Lobos solitarios, la amenaza indetectable

Juan Landaburu
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23 de mayo de 2013  

En el escalofriante video grabado después de su crimen, uno de los dos hombres que asesinaron ayer a un soldado británico dejó en claro su motivación: "Ustedes no estarán más a salvo".

Su ataque no tuvo ni el poder letal ni la espectacularidad de los atentados en el subte de Londres de 2005, pero en su escala logra el mismo cometido: sembrar el terror y el pánico. En otras palabras, que la gente piense dos veces antes de salir de casa.

Los llamados "lobos solitarios" se convirtieron en los últimos años en la preocupación central de las agencias de inteligencia occidental. Por no pertenecer a ninguna agrupación, son una amenaza indetectable que, con recursos mínimos, puede estremecer a un país.

Después de los atentados en Nueva York (2001), Madrid (2004) y Londres, las agencias occidentales lograron desbaratar nuevos complots masivos, y uno por uno fueron limitando el poder de los cerebros del terrorismo islámico internacional.

Un mes después de la muerte de Osama ben Laden, en mayo de 2011, Al-Qaeda, ya sin la capacidad logística de antes, hizo un llamado a la acción individual a todos los islámicos que vivieran en países occidentales. Cualquier persona que tenga conexión a Internet puede aprender a construir una bomba casera sin llamar demasiado la atención.

Pero incluso en casos en que las agencias de inteligencia tenían registros de movimientos sospechosos de los perpetradores, no fue suficiente para detenerlos.

Ése fue el caso de Umar Farouk Abdulmutallab, el joven nigeriano que fue capturado en la Navidad de 2009 a bordo de un avión con destino a Detroit luego de que fallara el dispositivo explosivo que llevaba en su ropa interior. Había informes de inteligencia previos que revelaban que estaba recibiendo entrenamiento en Yemen. También el de Mohamed Merah, que llegó a ser detenido por fuerzas norteamericanas en Afganistán dos años antes de disparar contra chicos judíos y soldados franceses en Toulouse en abril de 2012. La CIA también sabía que uno de los hermanos chechenos que atentaron contra la maratón de Boston el mes pasado habían tenido contactos con extremistas del Cáucaso. En ninguno de los tres casos pudieron hacer nada.

Uno de los grandes problemas es que es muy difícil construir una tipología de las motivaciones y métodos de los lobos solitarios. Anders Breivik, el extremista de derecha que mató a 77 personas en Oslo en julio de 2011, tiene muy poco que ver con Nidal Hassan, el médico del ejército norteamericano que, inspirado en el islam, tiroteó a 13 personas en la base de Fort Hood, Texas.

Otro problema es que su combate implica siempre una tensión entre el refuerzo de la seguridad y la restricción de las libertades individuales. Por eso Occidente es, y será, un blanco fácil para estos atacantes anónimos.

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