Los grandes desafíos de Putin

Avanzar con las reformas económicas y mejorar las relaciones con Occidente son sus prioridades.
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29 de marzo de 2000  

MOSCU.- Después del nada sutil mensaje a Occidente con el lanzamiento anteayer de tres misiles, Vladimir Putin volvió ayer a ser el hombre de los mil rostros, o tal vez el espejo mágico donde cada uno ve la imagen que quiere. Así, insistió en que hay que acelerar las reformas económicas para favorecer al mercado, condecoró como "héroe de guerra" al general que ganó la batalla clave en Grozny, la devastada capital de Chechenia; reclamó que la sociedad se una para hacer la gran Rusia y dio señales de que nombrará a un reformador como futuro primer ministro.

En realidad, la jornada de Putin de ayer no parece muy distinta de las que vendrán en los próximos días, sobre todo hasta que asuma formalmente como presidente de Rusia, lo que sucederá en la primera semana de mayo próximo, según se espera.

"Tenemos que avanzar hombro con hombro y mano a mano para resolver juntos los problemas de la patria", dijo Putin en el acto en el Kremlin durante el cual condecoró al general Vladimir Bulgakov, el vencedor de Grozny, la ciudad que quedó absolutamente en ruinas.

De todos modos, aunque Putin puede pedir la unidad nacional para resolver las tareas pendientes, todavía le falta decir cómo hará él, como nuevo mandatario, para hacerlo, ya que aún no tiene programa de gobierno y su campaña se basó más en "la derrota de los terroristas", como llama a los rebeldes chechenos, que en propuestas concretas de gobierno.

El nuevo De Gaulle

Según el analista Viacheslav Nikonov, Putin "puede convertirse en el nuevo (Charles) De Gaulle ruso", uno de los personajes contemporáneos más admirados por el ex agente de la KGB, hoy presidente del país más grande del mundo. "Es más conservador que liberal y apunta al fortalecimiento del Estado y a una política exterior independiente", destacó.

Sin embargo, Putin tiene una ciclópea tarea por adelante: recuperar la economía, lidiar con los ímpetus de autonomía de muchas de las regiones que componen esta república, terminar la guerra en Chechenia de una manera que deje contento a Occidente y a los propios rusos, dar señales claras y concretas de que se terminó el poder de la "oligarquía", el sector cercano a Boris Yeltsin que se hizo millonario con las corruptas privatizaciones y que, según analistas y liberales, tiene y tendrán una gran influencia en el futuro gobierno.

De los temas pendientes, el primero es el económico, ya que los rusos pueden haber elegido a Putin por su imagen de líder, pero tras las elecciones comienzan a reclamar que tome las medidas necesarias para sacar al país de la crisis en la que se encuentra la mayoría de su población, con salarios promedio de US$ 60 mensuales.

"Hay un número de temas clave, como la corrupción, la regulación corporativa y el obedecimiento a las leyes", estimó Charles Blitzer, jefe de economistas de mercados emergentes de Donaldson Lufkin and Jenrette, bastante pesimista: "Es evidente que el señor Putin no tiene ideas claras sobre cuán rápido y lejos quiere ir en esas direcciones", sentenció.

Sergei Glazer, jefe de investigaciones del Alfa-Bank de Moscú aseguró que "Putin tiene la voluntad de reformar, pero no tiene el conocimiento ni la experiencia necesarios".

Una frase de Putin da una idea más cabal sobre lo que los analistas marcan como la dualidad de criterio del nuevo hombre fuerte de Rusia. "Un Estado fuerte es la fuente y la garantía del orden y el principal motor de todos los cambios", aseguró, antes de los comicios, en lo que se cree será la piedra basal de su programa de gobierno: mayor control estatal pero a la vez, libertad de mercados.

Sin embargo, el analista Pavel Flegenhauer opinó: "Las declaraciones son patéticas por su falta de detalles. Podrían significar una cosa, o ser una cortina de humo liberal".

Una de las señales más claras que se esperan de Putin es el nombramiento de su primer ministro. Según todas las señales, podría designar a Mikhail Kasianov ministro de Finanzas. Respetado en Occidente, Kasianov tiene dos méritos: haber mantenido la estabilidad del rublo tras la devaluación de 1998 y negociado ayuda para Rusia por 10.000 millones de dólares en febrero último.

Pero, más allá de los nombres, lo importante es si Putin tiene o no la voluntad política para llevar adelante los cambios. Y si bien ha dicho hasta el hartazgo que quiere tener una "dictadura de la ley", muchos temen que no se anime a ir a fondo en la lucha contra la corrupción, que se ha infiltrado en la economía rusa.

La relación con Occidente

Una de sus principales ideas para eso es reclutar a ex colegas de la KGB para que realicen esa tarea, pero la sola idea de darle nuevamente poder a los servicios secretos le pone los pelos de punta a una sociedad que no olvida las 7 décadas de terror estatal.

El otro punto central para Putin es su relación con Occidente, a quien necesita para sobrevivir económicamente pero a quien también responsabiliza en privado por la actual situación rusa, tanto por la crisis como por su papel de "potencia humillada" tras la debacle de la URSS.

Con una economía y una política globalizadas, Putin sabe que no puede sacar demasiado los pies del plato y que Occidente, aunque lo respalde, tampoco está dispuesto a que Putin intente recrear el viejo poder militar.

Uno de los diarios moscovitas en inglés, The Moscow Times, recordaba que Putin señaló que muchos de los males de Rusia se habrían evitado si Gorbachov no hubiese disuelto el Pacto de Varsovia y retirado las fuerzas de ocupación de Europa del Este. "Si el segundo presidente democrático de Rusia realmente cree que su país sería más seguro, rico y feliz si las tropas rusas aún estuviesen allí, entonces es más inseguro de lo que se cree", destacó el diario.

En definitiva, todos, rusos y occidentales, esperan que el nuevo premier dé las primeras señales de qué es lo que realmente tiene planeado. El juego de los espejos se terminó y el verdadero Putin tiene que salir a escena. Sólo entonces se sabrá cómo será el futuro.

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