Los CEO tienen una nueva preocupación: el activista en jefe
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NUEVA YORK.- Durante años, los CEO vivieron con el temor de convertirse en blanco del inversor activista Carl Icahn. Ahora le tienen miedo a otro tipo de activista, tal vez el menos esperado: el presidente norteamericano, Donald Trump.
Mientras intentan entender el impacto que tendrá el gobierno de Trump en sus negocios, los ejecutivos de todo el mundo parecen tener una reacción casi bipolar: una sensación de euforia ante la perspectiva de que las regulaciones y los impuestos sean recortados en lo inmediato, y al mismo tiempo temor de convertirse en el blanco de las diatribas del presidente por Twitter, algo que podría terminar con sus negocios y tal vez también con sus carreras.
En los últimos dos meses, decenas de CEO peregrinaron a la Torre Trump en Nueva York.
Por el momento, la acción parece haberse trasladado a Washington. Anteayer, a las 9, llegó a la Casa Blanca una bandada de ejecutivos: Elon Musk, de Tesla; Kevin Plank, de Under Armour, y Andrew Liveris, de Dow Chemical, entre otros.
Según más de una decena de los CEO que asistieron, esas reuniones son vistas por la clase ejecutiva no sólo como una oportunidad para inclinar las políticas públicas a su favor, sino como una medida defensiva: hacerse amigos del presidente de entrada para ponerse a salvo de su ira futura.
Que nadie se equivoque: las empresas están haciendo cambios -o al menos así lo anuncian públicamente- destinados en mayor o menor medida a agradar o aplacar a Trump. Amazon dijo que contrataría 100.000 empleados. Ford canceló sus planes para una fábrica en México y prometió crear 700 puestos en Estados Unidos.
Foxconn, la enorme fabricante taiwanesa que está detrás del iPhone, dijo anteayer que gastaría 7000 millones de dólares en Estados Unidos para construir una fábrica que emplearía hasta 50.000 personas.
La historia, que ganó los titulares en todo el mundo, fue una clara dádiva para Trump: en muchas maneras, la declaración de Foxconn fue vista como una cuña contra la posibilidad de que el nuevo presidente, que ha amenazado con una guerra comercial con China y criticado a Apple por fabricar sus iPhones en el extranjero, pretenda ponerles más presiones a sus negocios.
Jack Ma, fundador de Alibaba, visitó a Trump hace dos semanas y anunció la construcción de una plataforma online que, según prometió, crearía un millón de puestos de trabajo en el Medio Oeste, para que los granjeros y pequeños empresarios puedan exportar a China.
Masayoshi Son, líder de SoftBank, fue aparentemente usado como pieza de utilería por Trump cuando anunció, en diciembre, que planeaba invertir 50.000 millones de dólares en Estados Unidos, y un mes antes ya había hablado de sus planes para armar un fondo de 100.000 millones y que gran parte seguramente sería invertido en Estados Unidos.
Estrategia
"Tengo la extraña sensación de que Amazon y muchos otros no quieren irritar a Trump", escribió la semana pasada el presidente de Creative Strategies, Tim Bajarin. "Lo que dice y hace desde su púlpito podría perjudicarlos mientras esté en el poder."
Icahn, amigo y seguidor de Trump que fue recientemente nombrado asesor especial en regulaciones, dijo: "Tiene razón al decir que mi vinculación con las empresas es de alguna manera análoga" a la que tiene Trump con los dirigentes de las mismas.
"Si se están aprovechando del sistema, mejor que tengan miedo", señaló Icahn en referencia a las corporaciones.
"Recuerden que muchos de los tipos a los que perseguí, merecían tener miedo, pero en muchos casos compré acciones en empresas con gerencias que me caían bien, y los ayudé a hacer las cosas bien a pesar de que tenían directorios recalcitrantes."
"Va a ser un viaje agitado -dice Icahn-. Pero en el largo plazo hará un gran trabajo por el país."
Mientras que algunos ejecutivos se han enfocado desde la óptica de sus negocios en relación a Trump, Laurence D. Fink, presidente y director ejecutivo de BlackRock, deja entrever que cada empresa debe repensar su propia estrategia.
"Creemos que es imperativo que las empresas entiendan estos cambios y adapten sus estrategias de ser necesario", escribió Fink en una carta que está por enviar a los ejecutivos de las mayores empresas que cotizan en Estados Unidos. "No sólo después de un año como 2016, sino como parte de un proceso constante por entender el entorno en el que uno opera."
Traducción de Jaime Arrambide
Andrew Ross Sorkin
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