Las claves de la nueva escalada de violencia

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23 de enero de 2002  

-¿A qué se debe esta nueva espiral de violencia entre palestinos e israelíes?

-La situación en Medio Oriente está hoy en su momento más difícil en 16 meses de intifada (levantamiento palestino). Tanto Israel como los grupos extremistas palestinos responsabilizan a su contraparte por la escalada del conflicto. Israel afirma que es víctima de ataques continuos y presiona a Yasser Arafat para que les ponga fin. Según esa misma lógica, adoptó medidas drásticas, como el virtual arresto domiciliario del líder palestino en Ramallah o la ocupación de la ciudad de Tulkarem, lo que amenazó con hacer retroceder el proceso de paz a la etapa previa a los acuerdos de Oslo. A su vez, los grupos terroristas -Hamas y Jihad Islámica, principalmente- dicen responder a agresiones de Israel y buscan capitalizar el apoyo popular con una radicalización de la intifada.

-¿Cuál es la posición de Arafat frente a la creciente presión israelí?

-Si bien por un lado el líder palestino intenta contener a los grupos armados palestinos, en vista de su creciente apoyo entre la población, Arafat no puede enfrentarlos -como exige Israel- sin correr el riesgo de ser tildado de traidor. Recientemente, bajo fuerte presión de Israel y EE.UU., Arafat impulsó una tregua brevemente aceptada por los extremistas, pero la dinámica del conflicto volvió a ponerlo en la incómoda situación de verse atrapado entre dos fuegos.

-¿Existe alguna alternativa al liderazgo de Arafat?

-Por ahora, no parece haber una figura fuerte para reemplazar al líder palestino como socio en las negociaciones. Ningún referente ostenta la autoridad y el prestigio del presidente de la ANP, aun si su poder ha disminuido. La generación más joven de líderes palestinos es más radical y parece menos dispuesta a negociar con Israel en los mismos términos que lo hizo Arafat.

-¿Cuál es la estrategia del premier Ariel Sharon?

-Ante la falta de avances concretos en el proceso de paz, Sharon parece oscilar entre dos alternativas peligrosas: aislar a Arafat de su gente y dejarlo al margen de las negociaciones -y posiblemente obligarlo a un nuevo exilio-, aun a riesgo de provocar una dramática escalada en el conflicto, o continuar las tratativas con el líder palestino, de cuyo compromiso con una paz duradera desconfía hace tiempo.

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