Los jóvenes argentinos no escapan al flagelo

Alejandro Rebossio
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17 de abril de 2011  

Los jóvenes argentinos que no estudian ni trabajan no están liderando revoluciones como en el mundo árabe. No protestan por las calles como en Europa. En general, tampoco son los que se movilizaron en el funeral de Néstor Kirchner. Son los que están frustrados de repartir currículums y no conseguir empleo. Son las que están cuidando a sus bebes y debieron dejar la secundaria. Son los que toman cerveza en la esquina. O paco. Algunos delinquen. La mayoría, no.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) hizo un informe sobre los jóvenes que no estudian ni trabajan, los ni-ni, en América latina, aunque usó los datos de la Argentina basados en cifras oficiales de este país de 2006, antes de la creación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y cuando el desempleo era más alto. El informe advierte que el 19,7% de los argentinos de 15 a 24 años se encuentra en esta situación, justo en el promedio regional (mejor que el 21% de México, pero peor que el 17,9% de Brasil). Serían 1.390.000 argentinos.

Un porcentaje similar es el que registra un estudio del Centro Cedlas de la Universidad de La Plata. Según el trabajo, que usa datos oficiales, el 19% de los argentinos de 15 a 24 son ni-ni (1.340.000 individuos). El 8% no estudia, pero busca trabajo; el 2,6% está inactivo, pero formó una familia, y el 8,4% no está cerca de los libros, ni del empleo ni de los hijos.

Como es natural en la Argentina, la cifra de los ni-ni es polémica. El año pasado, después de la creación de la AUH, que obliga a ir a la escuela a los 3,7 millones de niños de hasta 18 años que la reciben, la Iglesia dijo que eran 900.000 los chicos de 13 a 19 años ni-ni, y alegó que se basaba en informes de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), que a su vez usan las cifras oficiales de cada país, a veces con cierto retraso.

El ministro de Educación, Alberto Sileoni, negó que el número llegara a tanto porque calculó que son 550.000 los que han dejado los estudios. Hasta ahora, 2,3 millones de niños beneficiarios de la AUH han comprobado ante el Gobierno que cumplieron con las obligaciones educativas y sanitarias en 2010, según publicó esta semana Página/12. Faltan 1,4 millones.

Frente al mar de cifras, Alberto Morlachetti, coordinador del Movimiento Nacional Chicos del Pueblo, que ha relanzado este año la campaña "El hambre es un crimen", advierte: "Entre 500.000 y 800.000 jóvenes no estudian ni trabajan. ¿Qué va a pasar con estos chicos? El futuro es que la sociedad te acompañe. Lo más cómico es que después nos quejamos de que son violentos".

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