Los independentistas toman el proceso como un asunto personal

En Barcelona, desde hace meses hay movilizaciones en apoyo de los líderes catalanes encarcelados
En Barcelona, desde hace meses hay movilizaciones en apoyo de los líderes catalanes encarcelados
En Barcelona, desde hace meses hay movilizaciones en apoyo de los líderes catalanes encarcelados
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12 de febrero de 2019  

BARCELONA (AFP).- Con concentraciones silenciosas, conciertos, comidas populares o vigilias en las prisiones, los independentistas catalanes han mantenido durante meses la llama de la solidaridad con sus líderes encarcelados y objeto de un juicio durante el cual prometen intensificar sus protestas.

Si bien el Tribunal Supremo procesará a partir de hoy a solo 12 dirigentes por la tentativa de secesión de octubre de 2017, muchos de sus militantes se sienten también juzgados por haber colaborado en el referéndum ilegal y aupado la fallida declaración de independencia.

"Soy independentista de toda la vida y voté [en el referéndum] el 1° de octubre: es como si me estuvieran juzgando a mí", dice Eugenia Fernández, una jubilada de 67 años, en una concentración de apoyo a los presos en Barcelona.

En un silencio absoluto, unas 200 personas se congregaron en esta protesta semanal celebrada cada lunes desde hace 15 meses en la plaza de la Vila de Gracia, el barrio "más independentista" de la capital catalana.

En el centro de esa plaza, los manifestantes muestran retratos de los líderes encarcelados o de aquellos que se marcharon al extranjero, junto a carteles con la palabra "libertad" en catalán e inglés. "Estamos aquí por la tremenda injusticia de que nuestro gobierno esté preso y exiliado por hacer lo que le pedimos: luchar para establecer la república catalana", insiste Fernández.

"Esto es una reacción contra la barbarie que supone este juicio, que no es contra unas personas determinadas, sino contra el sentimiento político catalán", explica Ramón Solsona, un premiado escritor catalán que leyó algunos poemas durante el acto.

Concentraciones similares se celebran en varios rincones de la región, donde desde los primeros encarcelamientos -en octubre de 2017- los independentistas elevaron a los presos y exiliados casi a la categoría de mártires.

Acusados de rebelión, malversación o desobediencia, la fiscalía pide para los 12 juzgados penas de entre siete y 25 años de prisión. Su máximo dirigente en la época, Carles Puigdemont, no será juzgado por haberse marchado a Bélgica, donde aún vive.

Con el independentismo inmerso en pugnas entre los diferentes partidos y dubitativo entre retomar la desobediencia o apostar por el diálogo con Madrid, los presos son el principal núcleo de unión del movimiento.

En una sociedad todavía dividida en partes iguales entre partidarios y detractores de la secesión, las movilizaciones independentistas parecen haber perdido la fuerza de antaño, cuando llegaron a congregar más de un millón de personas. Aun así, las organizaciones afines tratan de mantener la llama encendida con actos más pequeños de solidaridad.

Desde su traslado en junio de cárceles madrileñas a otras en Cataluña, tras la asunción de Pedro Sánchez, los alrededores de los centros penitenciarios se convirtieron en lugar de reunión habitual para sus seguidores.

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