Las mujeres, al frente de los chalecos amarillos

En París, cerca de la Bastilla, se repitieron los cantos contra Macron
En París, cerca de la Bastilla, se repitieron los cantos contra Macron Fuente: AFP - Crédito: Bertrand Guay
La última marcha tuvo protagonismo femenino para subrayar el carácter pacífico de la protesta, pero no faltó violencia
Luisa Corradini
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7 de enero de 2019  

PARÍS.- Centenares de mujeres "chalecos amarillos" salieron ayer a las calles francesas para demostrar pacíficamente que -a pesar de una disminución de la participación- la ola de protesta continúa. El octavo fin de semana de movilización estuvo marcado el sábado por violentos enfrentamientos y destrozos en todo el país.

En París, Toulouse, Saint-Etienne o Rennes, centenares de mujeres desfilaron, con frecuencia llevando en la cabeza un gorro frigio. Como en semanas anteriores, los cantos y refranes tuvieron como blanco al presidente Emmanuel Macron. Pero con la esperanza de dar una imagen más pacífica del movimiento que hace vacilar al gobierno desde hace un mes y medio.

"El gobierno quiere hacernos pasar por vándalos. Hoy somos nosotras, madres, abuelas, hijas y hermanas de todos los ciudadanos", declaró en la ciudad de Caen Chloé Tessier, profesora de equitación.

Unas 50.000 personas manifestaron el sábado en toda Francia, confirmando que la movilización continúa a pesar de la disminución de la participación en las últimas semanas (30.000 la semana pasada).

Unas 3500 personas desfilaron en la capital, según la prefectura de policía, que había recibido esta vez la declaración oficial para dos manifestaciones. Cerca de 30 individuos fueron demorados en averiguación de antecedentes.

"Daba la impresión de que estábamos en el 17 de noviembre", se felicitó Eric Drouet, una de las principales figuras de los "chalecos amarillos", aludiendo al primer acto de la protesta, que sacó a la calle a 282.000 manifestantes, según el Ministerio del Interior.

Sin embargo también disminuye el apoyo popular, que de casi 80% en noviembre pasó a 40% en la actualidad. Ese desapego se explica por la violencia recurrente, que parece aumentar cada semana y que terminó por eclipsar el mensaje de un movimiento que reclamaba una reducción del precio de los combustibles, antes de levantar múltiples banderas, como el Referendo de Iniciativa Ciudadana (RIC).

El sábado, en París, la entrada del ministerio del vocero del gobierno, Benjamin Griveaux, fue hecha trizas por una minigrúa de obra, obligando a las fuerzas de seguridad a evacuar al funcionario. Griveaux y sus colaboradores debieron abandonar las instalaciones por una puerta trasera para no ser alcanzados por un grupo de 10 a 15 personas que habían penetrado en la secretaría donde funcionan sus oficinas.

"No es a mí a quien han atacado, sino a la República y a la democracia", argumentó tras calificar el hecho de "inadmisible e inaceptable". Hasta ayer, la policía intentaba identificar a los autores, susceptibles de ser condenados a prisión.

En Rennes, en el noroeste del país, un pequeño grupo de "chalecos amarillos" destrozó la puerta de acceso a la alcaldía. En Dijon, dos gendarmes resultaron heridos en el ataque a un cuartel de gendarmería. Uno de ellos fue golpeado con una barra de hierro en la cara.

En París, dos gendarmes fueron violentamente golpeados sobre uno de los puentes sobre el río Sena. En imágenes difundidas por las redes sociales se ve a un hombre vestido de negro atacando brutalmente a uno de ellos mientras se encuentra, indefenso, en el suelo.

Aparentemente incapaz de controlar la repetición de actos violentos, el gobierno, que denunció el viernes "un movimiento en manos de agitadores", volvió a condenar las acciones de vandalismo, como lo había hecho el sábado el presidente Macron. "Quisiera que todos aquellos que creen en la democracia, en la representación soberana del pueblo francés, se unan y digan '¡ya basta!'", declaró el ministro de Economía, Bruno Le Maire.

El gobierno y la mayoría parlamentaria también criticaron la "actitud irresponsable" de una parte de la oposición, en particular de Jean-Luc Mélenchon. El líder del partido de extrema izquierda Francia Insumisa explica la crisis por "la incapacidad del gobierno de hallar la estrategia correcta".

Del movimiento se despegaron gran parte de los sindicatos franceses. Comentando los hechos violentos, el secretario general de la CFDT (socialista), Laurent Berger, llamó a "dejar de hacerse los inocentes" frente a gente "que quiere terminar con la democracia": "Nuestro país se está histerizando. Eso es extremadamente grave para la cohesión social", sentenció.

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