Las elecciones y los emigrados

Por Diego Melamed
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23 de mayo de 2003  • 12:44

Luego del período más extenso de vida en democracia en la Argentina deviene el mayor éxodo de nuestra historia. Y la historia dice que hace más de un año la gente salía a las calle gritando "que se vayan todos".

¿Qué se vayan todos? No tanto. Fueron 255.000 argentinos, y no todos, los que partieron en los últimos tres años.

Durante ese lapso, los políticos argentinos han incorporado esta realidad de la emigración, lentamente, a la agenda pública.

Veamos. Cuando De la Rúa fue consultado sobre la naciente ola emigratoria declaró que no había tal problema, que la Argentina era un país que también recibía inmigración. Era cierto. Llegaban trabajadores de los países vecinos. También eran reales las colas en las embajadas europeas.

Por aquellos días el vicepresidente Carlos Chacho Alvarez manifestó su deseo de luchar para que los jóvenes crean en una política más transparente. Lo dijo claramente cuando anunció que se iba del gobierno. Entonces no quedaba claro cual de los dos era el gesto a imitar: luchar desde el lugar o irse. Quien parecía encabezar la nueva política… también se iba.

El 17 de Mayo de 2001 el entonces opositor Eduardo Duhalde advertía en las páginas de LA NACION: "Quienes hoy eligen emigrar provienen en su mayoría de la clase media acorralada por la recesión, el desempleo y también por la falta de esperanza... piensan, simplemente, que aquí no hay futuro para ellos". Trece meses más tarde, ya en el gobierno, se sinceró ante un grupo de periodistas españoles y explicó que ante la situación en la Argentina "es lógico que se estén buscando abuelos europeos que permitan tener otra nacionalidad".

Durante la última campaña presidencial los que se fueron tuvieron cierta presencia en el discurso político. "Me presento porque los jóvenes ven hoy que es más fácil cambiar de país, que cambiar el país, y esto no puede ser" dijo José Manuel de la Sota el día que anunció su candidatura, que finalmente no pudo ser.

Ricardo López Murphy dijo que su modelo de país se asemejaba a Australia o Canadá. Para miles de jóvenes argentinos esos países eran un modelo también, y como ya no creían posible vivir acá como allí… se fueron a Sydney o Toronto.

También los dos hombres que llegaron al ballotage se acercaron un poco a los emigrados.

Menem hizo campaña en Madrid prometiendo que si él volvía también iban a querer hacerlo los argentinos. Por los resultados que obtuvo allí parece que los argentinos ni lo quieren a él ni se sumaron a su idea de ser repatriados.

Kirchner, por su parte, gritó en el estadio de River durante el cierre de campaña que cuando regía la convertibilidad "fue la época del uno a uno…y uno a uno se fueron yendo los jóvenes de nuestro país", mientras el menemismo en Madrid contestaba que la emigración comenzó en el 2000, cuando su líder ya no era presidente.

Pero ante el ballotage, Menem también se fue. No emigró. Huyó.

¿Qué hicieron los que emigraron?

Según distintas estimaciones en la Florida, EE.UU., viven cerca de 200.000 argentinos y aproximadamente 2500 fueron al consulado de Miami a justificar que no votaban. Votaron tan sólo 278 de los 1480 empadronados. Con respecto a las presidenciales de 1999 la participación bajó, ya que ese año votaron 304 de 1237.

Un dato curioso. El domingo 27 de abril, día en en que votaron menos de 300 personas, más de 12.000 se pusieron la camiseta celeste y blanca, se colgaron la bandera argentina y se emocionaron en el Festival Argentino de Miami. La identidad no tenía que ver con las instituciones, sino con la música y la cultura.

En España, según las organizaciones de argentinos en el exterior, esta población ronda los 300.000. Votaron 202, es decir, sólo el 10% de los empadronados. Ganó López Murphy secundado por Carrió, 71 a 41. Tercero resultó Kirchner y cuarto Moreau.

En el tercer país elegido, Italia, sólo hubo 110 votos. López Murphy aventajó a Kirchner. El tercer puesto fue empatado entre Menem y Carrió.

Si se suman los votos de todos los consulados del planeta, para estas elecciones votaron 5241 argentinos en el exterior.

Por mi parte, ante este ballotage estaba casi tan afuera como los emigrados.

Lo único que se me ocurría ante el triunfo de Kirchner era votar en blanco para decirle que tendría que hacer las cosas tan bien como para merecer el apoyo que iba a obtener en la segunda vuelta. Pero quede afuera, incluso de la posibilidad de votar en blanco.

El clientelismo sigue intacto y se quedaron todos. La inquietud por un cambio profundo que se percibía en calles y asambleas se estabilizó, junto con la economía. Incluso la ilusión de quienes vieron algún tipo de renovación en Carrió o López Murphy también tendrá que esperar. Sin embargo, tengo ganas de tener esperanza.

El mensaje que se esconde tras ese voto que ahora no podré hacer creo que tiene cierto parecido al voto de los emigrados. Es un mensaje que envían diariamente… y no sólo al futuro presidente Kirchner.

En el exterior ganó López Murphy

Según la mirada de los que están lejos, el actual presidente sería Ricardo López Murphy. El candidato del Movimiento Federal Recrear ganó en el exterior en primera vuelta con el 46.49% de los votos, muy arriba de Kirchner (18.20) Menem (16.29) y Carrió (15.98).

Menem ganó en Bolivia, Bulgaria, Líbano y Kuwait. Empató el segundo lugar con Kirchner en Grecia. Fue segundo en Chile, Japón, Miami, Perú y Porto Alegre.

Carrió ocupó el segundo puesto en Chicago, Ecuador, España, Francia, Londres, Toronto y Uruguay.

En Australia Moreau empató el primer lugar con Kirchner.

Pero ¿Qué nos dicen los emigrados? La gran mayoría de los que se fue no votó. Entre los que sí concurrieron a votar en los consulados, López Murphy ganó en primera vuelta. Pero todo parece indicar que el principal mensaje del exterior no proviene sólo de esos dos hechos.

El grito de los emigrados es más fuerte aún. Es su ausencia.

(*) Diego Melamed es autor del libro IRSE

diegomelamed@yahoo.com.ar

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