Las heridas obligan a Berlusconi a seguir internado

Permanecerá en observación otras 36 horas; el agresor le envió una carta, en la que se disculpó
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15 de diciembre de 2009  

ROMA.- El golpe que sufrió Silvio Berlusconi cuando fue agredido en Milán por un desequilibrado fue más serio de lo que se pensaba. Tanto es así que ayer el Cavaliere no fue dado de alta como se preveía, sino que quedó internado en el hospital San Raffaele, de esa ciudad, hasta nuevo aviso.

"[Berlusconi] se alimenta con dificultad", dijo Alberto Zangrillo, médico personal del premier y titular del departamento de anestesia del San Raffaele, al dar a conocer un parte médico que fue el único de una jornada en la que Italia seguía conmocionada.

El boletín indicó que, si bien no fue necesaria ninguna intervención quirúrgica por la fractura del tabique nasal y dado que los parámetros vitales eran normales, el premier -que tiene, además, dos dientes rotos y un labio partido- había sufrido una baja de los valores del hematocrito por la pérdida de medio litro de sangre.

"Puedo anticipar que el premier no saldrá del hospital en las próximas 36 horas", agregó por la noche Zangrillo.

Berlusconi, de 73 años, fue agredido anteayer, al final de un acto, con un souvenir del Duomo de Milán, por Massimo Tartaglia, un hombre de 42 años con problemas psicológicos.

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Tan preocupante como su salud era ayer el ánimo del Cavaliere, que, al parecer, estaba por el piso. "No entiendo por qué me odian", le preguntó a Don Verzé, el sacerdote que dirige el San Raffaele.

Tartaglia, que está con tratamiento psiquiátrico desde hace diez años, está detenido en la cárcel milanesa de San Vittore. Allí, admitió ayer su adversión hacia el hombre más rico de Italia por motivos políticos. "Odio a Berlusconi", declaró en un interrogatorio, en el que también aseguró haber actuado solo y no ser un killer (asesino a sueldo). Más tarde, a través de sus abogados defensores, Tartaglia incluso difundió una carta de disculpas a Berlusconi. En la misiva, se excusó "por un acto superficial, cobarde y desconsiderado".

"No, aún no vio la carta", reveló anoche el vocero de Berlusconi, Paolo Bonaiuti, que confirmó que el premier está muy herido psicológicamente "porque él es alguien que está con la gente, es parte de la gente y no entiende las actitudes de violencia".

"No sabemos aún cuándo saldrá del hospital, pero Berlusconi se mantiene constantemente informado de lo que pasa. Esta mañana quiso la reseña de prensa y durante el día miró varias veces televisión", agregó Bonaiuti.

Lo cierto es que Berlusconi ayer no tuvo demasiado tiempo para leer los diarios. Su habitación del San Raffaele -hospital modelo que amaneció con un cartel que decía: "Presidente Berlusconi, que se mejore; los italianos verdaderos están con usted"- se convirtió en un desfile incesante de personajes que quisieron expresarle su solidaridad personalmente.

Entre otros, pasaron los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, Renato Schifani y Gianfranco Fini, respectivamente; el líder del Partido Democrático, el principal de la oposición, Pierluigi Bersani, que condenó sin medias tintas la violencia.

Hasta Patrizia D´Addario, la escort más famosa del mundo, en solidaridad con el premier, decidió postergar la presentación de su libro sobre las noches de sexo en Palazzo Grazioli.

Mientras las imágenes con la cara ensangrentada de Berlusconi coparon los medios televisivos y gráficos, en el país no se hablaba de otra cosa que del peligro de un retorno a un clima de violencia, que algunos compararon con el de los años 70, marcados por el terror de las Brigadas Rojas.

No por nada, el presidente, Giorgio Napolitano, volvió a hacer un llamado para que se detenga esa "peligrosa exasperación de la polémica política". En los últimos tiempos Berlusconi, que debe enfrentarse a procesos judiciales por corrupción y otros delitos, chocó tanto con el Poder Judicial como con el jefe del Estado, en una escalada que inflamó el ambiente.

"Silvio Berlusconi corrió el riesgo de ser herido gravemente, de ser asesinado", reconoció alarmado el ministro del Interior, Roberto Maroni. Pese a las evidentes fallas en la seguridad del Cavaliere , Maroni descartó errores de parte de las fuerzas del orden que controlaban la plaza del Duomo, escenario del ataque. En este mismo lugar, corazón de Milán, ayer se vendían como pan caliente las reproducciones del Duomo, el arma elegida por el agresor.

"Se trata de un episodio gravísimo vinculado con el clima de contraposición violenta de los últimos tiempos", dijo Maroni, que subrayó que Tartaglia no tenía ningún antecedente penal por lo que era imposible individualizarlo en la multitud. Y adelantó que el gobierno analiza la posibilidad de censurar las webs que idolatran a Tartaglia por "instigar a la violencia".

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