Las villas, escenario de su mayor compromiso

El Papa está convencido de que ellas son centros de gran religiosidad y fe; alentó a los curas villeros
Gabriel Di Nicola
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17 de marzo de 2013  

La fotografía está en el escritorio que usaba monseñor Jorge Bergoglio en Buenos Aires. La imagen retrata el infierno de las drogas y el narcotráfico. Pero también muestra la esperanza y la existencia de un camino para salir adelante.

"Yo no creía en nada y en nadie. Pero me enseñaron a ver a un Dios generoso que me quiere", afirma Juan José Jaime, conocido como "el Cuervo". Durante diez años vivió en un mundo de alcohol y de drogas. Dormía y comía en un volquete de la villa 21-24, en Barracas, hasta que el padre José María "Pepe" Di Paola y el entonces cardenal Jorge Bergoglio se cruzaron por su vida.

"El Cuervo" Jaime, de 43 años, es el hombre de la fotografía que Bergoglio puso en su escritorio.

El papa Francisco conoció a Jaime en la parroquia Nuestra Señora de Caacupé, en la villa 21-24, el 20 de marzo de 2008. Llegó caminando, después de bajarse de un colectivo de la línea 70, y le dijo: "Te conozco sin haberte visto". Pocos minutos después, le lavaba los pies en la misa de Jueves Santo.

Monseñor Bergoglio recorría las villas antes de ser nombrado arzobispo de Buenos Aires. Por ejemplo, en 1996, cuando estaba cargo de la Vicaría de Flores, caminaba por los pasillos de la 1-11-14, en el Bajo Flores.

El papa Francisco está convencido de que, en las villas, la religiosidad es muy fuerte y la fe, profunda, al punto de que todos deberían aprender de ella.

Cuando fue nombrado arzobispo de Buenos Aires, tras el fallecimiento del cardenal Antonio Quarracino, monseñor Bergoglio apostó fuerte por el equipo de sacerdotes para las villas de emergencia y se involucró en el trabajo de los "curas villeros".

Ya como cardenal, Bergoglio elevó al equipo de curas villeros a la categoría de vicaría.

Una de sus primeras medidas fue aumentar la cantidad de sacerdotes destinados a las villas: de diez pasaron a ser más de 20 curas.

"Respetaba cómo estábamos organizados, pero sin duda desde que asumió como arzobispo se involucró e hizo una opción por las villas. No sólo designó más sacerdotes para el trabajo, sino también nos dio más recursos", recuerda un emocionado padre Pepe.

El Papa no iba a las villas sólo ?para celebraciones especiales como Semana Santa. No fueron pocas ?las oportunidades que llegó a la villa 21-24 simplemente para charlar con los vecinos.

"Siempre nos decía que en las villas había un cultura de una gran riqueza latinoamericana", recuerda el padre Pepe, ahora instalado en la villa La Cárcova, una de las zonas más postergadas del conurbano bonaerense.

El Papa apoyó con firmeza al equipo de sacerdotes para las villas de emergencia cuando, en abril de 2009, presentaron un documento para denunciar que la drogas estaban despenalizadas de hecho en los asentamientos de la ciudad de Buenos Aires.

Fue por más cuando, en una homilía durante la misa anual por la educación que pronunció en las escalinatas de la Catedral porteña, frente a la Plaza, defendió "a la cría", después de que el padre Pepe fuera amenazado de muerte por su lucha contra el paco.

"Esto no es una cuestión de estos sacerdotes [por los curas villeros], es cuestión de todos nosotros, es cuestión mía y de todos los obispos auxiliares que apoyamos esa declaración. Tenemos que defender a la cría. Nuestra única opción es llevar a los chicos y a las chicas por el camino de la luz", afirmó

"El Cuervo", el hombre de la foto, pudo encontrar el camino de la luz del que hablaba Bergoglio y no olvida. "El Papa siempre fue sincero, comprometido con los pobres y humildes. Cada vez que lo veía, me pedía que rezara por él", relata Jaime.

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