Llega el Día D para Conte e Italia se prepara para vivir en otra turbulencia política

Conte, durante un acto oficial en Foggia, en el sur de Italia
Conte, durante un acto oficial en Foggia, en el sur de Italia Fuente: EFE - Crédito: F. Cautillo
El premier se presenta hoy ante el Senado bajo la amenaza de una moción de censura y muchos dan por descontado que presentará su renuncia; los escenarios que se abren
Elisabetta Piqué
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20 de agosto de 2019  

ROMA.- Hoy será un día clave en Italia. A las tres de la tarde (las 10 en la Argentina), el primer ministro Giuseppe Conte se presentará ante el Senado para pronunciarse sobre la crisis política desencadenada por el aún ministro del Interior, Matteo Salvini, que el pasado 8 dinamitó la extraña alianza de gobierno entre la derechista Liga y el antisistema Movimiento Cinco Estrellas (M5E).

Aunque aún era incierto si se sometería a una votación de confianza o no, la mayoría de los analistas apuestan a que, antes o después, Conte presentará su renuncia ante el presidente Sergio Mattarella.

En los últimos días al rojo vivo -no solo por la altas temperaturas-, las discrepancias entre el M5E y la Liga se hicieron más evidentes que nunca. Y el duelo entre Conte y Salvini, aún viceprimer ministro, se agudizó como nunca por el caso de la nave de la ONG española Open Arms. Con Conte, que una carta abierta al líder de la Liga dejó en claro su rechazo absoluto a su política de puertos cerrados y hasta lo obligó a autorizar el desembarco de los menores a bordo de la embarcación, en el centro de una escandalosa disputa.

¿Qué pasará después de la inevitable renuncia de Conte? Según la praxis constitucional vigente en Italia, donde rige un sistema parlamentario por el cual los gobiernos nacen y mueren en el Parlamento, Mattarella, de 78 años y gran prestigio entre los italianos, se convertirá en el árbitro de la caótica situación política y dará inicio a una ronda de consultas con las diversas fuerzas políticas. En este marco se abren varios escenarios.

El primero es el de las elecciones anticipadas, que es lo que reclama "el capitán" -apodo que se ganó el carismático Salvini-, porque sabe que de ir al voto ganaría cómodamente. Los sondeos indican que tendría una intención de voto de entre el 36% y el 38%. Es decir, estaría a un paso de obtener la mayoría en el Parlamento (40%), aliándose con Hermanos de Italia, el partido de derecha de Giorgia Meloni.

Pero justamente para evitar la llegada de Salvini al poder es que, en los últimos días de rosca política, maniobras y negociaciones subterráneas, el M5E y el Partido Democrático (PD, de centroizquierda, en la oposición), hasta hace poco enemigos acérrimos, aunque siguen negándolo, habrían abierto las puertas a una posibilidad de acuerdo.

Mattarella en sus consultas deberá explorar si, efectivamente, tiene sustento la hipótesis de un gobierno "rojo-amarillo" -por los colores del PD y el M5E-, que contaría con el apoyo de Libres e Iguales, otro partido de izquierda.

Fue el exprimer ministro Matteo Renzi, del PD, el primero que rompió el tabú de un acuerdo con los "grillini", como se llaman los miembros del partido creado por el cómico Beppe Grillo.

Renzi lanzó la idea de un gobierno de "responsabilidad nacional" que le hiciera frente a la grave crisis económica que padece Italia, bajo amenaza de un aumento del IVA y de que debe presentar a la Unión Europea (UE) una nueva ley de presupuesto en octubre. La propuesta de Renzi recibió el visto bueno del expremier y comisario europeo Romano Prodi, de 80 años y "padre noble" del PD.

Prodi incluso fue más allá y propuso una "alianza Ursula", formada por los partidos que, hace unas semanas, votaron en la UE por la alemana Ursula von der Leyen como nueva comisaria europea: se trata del PD, el M5E y Forza Italia, del magnate y expremier Silvio Berlusconi.

Más allá de las diversas soluciones -que ayer los diversos protagonistas seguían negando-, según analistas en esta fase de consultas que se abre, que durará varios días, Mattarella no se prestará a jueguitos. Ni tendrá la paciencia que tuvo en marzo de 2018, cuando, después de las elecciones en las que triunfó el M5E, se abrió un período de negociaciones eterno, que duró 89 días.

Entonces el líder del M5E y aún viceprimer ministro, Luigi Di Maio, intentó abrochar un acuerdo con el PD, que no prosperó. Y después selló una alianza con la Liga de Salvini, con quien formó el primer gobierno populista y soberanista de Europa (que duró apenas 445 días).

Al parecer Mattarella, preocupado por la inestabilidad y la dramática situación político-financiera de Italia, pretende un proyecto de gobierno serio y de largo plazo. De no ser así, optará por un gobierno técnico, corto, cuyo objetivo será llevar a Italia a elecciones anticipadas. Algo que, en verdad, nadie quiere. Sobre todo el M5E, a quien los sondeos le dan una intención de voto de entre el 7% y el 8%.

Es decir, una debacle absoluta, si se tiene en cuenta que en marzo de 2018 Di Maio había ganado los comicios superando el 32% de los votos, que le fagocitó la Liga de Salvini.

Respaldado por su mentor, Beppe Grillo, Di Maio rechazó en los últimos días cualquier intento de reconciliación ensayado por Salvini, que pareció darse cuenta de que lo suyo fue demasiado arriesgado. "Salvini perdió la cabeza, nos apuñaló a nosotros y al país por la espalda", denunció Giggino Di Maio.

Consciente de que ya no hay posibilidad de volver atrás, y bajo amenaza de una alternativa "rojo-amarilla", su exsocio Salvini pasó al ataque. "El del PD y el M5E será el gobierno de los derrotados, un engaño para los italianos", acusó. Y con su retórica populista intacta llamó al pueblo italiano a rechazar ese escenario llenando "pacíficamente" las plazas del país.

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