Las promesas de Boris Johnson, entre tensiones y obstáculos

Luisa Corradini
Luisa Corradini LA NACION
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2 de febrero de 2020  

LONDRES.- Con el ímpetu de un bulldog -como es su costumbre-, el primer ministro Boris Johnson comenzará mañana la nueva era de "Gran Bretaña independiente" con una batería de gestos y decisiones espectaculares para mostrar el tipo de relaciones que pretende imponerle a la Unión Europea (UE) y, al mismo tiempo, cumplir su promesa de transformar la economía del país.

Apenas 48 horas después de haber concretado el Brexit, anunciará que al terminar el período de transición, a fines de este año, restablecerá los controles aduaneros para todas las mercancías importadas de territorio europeo. Ese anuncio está visiblemente destinado a presionar a la UE antes de negociar las futuras relaciones entre ambas partes. Pero, aun así, anticipa una etapa de fuertes tensiones desde el comienzo de las discusiones, ya que Bruselas había propuesto una relación sin restricciones basada en la fórmula "cero tasas, cero cuotas". En la práctica, se trataba de mantener el intercambio en los mismos niveles que existían cuando Gran Bretaña pertenecía al mercado unificado y la unión aduanera con los otros 27 miembros de la UE.

En términos que parecen inspirados en el estilo que practica Donald Trump, Gran Bretaña exigirá que -al llegar a los puestos aduaneros- las mercancías presenten sus respectivas declaraciones de exportación y seguridad, certificado sanitario para los animales e inspección fronteriza de todos los bienes destinados a la venta en supermercados.

La tarea no será fácil porque esa burocracia se convertirá en un infierno para los 141.000 camiones que circulan mensualmente entre las dos orillas del Canal de la Mancha. Además, puede convertirse en un arma de doble filo, capaz de provocarle tantos daños a Europa como a la propia Gran Bretaña.

El comercio no es el único escollo que deberá sortear Johnson para llegar a un acuerdo con la UE. Londres y Bruselas deberán destejer los centenares de acuerdos firmados en los 47 años de relación común y ponerse de acuerdo sobre nuevos términos de convivencia en materia de tasas aduaneras, seguridad, inmigración, agricultura, pesca, política fitosanitaria, normas industriales y el explosivo tema de la frontera irlandesa.

Para el primer ministro son puntos de vital importancia, ya que permitirán estructurar la arquitectura de su programa para convertir al país en una gran potencia capaz de competir con los otros predadores que merodean por el escenario geopolítico mundial.

Renacionalización

El miércoles próximo, el gobierno presentó como una gran victoria la renacionalización de la empresa ferroviaria Northern Rail, administrada por Arriva, filial del gigante alemán Deutsche Bahn. La "recuperación" de ese tesoro nacional es la segunda decepción de las privatizaciones conservadoras: en 2008 el Estado había tenido que retomar el control de la East Coast.

Para borrar la imagen de esos fallos y dar contenido a la dinámica de prosperidad prometida para después del Brexit, el ministro de Transportes, Grant Shapps, anunció un plan de modernización de la red ferroviaria estatal de 130.000 millones de dólares.

Al mismo tiempo lanzará un programa masivo de inversiones, sobre todo en el norte del país, la región más afectada por la desindustrialización lanzada por Margaret Thatcher a fines de los años setenta.

Solo entre 1979 y 1981, las fábricas del norte británico y las Midlans perdieron más de un millón de empleos y se transformaron en un feudo del Partido Laborista. Convencidos de que esa catástrofe era imputable a las limitaciones impuestas por Europa y a los flujos masivos de inmigrantes, esos electores -o sus descendientes- en 2019 votaron por los tories y le dieron un cheque en blanco a Johnson para concretar el Brexit.

Ahora hay que comenzar a pagar la deuda (política) con esas poblaciones sumergidas. Pero Johnson tendrá que elegir entre esos nuevos electores y los conservadores tradicionalmente liberales del sur de Inglaterra.

En principio, el primer ministro piensa reactivar la máquina productiva y exportadora y el final de las políticas de austeridad practicadas desde la crisis de 2008. Las únicas soluciones consisten en incrementar el déficit crónico del Estado o aumentar los impuestos. En un informe publicado el jueves pasado, apenas 24 horas antes del divorcio de Europa, el Banco de Inglaterra estimó que, en ese caso, el Brexit afectará seriamente el comercio y el crecimiento de la economía británica a partir de 2021.

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