Los jóvenes, pioneros de la rebelión, pero sin un plan político

Las protestas son impulsadas por grupos que no se organizan más allá de las revueltas
Ben Hubbard
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3 de julio de 2013  

EL CAIRO.- Hace dos meses, cinco jóvenes activistas reunidos en un café de esta ciudad idearon un simple plan para capturar la creciente frustración de la opinión pública con el rumbo que había tomado el país: reunir firmas para pedir la renuncia del presidente Mohammed Morsi y organizar una protesta frente al palacio presidencial para el 30 de junio, primer aniversario de su investidura.

Como sucedió con la demostración que derrocó al ex presidente Hosni Mubarak, los resultados excedieron ampliamente las expectativas de los organizadores. La campaña, llamada Tamarod, que en árabe significa "rebelión", se ramificó por todo el país y alentó a millones de egipcios a unirse a las protestas que el fin de semana pasado enfurecieron a los islamistas del país, hicieron tambalear el férreo control que tiene Morsi sobre el poder y empujaron a los militares egipcios a amenazar con tomar nuevamente el control del país.

El éxito de la campaña convirtió a sus impulsores -Mahmoud Badr, Mohammed Abdel-Aziz, Hassan Shahin, Mai Wahba y Mohammed Heikal, todos de entre 22 y 30 años- en los héroes de quienes se oponen a los Hermanos Musulmanes. Son aclamados en las marchas, perseguidos por los periodistas y requeridos como invitados en todos los programas de noticias vespertinos.

Su movimiento, sin embargo, revela tanto los puntos fuertes como las más flagrantes debilidades de los grupos de jóvenes que impulsan muchas de las transformaciones políticas fundamentales de Egipto desde la revolución, en 2011: canalizan las aspiraciones de cambio político de la opinión pública, pero son incapaces de transformar esas aspiraciones en organizaciones sustentables.

"Si bien comunican lo que piensa el pueblo, no encuentran la manera de organizar a la gente dentro del propio proceso político, más allá de convocar a la protesta", dijo Rabab el-Mahdi, profesor de Ciencia Política de la Universidad Norteamericana de El Cairo. Mahdi dijo que la ausencia de un proyecto político bien articulado por parte del grupo probablemente implica que "se desvanecerá al igual que otras coaliciones de jóvenes, porque saben lo que no quieren, pero no lo que quieren".

Tras la insurgencia que expulsó del poder a Mubarak, los impulsores de "tamarrod" sintieron que la revolución había perdido el rumbo, y que Morsi, primer presidente elegido libremente en el país, no había logrado trascender su raigambre de los Hermanos Musulmanes.

El grupo elaboró entonces una sencilla petición para retirarle la confianza a Morsi y solicitar elecciones presidenciales anticipadas. Difundieron la idea a través de Facebook y Twitter y empezaron a reunir firmas en la plaza Tahrir el 1° de mayo. El grupo asegura que desde entonces reunió 22 millones de firmas, una afirmación imposible de verificar. "Esas firmas se han convertido en esa multitud de gente que uno ve en las plazas de todo el país", dijo Badr.

Los oradores islamistas de las marchas a favor de Morsi desprecian a los opositores y los acusan de ser funcionales a personajes cercanos a Mubarak que quieren recobrar protagonismo. Otros califican la campaña como antidemocrática, por pedir el final anticipado del mandato de cuatro años de Morsi.

Hele Mustafa, escritora y analista política, dijo que el éxito de la campaña sólo evidencia el fracaso de la oposición formal para consolidar su base popular. "La oposición necesita más unidad y más trabajo sobre el terreno", dijo. "Con estar en la televisión las 24 horas y hacer un gran show, no alcanza." Los organizadores de la operación "tamarrod" reconocen que no tienen un programa político, pero dicen que son los egipcios quienes deben decidir quién sucederá a Morsi si éste es derrocado. "¿Hicimos todo esto en sólo dos meses y la gente nos pide un programa partidario?", dijo Badr. "Eso es una locura."

Traducción Jaime Arrambide

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