Los ciclos de venganza entre palestinos a israelíes, consecuencia de un orden aberrante

Roger Cohen
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8 de julio de 2014  

PARÍS

"Israel es un Estado pacífico donde todos están obligados a actuar de acuerdo a la ley", dijo el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, tras el secuestro y asesinato de un adolescente palestino que fue baleado en un aparente acto de venganza por el asesinato de tres adolescentes israelíes en Cisjordania.

Netanyahu calificó de "abominable" el asesinato del palestino Mohammed Abu Khadeir. Y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, condenó el asesinato de los tres israelíes con durísimos términos.

¿Qué pensar de este reciente derramamiento de sangre en el conflicto de árabes y judíos, más allá de la revulsión que despierta la pérdida sin sentido de cuatro jóvenes vidas? ¿Qué pensar de las incómodas palabras de los mismos líderes que decidieron tirar a la basura nueve meses de intentos de mediación diplomática por parte de Estados Unidos y que ahora cosechan los frutos de su propia poquedad?

A veces, las palabras resultan inverosímiles, ya que los perpetradores del conflicto se regodean en la atención que concitan: supuestos pacificadores que insisten en que la razón puede imponerse sobre la venganza y las revelaciones bíblicas.

Hay que decir que Israel, un Estado con leyes dentro de las fronteras anteriores a 1967, no es un Estado con leyes más allá de ellas. En la Cisjordania ocupada, su dominio sobre millones de palestinos -que ya lleva casi medio siglo- implica una rutina de coerción, humillaciones y abusos de los cuales la mayoría de los israelíes se hacen cada vez más los desentendidos. Lo que ocurre detrás de esa Línea Verde hace tanto tiempo olvidada toca sus conciencias sólo cuando estalla la violencia. Caso contrario, todo eso pasa detrás del muro o la barrera, en lugares donde mejor no vivir.

Pero esos lugares retornan para atormentar a los israelíes, como quedó demostrado con el atroz asesinato de Eyal Yifrah, Gilad Shaar y Naftali Fraenkel. Sin presentar evidencias, Netanyahu acusó a Hamas de los asesinatos. La extensa respuesta israelí sobre Cisjordania dejó por lo menos seis palestinos muertos y unos 400 arrestados. Las represalias se extendieron a Gaza. A su vez, en respuesta, los militantes palestinos de la Franja lanzaron artillería sobre el sur de Israel.

Eso no pasa en un Estado con leyes. Detrás de la Línea Verde, yace un anárquico emprendimiento israelí que con el tiempo resulta profundamente corrosivo para el noble sueño sionista de una democracia bajo el imperio de la ley.

Los cuatro asesinatos fueron en territorio ocupado o anexado por Israel después de 1967. Allí, la ley pasó a ocupar un segundo lugar frente al reclamo de los nacionalistas religiosos que creen que los judíos tienen derecho divino sobre todas las tierras entre el Mar Mediterráneo y el Jordán.

Ninguna democracia puede resultar inmune si al mismo tiempo gobierna antidemocráticamente por la opresión en un territorio bajo su control. Israel repta hacia un gobierno militar sobre los palestinos de las zonas ocupadas, donde no tienen el consentimiento de los gobernados.

En cuanto a la ANP, es débil, y el movimiento palestino está corroído por divisiones internas debajo de un "gobierno de unidad" que ni siquiera puede pagar sueldos en Gaza.

En ausencia de un acuerdo de paz entre ambos Estados, la venganza se impondrá a la ley. La violencia no es la aberración. Es la consecuencia de un orden aberrante capaz de linchar a la turba, ya sea árabe o judía.

La mayoría de los israelíes y palestinos quieren paz. Pero sus líderes son personajes que sólo buscan ganancias tácticas a corto plazo.

Un amigo francés reenvió hace poco el último boletín de la violinista francesa Mathilde Vittu, que enseña música en Cisjordania. Cuenta que sus alumnos palestinos, al salir de sus clases con sus instrumentos, son rodeados por soldados israelíes que buscan provocarlos. Vittu fue a Gaza y vio el "doble encarcelamiento" que constituyen Israel y "las reglas de Hamas".

En un conservatorio improvisado, Vittu habla de la "emoción" que sintió tras un mágico concierto donde la gente le agradecía por haberlos "liberado por una noche a través de la música". Un muy talentoso violinista de 14 años le dijo que planeaba dejar de tocar para convertirse en "mártir", ya que un amigo había muerto en Cisjordania. Vittu se quedó preocupada. Después, varios vecinos le contaron que son muchos los chicos de Gaza cuya ambición a los 14 años es ésa.

Yifrah, Khadeir, Fraenkel, Shaar: ¿sus muertes servirán para algo? Lo dudo.

Traducción de Jaime Arrambide

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