"Llegué a contar más de cien bombas en un solo día"

El cura argentino David Fernández relata cómo es vivir en Aleppo, una ciudad siria bajo asedio
Rubén Guillemí
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7 de mayo de 2016  

Las calles en ruinas del sector más antiguo de Aleppo, donde resisten las milicias insurgentes
Las calles en ruinas del sector más antiguo de Aleppo, donde resisten las milicias insurgentes Fuente: Reuters - Crédito: Abdalrhman Ismail

"Esta semana fue terrible. Llegué a contar más de cien bombas en un solo día... Imagínese lo que es vivir en una ciudad donde un día como el miércoles hubo 20 horas de bombardeos sin parar", relató desde Aleppo el cura católico tucumano David Fernández, del Instituto del Verbo Encarnado.

Las comunicaciones con Siria, inmersa en una guerra civil que ya lleva más de cinco años, son sumamente difíciles. Pero luego de coordinar la llamada durante varios días, la voz del padre David finalmente se oye entrecortada del otro lado de la línea.

"Los bombardeos se ensañan especialmente contra las poblaciones vulnerables. Por eso esta semana atacaron el hospital maternal Al-Quds, donde murieron unas 50 personas, la mayoría embarazadas y bebes recién nacidos. Lo que los rebeldes están buscando es doblegar al gobierno con estos golpes", dijo el sacerdote.

Aleppo, la ciudad más grande de Siria después de Damasco, donde viven cinco millones de personas, fue antes de la guerra la capital económica del país. Por eso los grupos islamistas del Frente al-Nusra (ligado a Al-Qaeda), Estado Islámico (EI) y el Ejército Libre (EL) luchan por ese botín, que aún está en su mayor parte bajo control del gobierno del presidente sirio, Bashar al-Assad.

"Por ahora las tropas del gobierno mantienen abierta la única ruta que ingresa a la ciudad. Así es como nos llegan las provisiones de alimentos y medicinas. Pero hay semanas enteras que está todo bloqueado y entonces empieza la lucha por la supervivencia", explica.

En 2009, cuando aún no había estallado la guerra, el sacerdote argentino, que entonces tenía 41 años, llegó a Siria para acompañar temporalmente a otro cura argentino que estaba misionando en ese país. Luego se desató la guerra y, con ella, la catástrofe humanitaria. El padre David comprendió entonces que Dios tenía pensado para él algo más que una estadía temporaria en Aleppo.

Las dos casas del instituto, que están a metros de la principal universidad de la ciudad, sirven de alojamiento a unos 40 jóvenes de ambos sexos, que son del interior del país y llegaron a Aleppo para estudiar. Pero con la guerra esas casas se convirtieron también en refugio de numerosas familias que se quedaron sin vivienda.

El estado anímico de esos refugiados es gravísimo. "Esta semana nos trajimos una familia cuya vivienda había sido destruida por un misil y no querían salir de la habitación en la que habían quedado encerrados. El traslado hasta acá fue además muy peligroso, porque en la calle uno puede ser blanco de los misiles y también de francotiradores. Y esta gente ahora tiene pánico hasta de acercarse a una ventana".

"Hay dos cosas que no me dejan dormir", explica el padre David. "Una es el ruido de las bombas, y otra es el estado de alerta, porque estoy permanentemente pensando en cuándo llegará el momento de tener que escapar. Es mucha gente que está a nuestro cargo y sentimos la responsabilidad de cuidar la vida de cada uno de ellos."

Sobre la alternativa de huir hacia otros países el cura argentino tiene una posición escéptica. "¿Por qué no escapamos todos en masa de Siria? Primero porque es una travesía muy cara para la gente pobre. Cuesta miles de euros y el final es siempre incierto. Además, lanzarse a las rutas con toda una familia puede ser algo suicida. Los caminos están copados por los grupos rebeldes que se ensañan con los civiles que huyen", dice.

Así, bloqueados por el fuego y las bombas, los habitantes de Aleppo sobreviven a la guerra con heroísmo. "Ya sé que es difícil imaginarlo desde la Argentina, pero en medio de todo esto, la gente trata de trabajar y los jóvenes van a clases, aunque uno muchas veces se juega la vida hasta cuando sale a la calle a hacer las compras en un almacén. Todos vivimos esperando que esto en algún momento se termine y volvamos a vivir en paz."

El padre David tiene un recuerdo grato de sus primeros años en Aleppo. "En Siria había una convivencia pacífica entre las diferentes etnias y religiones, cristianos, judíos y musulmanes. Si bien Al-Assad nunca fue un presidente democrático, era alguien con quien Occidente podía dialogar. Pero lo que estamos viendo es que en las áreas que caen ahora bajo control de los islamistas se aplica un régimen de terror y de persecución, especialmente contra los cristianos."

Cuando se le consulta al sacerdote sobre cuál cree que es la solución para el conflicto, se produce un silencio y luego responde. "Lo primero es que los países que están vendiendo armas y financiando a los rebeldes islamistas dejen de hacerlo. Ésta es una guerra creada y fomentada desde el exterior. Hay que permitir que Siria encuentre su propio camino hacia la democracia. Y no hay que engañarse: ninguno de los grupos que enfrentan al ejército nacional quiere la democracia. Si Occidente sigue apoyándolos se va a encontrar luego con un problema mucho más difícil de resolver", afirma.

David Fernández

Instituto del Verbo Encarnado

Profesión: Sacerdote

Edad: 48 años

Origen: Argentina

  • En 2009 viajó a Egipto para estudiar árabe con el objetivo de trabajar luego como misionero en Irak, pero finalmente se quedó un tiempo en la ciudad sriria de Aleppo para acompañar a otro sacerdote argentino, Rodrigo Rojas
  • En 2011 lo sorprendió allí el comienzo de la guerra civil y, ante la catástrofe humanitaria, comprendió que su colaboración en Siria era mucho más urgente que en Irak
  • En Aleppo, está a cargo de un hogar para jóvenes universitarios, que ahora también aloja a refugiados
  • El cura tucumano guarda un buen recuerdo de la convivencia entre las diversas etnias y religiones en Siria antes de la guerra, por lo que sostiene que las potencias deben permitir "que Siria encuentre su propio camino hacia la democracia"

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