Lejos de detenerla, el atentado refuerza la política de Washington

Bush prometió encontrar a los culpables
Jorge Rosales
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14 de mayo de 2003  

WASHINGTON.- La activa intervención de Estados Unidos Unidos en Medio Oriente, donde impulsa profundas reformas políticas y económicas tras la guerra contra Irak, avivó como pocas veces el sentimiento antinorteamericano en algunos países de la región y abrió el camino para las anunciadas represalias de grupos terroristas, como es el caso particular de Al-Qaeda.

Sin embargo, lejos de poner freno a la política de la administración republicana en la región, el ataque le dará un nuevo impulso, justificándose en la necesidad de terminar con el terrorismo, dijo a LA NACION un funcionario diplomático.

George W. Bush sostuvo ayer que los ataques en Riad no hacen otra cosa que recordar a Estados Unidos "que la guerra contra el terrorismo continúa". El presidente norteamericano prometió en un acto en Indianapolis que encontrará a los asesinos y "aprenderán el significado de la justicia estadounidense".

Desde el ataque del 11 de septiembre de 2001, la política doméstica y exterior norteamericana ha estado dominada por la guerra contra el terrorismo, que lejos de estar por terminar y habrá que redoblar tras los atentados en Arabia Saudita, dijo ayer el vicepresidente Dick Cheney, uno de los halcones de la administración de Bush.

"Esta es una clara señal de que Estados Unidos necesita estar alerta no sólo dentro del país sino en el exterior", dijo el experto en terrorismo Harvey Kuchner a la cadena Fox.

Dos semanas atrás, a bordo del portaaviones Lincoln, Bush declaró el final de los combates en Irak y sostuvo que la batalla en ese país "es una victoria en la guerra contra el terrorismo que comenzó el 11 de septiembre de 2001 y que todavía continúa".

Sin embargo, las críticas hacia la política antiterrorista de Bush se lanzaron apenas se conoció el atentado en Arabia. El senador Bob Graham, uno de los precandidatos presidenciales demócratas para el 2004, criticó la laxitud en la guerra contra el terrorismo y destacó que el ataque de ayer se podría haber evitado si se hubiera aniquilado la infraestructura básica de Al-Qaeda.

Dos semanas atrás, el Departamento de Estado advirtió que información de inteligencia en poder de Estados Unidos indicaba que grupos terroristas podrían estar en la fase final de un plan de ataque contra los intereses norteamericanos en Arabia Saudita. El anuncio fue el 1° de mayo pasado, para que los ciudadanos estadounidenses evitaran viajar a ese país.

Mayor riesgo en la región

El atentado en la capital de Arabia Saudita, el más cruento desde la guerra en Irak, que fue ejecutado con una enorme precisión, demuestra que la organización terrorista fundada por Osama ben Laden -la principal sospechosa- se ha reconstituido después de la guerra en Afganistán y representa una amenaza permanente contra los intereses norteamericanos. Pero también una amenaza que puede minar los esfuerzos para estabilizar la región, con la paz entre israelíes y palestinos como núcleo principal.

En Londres, el Instituto Internacional para Estudios Estratégicos abonó la teoría de un aumento en la inestabilidad regional y los riesgos de atentados terroristas a partir de una mayor intervención y presencia de Estados Unidos en Medio Oriente.

Según John Warden, un ex oficial de la fuerza aérea que combatió durante la Guerra del Golfo y ahora es consultor militar, el atentado de ayer es una demostración de que Afganistán fue el campo de entrenamiento de Al-Qaeda, "pero su cuartel central siempre estuvo en Arabia Saudita", de donde es originario Ben Laden.

Funcionarios citados por CNN afirmaron que existe evidencia de que Al-Qaeda planea nuevos ataques adicionales a los ocurridos en Riad.

Las relaciones entre Estados Unidos y el reino saudita siempre fueron inestables, pero mucho más complicadas después de los atentados del 11 de septiembre. Sin embargo, desde la Guerra del Golfo, en 1991, cuando Estados Unidos desplegó allí bases aéreas y dejó miles de soldados en forma permanente, Arabia fue la puerta de entrada para la influencia norteamericana en el mundo árabe.

El profesor de la Universidad de Vermont, Gregory Gause, experto en Medio Oriente, planteó en un trabajo sobre las relaciones entre Estados Unidos y los países árabes tras la guerra que la agenda de Washington con Arabia se debería concentrar en aquellos aspectos en los que la cooperación de Riad sea esencial para los intereses norteamericanos: la política petrolera, la estabilidad regional y el rol de los sauditas en el mundo árabe como parte de la guerra global contra el terrorismo, y debería dejar de tratar de modificar cuestiones centrales de la política doméstica de ese reino.

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