Los graves errores iniciales

Paul Krugman
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25 de abril de 2004  

WASHINGTON.– El 11 de abril del año pasado, poco después de que fuerzas estadounidenses tomaron Bagdad, advertí que el gobierno del presidente Bush tenía un "patrón de conquista seguido por una negligencia maligna", y que existía la probabilidad de que ocurriera lo mismo en Irak. Lamento decir que esas inquietudes demostraron estar justificadas.

Ahora se acepta ampliamente que el gobierno de Estados Unidos "no logró, por mucho, prepararse para las misiones de seguridad y creación de una nación en Irak", por citar a Anthony Cordesman, perteneciente al Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales –del que no se sabía anteriormente que fuera un detractor de Bush–. Justo como los expertos en el mantenimiento de la paz pronosticaron antes de la guerra, la fuerza invasora era sumamente inadecuada para mantener la seguridad después de la guerra. Y este problema se tornó más complejo debido una serie de errores: no hacer nada por detener los saqueos posteriores a la guerra, la desarticulación del ejército iraquí, la cancelación de elecciones locales, la designación de un consejo provisional dominado por exiliados sin base política y excluyendo a importantes grupos en escala interna.

La lección de las últimas semanas es que la ocupación nunca se recuperó de esos errores iniciales. La insurgencia, que empezó durante esos primeros meses de caos, se ha propagado. Las fuerzas iraquíes de seguridad han abandonado sus puestos, o se volvieron en contra de nosotros.

Los ataques sobre convoyes se han multiplicado, se han cerrado importantes carreteras, y la reconstrucción ha perdido fuerza donde no se ha detenido por completo. El deterioro de la seguridad impide el progreso, la falta de progreso alimenta el desencanto popular, y el desencanto promueve la insurgencia.

¿Por qué fue predecible que la campaña en Irak saldría mal? El exorbitante costo de la victoria en Afganistán fue un claro precedente. Sin embargo, las deficiencias de carácter en el gobierno de Bush, que condujeron a la crisis actual, estuvieron claramente visibles en los meses posteriores al 11 de septiembre.

Impaciencia

Rápidamente quedó en claro que el presidente Bush, si bien estaba dispuesto a gastar enormes sumas de dinero en el ejército, no estaba dispuesto a invertir lo suficiente en seguridad. Y los ataques del 11 de septiembre sacudieron el compromiso fanático del gobierno actual con la privatización y el outsourcing (transferencia de empleos y/o de producción a sitios donde resulta más barato), en las cuales la ideología de libre mercado está entrelazada inextricablemente con la impaciencia por proteger y recompensar a los amigos corporativos.

Con toda seguridad, el gobierno de Estados Unidos no estaba preparado para enfrentar problemas predecibles de seguridad en Irak, pero avanzó rápidamente –en violación al derecho internacional– para imponer su visión económica.

El mes pasado, Jay Garner, el primer administrador estadounidense de Irak, declaró a la cadena británica BBC que había sido despedido, en parte, debido a que él deseaba efectuar elecciones a la brevedad. Sus superiores querían, primero, privatizar las industrias iraquíes como parte de un plan que, según Garner, fue trazado a fines de 2001.

En tanto, el gobierno distribuyó contratos sin licitaciones competitivas o siquiera una vigilancia mínima. Además, obstruyó sistemáticamente propuestas enfocadas a lograr que auditores del Congreso supervisaran el gasto o que impusieran severas penas por fraude.

Las "conexiones" y la corrupción son importantes factores en la espiral descendente de Irak. Esta semana, el programa radial "Mercado" transmite una serie titulada "El botín de guerra", que documenta un nivel de corrupción en Irak peor del que incluso los peores detractores habían sospechado. El despilfarro de dinero, aunque pudiera ascender a miles de millones de dólares, es discutiblemente lo menos importante, aunque los gastos militares actualmente ascienden a 4700 millones de dólares por mes. El gobierno estadounidense, fiel a la forma, está tratando de ocultar la necesidad de mayores recursos económicos hasta después de las elecciones presidenciales; Cordesman pronostica que Irak necesitará "más de 50 a 70 mil millones de dólares al año para, probablemente, dos años fiscales".

Lucro personal

Un aspecto de mayor peso es que el reporte de Mercado confirma lo que se está informando ampliamente: que la opinión común en Irak es que integrantes del Consejo de Gobierno, que fueron nombrados por Estados Unidos, están utilizando sus posiciones para enriquecerse, y que empresas estadounidenses estaban haciendo lo mismo. El lenguaje idealista de Bush pudiera ser convincente para los estadounidenses, pero muchos iraquíes consideran que las fuerzas de Estados Unidos están allí para respaldar a un régimen corrupto, no la democracia.

¿Y ahora qué? Existe la percepción creciente de ansiedad, incluso pánico, con respecto a Irak entre expertos de seguridad nacional. "Esta es una lucha sumamente incierta", asegura Cordesman, quien, para su crédito, también dice lo indecible: existe la posibilidad de que no logremos "mantener el rumbo". Con todo, el jueves de esta semana, Condoleezza Rice entregó a legisladores republicanos lo que el senador Rick Santorum calificó de "informe muy positivo".

Eso es una noticia muy mala. El caos en Irak fue creado por oficiales que creyeron lo que quisieron creer, e ignoraron hechos incómodos. Todo parece indicar que ellos no han aprendido nada.

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