Los médicos de Aleppo, impotentes frente a la muerte

En una carta a Obama, alertaron sobre la situación crítica que atraviesa la ciudad
Karam Al-Masri
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12 de agosto de 2016  

El ministro de Defensa sirio, en una visita a los soldados del régimen
El ministro de Defensa sirio, en una visita a los soldados del régimen Fuente: Reuters

ALEPPO.- Los últimos médicos en ejercicio en los barrios rebeldes de Aleppo describieron en una carta al presidente norteamericano, Barack Obama, su impotencia frente a la muerte, en un momento de violentos combates entre el régimen sirio y los insurgentes.

Por otra parte, Turquía propuso a Rusia realizar operaciones conjuntas en Siria contra el grupo jihadista Estado Islámico (EI), a pesar de que Ankara y Moscú han mantenido posturas totalmente opuestas en este asunto hasta la fecha.

La fuerza aérea rusa atacó ayer el bastión de la organización terrorista en Raqqa y dejó 30 muertos, civiles en su mayoría.

En una carta abierta, 15 de los 35 médicos aún presentes en los barrios bajo control de los insurgentes alertaron que la situación sería desesperante para los civiles si el régimen sirio del presidente Bashar al-Assad impusiera un nuevo asedio.

El sábado pasado, una alianza de rebeldes islamistas e insurgentes jihadistas consiguió romper tres semanas de un asedio que había provocado un aumento vertiginoso de los precios de los productos básicos. Para los médicos, no obstante, la situación aún es dramática.

"Sin la apertura permanente de una ruta de abastecimiento, las fuerzas del régimen nos asediarán de nuevo dentro de poco, la hambruna se propagará y los productos de los hospitales se agotarán por completo", advierten.

"No necesitamos ni lágrimas, ni compasión, ni oraciones. Demuestren simplemente que son amigos de los sirios", escribieron en la carta a Obama.

Uno de los firmantes, Abu al-Baraa, explicó que la falta de equipos o de cuidados provocó la muerte de chicos y de heridos en sus brazos, sin que les hayan podido ofrecer nada. "A causa de las capacidades limitadas nos vemos obligados a asistir a la agonía de los chicos", señalaron.

Actualmente, 250.000 personas viven en las zonas rebeldes y 1,2 millones en los barrios controlados por el gobierno en la ciudad de Aleppo, la segunda en importancia de Siria y uno de los principales objetivos de un conflicto que ya dejó más de 290.000 muertos desde marzo de 2011, cuando empezó la revuelta contra Al-Assad.

"Lo que más nos duele, como médicos, es tener que elegir quién vivirá y quién morirá", explicaron.

"Chicos jóvenes llegan a urgencias con heridas tan graves que debemos priorizar aquellos que tienen más posibilidades de sobrevivir -agregaron-. Y, en ocasiones, ni tenemos el material necesario para ayudarlos."

Insurgentes y fieles a Al-Assad se preparan para una nueva batalla con el fin de controlar la ciudad.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) instó el jueves a "todas las partes implicadas en el conflicto a asegurar la seguridad y la dignidad de los civiles, incluyendo las familias sometidas a bombardeos constantes, violencia y desplazamientos".

Ataques

Los violentos combates y bombardeos nocturnos bajaron de intensidad anoche, pero no cesaron. Se concentran en el sur de Aleppo, que el régimen trata de arrebatar a los rebeldes, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH).

El ejército ruso había anunciado que a partir de ayer abriría una "ventana humanitaria" y que suspendería sus bombardeos cada día durante tres horas "para garantizar la total seguridad de las filas de vehículos que entran en Aleppo".

Sin embargo, ayer no llegó a la ciudad ningún tipo de abastecimiento, ya que los intensos combates se concentran en la ruta que los rebeldes habían abierto el sábado pasado para romper el sitio a Aleppo.

Por otro lado, en la región de Raqqa (en el Norte), capital de hecho de EI en Siria, por lo menos 30 personas, en su mayoría civiles, fueron abatidas y otras 70 resultaron heridas en diez bombardeos rusos, informó el OSDH.

Rusia, aliada del régimen del presidente sirio, afirmó que habían "destruido una fábrica de armas químicas de los suburbios del nordeste de la ciudad".

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