Lo peor de las tensiones sectarias está por venir

Prashant Rao
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29 de noviembre de 2013  

BAGDAD.-Las relaciones entre sunnitas y chiitas corren el riesgo de deteriorarse todavía más en Medio Oriente debido a la guerra en Siria y a las próximas elecciones en Irak.

El miedo de que las relaciones entre las dos grandes corrientes del islam se agraven volvió a acentuarse con el doble atentado, el 19 de noviembre, contra la embajada iraní en el Líbano, reivindicado por un grupo vinculado a la red terrorista sunnita Al-Qaeda.

Irán, una teocracia chiita, es aliado del régimen sirio de Bashar al-Assad, que profesa la religión alauita (una secta chiita) y lucha contra una rebelión mayoritariamente sunnita.

La guerra en Siria genera con frecuencia episodios violentos en el Líbano y también tiene repercusiones en Irak, sumido actualmente en una espiral de violencia que hace temer un conflicto interconfesional como el registrado entre 2006 y 2007.

"La situación es horrible, y empeora", explica Fanar Hadad, investigador del Instituto para Medio Oriente de la Universidad Nacional de Singapur y autor del libro Sectarismo en Irak .

"Hoy se ven los efectos acumulados durante diez años en Irak, y además está Siria... Tiemblo ante la idea de lo que pueda pasar. Parece que nos dirigimos hacia una división todavía mayor entre sunnitas y chiitas", señaló. "Creo que lo peor todavía está por llegar", pronosticó el investigador.

Los chiitas son minoritarios entre la comunidad musulmana en el mundo, pero mayoritarios en Irán, Irak y Bahrein. Las tensiones entre las dos ramas principales del islam se acentúan entre el Ashura y el Arbain, dos conmemoraciones chiitas muy importantes que tienen lugar con un intervalo de 40 días. La celebración del Ashura, el 14 de noviembre pasado, resultó ensangrentada por la muerte de decenas de chiitas en varios atentados en Irak.

Numerosos expertos consideran que las dificultades crecientes entre chiitas y sunnitas son consecuencia de la invasión norteamericana en Irak de 2003, que puso fin al régimen del dictador sunnita Saddam Hussein e instaló en su sitio a autoridades chiitas.

Según los analistas, el estado actual de las cosas también es consecuencia del asesinato del primer ministro libanés sunnita Rafik Hariri en 2005 y de la guerra en Siria.

"Lo cierto es que la división entre sunnitas y chiitas aumentó desde 2005", explica Sahar al-Atrache, especialista en cuestiones del Líbano en el grupo de investigación International Crisis Group.

Entre los chiitas, hay "una especie de temor, legítimo o no" de que un islam político dominado por los sunnitas se propague en la región, sobre todo desde la "primavera árabe", explicó. "Esto contribuyó a las posiciones adoptadas por [la guerrilla chiita libanesa] Hezbollah, Irak e Irán sobre el tema sirio", añadió.

La guerra siria, en la que Hezbollah lucha junto con el régimen contra los rebeldes, ya dejó 120.000 muertos.

"El sectarismo aumentó claramente", cuenta Omar Shakir, un activista de Homs. "Nuestro régimen es un régimen sectario. Forma a milicias compuestas por combatientes de una secta. Y cuando las personas ven las matanzas cometidas por el régimen, también reaccionan de forma sectaria, con el mismo odio al que se vieron confrontadas."

En Irak, los diplomáticos y las autoridades están preocupados ante el cariz que pueden tomar las elecciones legislativas de abril. Los partidos, motivados más por divisiones tribales que por la ideología, podrían dañar aún más las relaciones entre las comunidades, en un país que sale de una guerra interconfesional (2006-2007). "Por el momento, todo lo que vi apunta a posiciones más marcadas, y no más moderadas", explica un diplomático occidental que pidió el anonimato.

"Las elecciones restringen la flexibilidad, en vez de aumentarla. Cada uno juega por su equipo", resumió.

El régimen sirio recupera una zona clave

El ejército sirio logró ayer un avance decisivo al recuperar un sector clave al norte de Damasco con el objetivo de asfixiar a los rebeldes posicionados alrededor de la capital y en el centro del país. Las fuerzas de Bashar al-Assad se apoderaron de Deir Atiya, en la región de Qalamun, donde el 19 de noviembre habían tomado Qara.

El régimen quiere llegar en posición de fuerza a la conferencia de paz de Ginebra 2 para mitigar las exigencias de la oposición que reclama la salida del poder del dictador.

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