Los ataúdes y Diana: las fotos de la polémica

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24 de abril de 2004  

MIAMI.- Una fotografía de la princesa Diana reclinada sobre el asiento del Mercedes negro, momentos después del accidente en el que perdió la vida, difundida en el programa "48 horas" de la cadena CBS, provocó una ola de indignación, primero en la prensa inglesa, luego en la familia real y finalmente en casi todo el mundo.

No es que la foto hubiera sido particularmente reveladora. Por el contrario, se trataba de una fotocopia de una fotografía tomada por un paparazzi, incluida en el expediente francés del accidente. La imagen es extremadamente nebulosa y las facciones de la princesa son virtualmente indistinguibles. No se advierte sangre, ni cortes o moretones, y su único interés, si alguno tiene, reside en que se trata de una de las últimas imágenes de Diana aún con vida.

La mayoría de quienes se indignaron por su exhibición en el programa de la CBS no vieron la fotografía y sólo se hicieron eco de lo que decían los diarios. Estos -es decir, los ruidosos tabloides británicos- vieron, a su vez, una oportunidad de aumentar su circulación azuzando la rivalidad intercontinental a propósito de una figura tan venerada como Diana y montaron el circo del agravio.

La gente que se mostró disgustada y asqueada reaccionó ante la percepción de que mostrar las fotos no tenía otro propósito que el de seguir explotando morbosamente la muerte de la princesa, siete años después de su trágico fin. Nada, ni en la foto ni en el programa, aportó novedad alguna a lo que ya se sabía.

Casi al mismo tiempo que el debate por las fotos de Diana se encrespaba, otras fotos no menos trágicas salían a la luz. Eran las filas de ataúdes de los soldados norteamericanos muertos en Irak, que llegaban subrepticiamente a la base militar de Dover, estado de Delaware. Al igual que las de la princesa, estas fotos no debían ser difundidas, pero a diferencia de las de Diana, aquí la prohibición no era deferencial, sino política. En otras palabras, el Pentágono consideraba políticamente contraproducente que la llegada de ataúdes envueltos en la bandera norteamericana se convirtiera en una imagen con la que los norteamericanos desayunaran cada mañana.

Las fotografías que fueron reproducidas formaban parte de un paquete de 361 imágenes tomadas por fotógrafos del Departamento de Defensa, que fueron autorizadas después que Russ Kick, operador de un sitio de Internet llamado The Memory Hole, presentó un pedido en el marco del Acta de Libertad de Información. Su difusión fue efímera, puesto que el Pentágono lo consideró un error y se movió rápidamente para impedir que se siguieran exponiendo. Pero para entonces, las imágenes ya habían dado la vuelta al mundo.

El silencio es salud

De hecho, un día antes de que estas fotografías fueran autorizadas, un contratista del Pentágono despidió a una de sus empleadas y a su esposo por tomar una foto de un ataúd envuelto en la bandera en el momento en que estaba siendo cargado en un avión de la Fuerza Aérea norteamericana. La foto fue publicada por el diario The Seattle Times, y el contratista, Maytag Aircraft, consideró que la empleada había violado disposiciones del Departamento de Defensa y la política de la empresa.

El Departamento de Defensa alega que la prohibición de difundir imágenes de ataúdes se remonta al primer gobierno de Bush y que el propósito es proteger la intimidad de las familias de las víctimas, pero es difícil aceptar que esto sea lo que realmente preocupa a los estrategas de comunicación. Todavía son muchos los que piensan que la Guerra de Vietnam se perdió primero en las páginas de los diarios y en las pantallas de TV, y que no van a cometer el mismo error.

La gran ironía, como tantas que resultan de la extraña relación entre las manipulaciones de los medios y la emotividad pública, es que mucha más gente pareció tocada por la presunta afrenta cometida contra la memoria de la princesa que por la que se comete diariamente contra las víctimas sin rostro de una guerra absurda, moradores silenciosos de estos féretros embanderados que el Pentágono se empeña en ocultar.

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