Los holandeses hablan de "su" princesa Máxima

Gerardo Neugovsen
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29 de enero de 2013  • 16:57

Se ha instalado en el imaginario colectivo la idea de que Holanda es un país pacífico, surcado por románticos canales que transportan agua en todas direcciones a fin de mantener de manera artificial el país por encima del nivel del mar, dado que su superficie se encuentra mayoritariamente bajo el nivel de los océanos. Hablamos de un pueblo que son en realidad muchos pueblos y cuyas raíces se pierden en los orígenes de la civilización occidental, cuando el Imperio Romano gobernaba todo lo imaginable. En esa época anterior a nuestra Era, el pueblo Frisio, que hoy ocupa el área noroeste del país, era temido y respetado por el invasor romano por su carácter guerrero, denotando un rasgo que aún prevalece en la conducta holandesa: una testarudez capaz de crear un país potencia mundial donde sólo hay agua y fangoe. Un país con historias dignas de ser narradas, como la vida de Anna Frank, pero también con oscuros capítulos de los que no se suele hablar. El tráfico de esclavos, el Apartheid, las guerras independistas en el Asia durante el siglo XX y otros. Holanda no es tan sólo un país: es un conglomerado de identidades y de concepciones diversas del mundo y de la vida que conviven en una superficie de 41.500 kilómetros cuadrados y donde habitan más de 16 millones de habitantes con una densidad poblacional de 488 personas por kilómetros cuadrado, la más alta de la Unión Europea.

Conocer en profundidad su idiosincrasia requiere de una larga y continua convivencia, donde el aprendizaje de su idioma es vital para entender su historia. Esta convivencia no está exenta de tensiones y conflictos que resuelve el holandés de una manera digna y respetuosa: a través del diálogo y la búsqueda de consensos.

El idioma holandés es complejo, austero en palabras y expresiones y que modifica la topografía de su gramática según el énfasis (o no) que quiera darse a una frase. Hablar bien el idioma -ya un gran desafío- no significa poder escribirlo, dado que el ordenamiento sintáctico puede diferir del oral notoriamente y la ortografía puede confundir al más avezado lingüista.

Se trata de un pueblo que hasta hace unos 30 años mantuvo las barreras de sus fronteras culturales relativamente altas, sobre todo en las regiones fuera de las grandes ciudades, como Amsterdam o Rotterdam. La masividad de los medios de comunicación y la irrupción de Internet han traído notables cambios en la relación entre el holandés promedio y el resto del planeta. Si bien la fama del "holandés errante" ha impregnado la fantasía nómada de estas personas, lo cierto es que se trata de un pueblo sumamente apegado a sus tradiciones, costumbres y creencias las cuales a su vez pueden ser distintas. El país se encuentra literalmente segmentado en dos: el norte ferviente seguidor del Protestantismo y dentro de este el Calvinismo. Y el sur, marcado aún por la presencia española hasta el siglo XVII y profundamente católico. Entre ambos se ha instalado con fuerza la fe islámica que aporta niveles elevados de complejidad y de tensiones sociales.

Junto a edificios de más de 500 años de vida que se mantienen en un estado formidable, conviven las más modernas tecnologías y adelantos científicos de primera línea. Se trata de un pueblo difícilmente escrutable, de largas y profundas raíces históricas que le confieren un orgullo particular y con una profunda capacidad de sistematizar y organizar los procesos para optimizarlos y obtener mejores resultados. Es una sociedad que ha realizado grandes aportes al arte y la cultura universales, desde Rembrandt van Rijn, pasando por Vincent Van Gogh hasta Peter Mondriaan.

De acuerdo a un dicho popular holandés, Dios creó al ser humano y los holandeses se crearon a sí mismos. Es un país que vive las consecuencias de haber atraído cientos de trabajadores "invitados" de países como Turquía, Marruecos y otros en épocas de bonanza económica. La mayoría son campesinos con bajos niveles de educación formal, de fe musulmana en la mayoría de los casos. La gran cantidad de mezquitas junto a las vestimentas típicas orientales plantea grandes desafíos sociales y culturales para la sociedad holandesa.

Donde la argentinidad y el ser nacional holandés se encontraron

Camine usted por cualquier calle de una ciudad o pueblo holandés, y pregunte a algún transeúnte su opinión sobre la princesa Máxima. Ocho de cada diez respuestas seguramente irán acompañadas de una sonrisa y de palabras amables que denotarán aceptación y un cierto dejo de admiración. Es posible que se encuentre con acérrimos defensores de la monarquía o beligerantes republicanos. O puede toparse con ideólogos socialistas o neoliberales o trasnochados anarquistas que habrán de acusar de anacrónico y de despilfarros innecesarios en épocas de austeridad y clamarán por la abolición del sistema imperial. Seguramente encuentre también escépticos y bucólicos caminantes para quienes la Casa Real les resulta absolutamente indiferente.

A pesar de todas estas diferencias, una extraña conjunción de simpatía, orgullo nacional y de ese amor inconfeso que se puede sentir por ciertas figuras públicas se hace presente cuando los holandeses hablan de "su" princesa Máxima.

No es una historia exenta de traspiés históricos. La sombra de la última dictadura argentina continúa planeando sobre el matrimonio heredero al punto que la futura reina ha informado a las autoridades holandesas que su familia no estará presente durante la ceremonia de coronación el próximo 30 de abril a fin de evitar discusiones y conflictos políticos y sociales. Ser hija de un funcionario destacado de un régimen totalitario, llevó a arduos debates en el parlamento holandés a la hora de aceptar el casamiento de los jóvenes enamorados en el año 2002, dado que el Príncipe de Orange, así como toda su familia, son cuestión pública.

Culturalmente no parecen haber grandes puntos de conexión entre Argentina y Holanda. Además del comercio y de las inmigraciones de campesinos holandeses a la región de la Pampa húmeda, donde fundaron pueblos y ciudades que aún mantienen costumbres neerlandesas, son dos culturas que se han mantenido distantes. Uno de los pocos espacios de contacto es el fútbol. Aún está presente la histórica renuncia a recibir el premio del segundo puesto durante el Mundial del ’78 por parte del equipo de futbol holandés, lo cual impactó a nivel internacional, incrementando la imagen de un pueblo comprometido con los derechos humanos y permitiendo saber más respecto de lo que ocurría bajo este régimen.

Curiosamente, es la hija de un funcionario civil de la dictadura quien logra un hito poco común: ganarse el afecto masivo y público del pueblo holandés siendo extranjera y plebeya. La llegada de Máxima significó una necesaria renovación de la imagen de la Casa Real ante los holandeses que revitalizó las relaciones entre los mandatarios y sus súbditos. Para Máxima, asumir este nuevo lugar en el mundo significó formalmente la renuncia a su pasado argentino y la incorporación de códigos de comportamiento marcadamente diferentes a las habituales en el lejano sur.

Las grandes reinas holandesas y las expectativas

Ganarse el afecto del pueblo holandés no es tarea fácil sobre todo si está en los planes convertirse en reina del mismo. Por un lado es necesario competir con una estirpe de reinas que han reinado durante un siglo logrando ganarse el respeto de sus súbditos. Así lo han hecho previamente la reina Whilelmina reconocida por su firme oposición al régimen nazi desde el exilio o la reina Juliana quien se ganara el afecto del pueblo gracias a su estilo sencillo y cercano a las personas de la calle. Finalmente, quien habrá de abdicar a favor de su hijo, la reina Beatrix, suegra de la futura reina Máxima le confirió a su reinado un aire profesional y distante, a pesar de su simpatía (se le llama la reina sonrisas). Máxima parece cumplir a la perfección con las aspiraciones de la reina madre de tener en quién delegar las responsabilidades de la investidura real. El nacimiento de sus tres hijas ha conferido un aíre familiar e integrado a los holandeses. Tal es el lazo de cariño construido que, al presentar un informe sobre la temática de la identidad holandesa, una expresión de Máxima dejó caer una frase que generó intensas críticas y rechazos. Máxima dijo -literalmente- que en su trabajo de campo no había encontrado "la" identidad holandesa. Por el contrario, hallaba una enorme diversidad de identidades las cuales en su conjunto construyen el pueblo holandés. Del mismo modo –aclaró- que no existe "la" identidad argentina, sino el resultado de la interacción de decenas de identidades culturales diferentes que construyen finalmente el "ser nacional".

Para el holandés promedio, informado de la realidad a través de los medios de comunicación nacionales, Argentina -como otros países "en vías de desarrollo"- sólo son motivo de noticias cuando ocurre alguna catástrofe que involucra una gran cantidad de muertos o por éxitos controversias de nuestros jugadores de fútbol. En la mente del holandés promedio, Argentina es un país lejano y muy extenso donde se come mucha carne. El ingreso de un nuevo miembro a la familia real de origen argentino generó la expectativa de incrementar el interés por lo nacional, estimulando intercambios de todo tipo. Pero más allá del aumento circunstancial del interés por el tango y un leve incremento del turismo, contar con una futura reina que nació en aquellas lejanas tierras no supuso las oportunidades que muchos imaginaron. Holanda y Argentina continúan manteniendo la misma cordial y respetuosa distancia que ha caracterizado este vínculo.

La futura reina de Holanda

Tal vez uno de los mayores méritos de la futura reina en su camino a ganarse el afecto y la confianza del pueblo holandés estuvo marcado por su habilidad en aprender el idioma y manejar sus sutilezas. Así fue como, a raíz de un comentario favorable de su flamante marido acerca de unas palabras escritas por Videla, su esposa logró recomponer la confianza a partir de disculparlo diciendo "hij is een beetje dom", (ha sido un poco tonto al pronunciar esas palabras). Lo que generó la ola de simpatía fue el uso de una frase de gran raigambre coloquial, introduciendo así una importante cuota de informalidad que caracterizará su tránsito por la monarquía holandesa.

Las estructuras monárquicas constituyen una parte integral de la construcción cívica de los neerlandeses así como un componente relevante de su identidad. En Holanda el poder ejecutivo está constituido por el rey o la reina quien a su vez es el jefe o jefa de Estado, sus dieciséis ministros y secretarios. Hasta hace poco tiempo de acuerdo al sistema multipartidario holandés, es la figura del monarca quien, luego de las elecciones generales, conforma el nuevo gobierno, asesorado por "formadores" de los distintos partidos. Esto denota la importancia política que reviste la figura monárquica, atribuyéndose funciones que trascienden las formalidades típicas de estos personajes en otros países europeos. Esta facultad ha sido denegada desde el año pasado.

Sin embargo la reina Beatriz se mantiene activa en la gestión cotidiana y se espera que tanto Guillermo como Máxima mantengan las tradiciones en este sentido. La princesa Máxima ingresó al selecto grupo de una de las familias más acaudaladas de Europa La

práctica ha ido demostrando su compromiso y seriedad con los temas protocolares más allá de los aspectos monetarios.

Más allá de los corrillos clásicos que pueden generarse en relación a personas mediáticas, el casamiento de Guillermo con Máxima Zorreguieta no ha significado en el mediano plazo una mejora sustancial de las actividades bilaterales. Para el pueblo y el gobierno holandés Máxima, futura reina, es una holandesa de origen argentino que, merced a un cambio constitucional, ahora puede ser llamada Reina de Holanda. A simple vista no se vislumbra que tanto para los argentinos viviendo en Holanda como para organizaciones y empresas en otros países, el lugar público que ocupa Máxima traiga beneficios especiales a todas las partes. En su nueva investidura Máxima promete llevar adelante una monarquía constitucional flexible, moderna y comprometida. Tal como ha sido su papel hasta el momento. El espíritu latino ha ingresado por la puerta grande de la familia real holandesa. Esperamos que esta energía siga presente y se incremente en los tiempos venideros.

* Es consultor, docente e investigador en Industrias Culturales y Creativas. Posee las nacionalidades argentina y holandesa. Residió por más de 20 años en Holanda.

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