San Petersburgo fue proclamada la nueva capital de Rusia. Desde todos los rincones del país y de Europa llegaban los mejores arquitectos, escultores y artistas para continuar edificándola y embelleciéndola.

A orillas del Neva se desarrollaron con rapidez las ciencias y florecieron las artes. La ciudad, cuna del célebre ballet ruso, es la patria chica de grandes escritores y poetas, como Nikolai Gogol, Leon Tolstoi, Fiodor Dostoievski o Vladimir Nabokov, así como de compositores del calibre de Piotr Tchaikovski o Igor Stravinski.

La majestuosa arquitectura de la ciudad continuó acrecentándose con la construcción de monumentales edificios y catedrales, entre los que se destaca el Palacio de Invierno, luego convertido en el famoso museo Ermitage.

En 1914, en plena Primera Guerra Mundial, el nombre de la ciudad fue cambiado del alemán San Petersburgo al ruso Petrogrado.

La ciudad del Neva fue, en esos años, escenario de acontecimientos dramáticos y trágicos. Desde golpes palaciegos, en los que los zares perdieron el trono y a veces hasta la vida, pasando por varias sublevaciones contra los monarcas, hasta llegar a la revolución socialista de 1917. Al año siguiente, Petrogrado perdió su status capitalino, que recuperó Moscú después de dos siglos. En 1924, tras la muerte de Lenin, la ciudad volvió a cambiar su nombre, esta vez por el de Leningrado.

Las páginas más trágicas de su historia se escribieron durante la Segunda Guerra Mundial, cuando soportó un sitio de 900 días, cercada por tropas nazis, entre 1941 y 1944. Sobre la ciudad fueron arrojadas más de 100 mil bombas y en sus calles explotaron más de 150 mil proyectiles. Durante el sitio perdió más de un millón de habitantes, pero no pudo ser conquistada.

El invierno de 1941-1942 fue el más duro. El transporte público y la electricidad dejaron de funcionar y se congeló la red de agua potable. El hambre se apoderó de la ciudad. Durante 35 días la gente recibió sólo una porción de pan de 125 gramos. Y nada más.

Casi todas las monumentales obras de arquitectura levantadas a lo largo de dos siglos fueron destruidas. Ni una casa permaneció intacta después de los bombardeos. Pero la ciudad de calles anchas resurgió de sus cenizas. Se restauraron los edificios de gran valor arquitectónico, las plazas y las calles.

La urbe recuperó su nombre original en 1991, tras la disolución de la URSS. Hoy, San Petersburgo es uno de los centros industriales, científicos y culturales más importantes del país. Su patrimonio fue restaurado para la celebración de sus 300 años, y este aniversario la encuentra en todo su esplendor.

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