Las opciones ante la amenaza, todas dañinas

Paul Krugman
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13 de octubre de 2013  

NUEVA YORK.- Así que los republicanos parecen haber decidido elevar el techo de endeudamiento sin condiciones, aunque los detalles no son claros. Tal vez sea el fin de esa extraña táctica de extorsión, o tal vez no, porque, en el mejor de los casos, sólo estamos ante una extensión transitoria y muy breve. La amenaza de tocar el techo de deuda sigue existiendo, especialmente si la política de parálisis del gobierno sigue yendo en contra del Partido Republicano.

¿Cuáles son entonces las opciones si efectivamente elevamos el techo de endeudamiento? Como pueden imaginar, todas son malas. Por eso, la cuestión es cuál es la menos dañina.

Ahora, el gobierno insiste en que no hay opciones, en que si llegamos a ese tope el Estado entrará en default general. Mucha gente, incluso los que simpatizan con el gobierno, sospechan que es lo único que pueden decir los funcionarios en este momento, que no pueden darles la menor excusa a los republicanos para que resten importancia a lo que están haciendo. Pero supongan que es cierto. ¿Cómo sería un default general?

Un informe del año pasado del Departamento del Tesoro sugirió que tocar el techo de deuda conduciría a un "régimen de mora de pagos": las cuentas, incluidas las cuentas de los intereses de la deuda federal, serían pagadas en el orden que son recibidas y a medida que haya efectivo para hacerlo. Como las cuentas que vencen cada día exceden las entradas de efectivo, eso implicaría atrasarse más y más. Y eso crearía una inmediata crisis financiera, porque la deuda de Estados Unidos -hasta este momento considerada el activo más seguro que existía- sería reclasificada como un activo en default, forzando posiblemente a las instituciones financieras a vender sus bonos de Estados Unidos y a buscar otras formas de inversiones colaterales.

El panorama es atemorizante. Mucha gente -en especial, los economistas de corte republicano- sugirió que el Departamento del Tesoro debería en cambio "priorizar": pagar los bonos para que toda la carga de la falta de efectivo recaiga en otras cosas. Y cuando dicen "otras cosas", se refieren a la seguridad social y la salud pública, que representan la mayor parte del gasto federal, más allá de defensa e intereses de la deuda.

Algunos defensores de la idea de fijar prioridades parecen creer que todo estará bien siempre y cuando sigamos pagando los intereses de nuestra deuda. Me permito darles cuatro razones que los desmienten.

En primer lugar, el gobierno de Estados Unidos de todos modos estará en default, ya que no podrá cumplir con su obligación legal de pagar. Uno podría decir que "cosas" como los cheques de la seguridad social no tienen el mismo interés que los bonos, porque el Congreso no puede vetar su deuda, pero puede, si así lo desea, aprobar una ley que recorte esos beneficios sociales. Pero el Congreso no aprobó esa ley y hoy en día los beneficios de la seguridad social tienen el mismo estatus inviolable que los pagos a los inversores.

En segundo lugar, priorizar los pagos de la deuda podría reforzar un terrible precedente que establecimos tras la crisis de 2008, cuando Wall Street fue rescatada por los trabajadores desesperados, y los deudores hipotecarios se quedaron con las manos vacías. Una vez más, estaremos dando una señal de que la industria financiera recibe tratamiento especial porque puede amenazar con paralizar la economía.

En tercer lugar, el recorte del gasto causaría enormes daños si se extiende en el tiempo. Piensen en la situación de quienes reciben los beneficios del plan de salud Medicare, siendo rechazados de los hospitales porque el gobierno no paga sus cuentas.

Finalmente, aunque "priorizar" podría evitar una crisis inmediata, tendría de todos modos efectos económicos devastadores. Veríamos un inmediato recorte del gasto apenas comparable con la caída de la inversión inmobiliaria después del estallido de la burbuja, una caída que fue la más importante de la recesión de 2007-2009. Eso, por sí solo, alcanzaría para hundirnos en una recesión.

Y no termina ahí. Cuando la economía norteamericana entre en recesión, los ingresos tributarios caerán bruscamente, y el gobierno, sin posibilidades de endeudarse, se verá obligado a una segunda ronda de recortes de gastos, que profundizará el declive económico, reducirá aún más sus pagos, y así sucesivamente.

¿Hay alguna otra opción? Muchos expertos legales piensan que el presidente debería simplemente desafiar al Congreso e ignorar el techo de endeudamiento. ¿No sería eso infringir la ley? Tal vez ... Pero no cumplir con las obligaciones federales también es infringir la ley. Y si los republicanos de la Cámara baja están empujando al presidente a una situación en la que infringirá la ley haga lo que haga, ¿por qué no elegir la opción que sea menos perjudicial para Estados Unidos?

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