Los candidatos en EE.UU., entre el amor y el odio a los hispanos

Bush y Gore intentan conquistar su voto; Buchanan, en contra de la inmigración.
Jorge Elías
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24 de octubre de 2000  

WASHINGTON.- El hombre está comiendo albóndigas, tranquilo. Pero sufre de pronto un espasmo. En el noticiero, Bill Clinton firma una orden ejecutiva por medio de la cual pone los servicios públicos a disposición de aquellos que no hablan inglés. Un horror, que lleva al hombre, atragantado con las albóndigas, a teclear, presuroso, el 911 (teléfono para emergencias de todo tipo).

Del otro lado de la línea, en lugar de una operadora nativa, la voz metálica de un contestador automático brinda alternativas para elegir el idioma. Español, coreano, inglésÉ Es el final del hombre de las albóndigas, que, rojo de ira, intenta en vano hablar con alguien en inglés en un país sin lengua oficial, en el que se supone que se habla inglés.

Doce millones de dólares invirtió Pat Buchanan, candidato presidencial por el Partido de la Reforma (de Ross Perot, en realidad), en el aviso televisivo, llamado "Albóndigas", en contra de la inmigración, que, según K. Forbes, su vocero, está fuera de control.

Buchanan, un católico conservador de 61 años que militó toda su vida en el Partido Republicano, hizo de la lucha contra la inmigración una bandera. Al extremo de preguntar, en los actos de las primarias de 1996, en las cuales era precandidato a presidente en contra de Bob Dole, si había en la sala algún José, mote despectivo de los hispanos, de modo de demostrar su rechazo al Tratado de Libre Comercio (TLC) con México y con Canadá.

No está solo en su prédica: los sindicatos suelen ver en la inmigración (la hispana, en especial) un escollo para los norteamericanos. Pero, a su vez, como dice Steve Mayors, empresario de la construcción del área de Arlington, Virginia, en un diálogo con La Nación , no es fácil contratar obreros. "Ofrezco seis dólares por hora y termino tomando salvadoreños o gente de otros países de América latina que tienen en regla sus permisos de trabajo", dice.

Será que las minorías ya no son minorías. O que, en realidad, los norteamericanos ya no quieren los trabajos en los que ganan menos. Y que, asimismo, muchos inmigrantes, una vez adquirida la ciudadanía, se han registrado para votar el 7 de noviembre. Razón por la cual los principales candidatos, George W. Bush y Al Gore, así como Hillary Clinton en su campaña por una banca del Senado por el Estado de Nueva York, no ahorran esfuerzos en pos de sumarlos a sus causas. Señal de ello es que dan lo que no tienen por estar en el canal latino Univisión, la quinta cadena de los Estados Unidos.

El motivo: uno de cada nueve votantes es hispano. O, al menos, se llama Rodríguez, Fernández o Pérez. O Vega, como Dagoberto, uno de los voceros demócratas: "Los canales de televisión en español son un medio poderoso para conectar a los candidatos con los votantes latinos", dice.

La gran mayoría de los latinos es de origen mexicano o mexicano-norteamericano (casi 21 millones). Le siguen los sudamericanos y los centroamericanos (4,5 millones), y los cubanos y los cubano-norteamericanos (1,3 millón). Los de otros orígenes son algo así como dos millones. De ellos, 6,5 millones están registrados para votar y, salvo la comunidad cubana, apoyan la causa demócrata, según Hispanic Trends.

La invasión espanta a Buchanan, asesor y redactor de discursos de Richard Nixon, director de comunicaciones de Ronald Reagan y conductor del programa Crossfire (Fuego Cruzado), que emite CNN. Pero, al mismo tiempo, otros norteamericanos, más calmos, advierten que se trata de una consecuencia lógica de la bonanza económica: "Bueno, así como mis ancestros vinieron hace 100 años, vienen ahora los latinos", dice, en un diálogo con La Nación , Tex Harris, retirado del servicio exterior.

En los Estados Unidos ya hay más de un millón de compañías cuyos propietarios son latinos. De ellas, más de 100.000 están radicadas en Texas, el Estado de Bush. Otro tanto sucede con los cargos públicos, sea por elecciones, sea por nombramientos: son 6000 en todo el país, que representan a 31,7 millones de personas (casi la población de la Argentina), según el censo de 1999, sobre un total de más de 270 millones.

En busca de nuevos horizontes

En 30 segundos, el nuevo aviso televisivo de Gore, dirigido a Florida, Nuevo México, Nevada, Pensilvania y Wisconsin, es bilingüe: "We have come far (Hemos llegado lejos)", dice, en un idioma y en el otro, una mujer de edad mediana. El mensaje en sí mismo aplaude la decisión de abandonar la tierra natal en busca de mejores horizontes. En otro, de Bush, su sobrino George hablará en inglés y en español, según dice a La Nación un hombre comprometido con la campaña.

Mientras Bush aventaja levemente a Gore en las encuestas, Buchanan araña el uno por ciento. Debajo, incluso, del candidato ecologista, Ralph Nader. Es como una indigestión, o un espasmo, con albóndigas en un país que, según Clinton, nunca ha dejado de ser de inmigrantes.

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