Los países que ven a Internet como enemiga

Celina Chatruc
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26 de agosto de 2001  

Mensajes que no llegan a destino. Páginas bloqueadas. Cibercafés que cierran sus puertas. Juicios, amenazas y personas que mueren en prisión.

Esa realidad se vive en muchos de los 59 países donde los gobiernos intentan controlar Internet con la excusa de “proteger” a los ciudadanos o “garantizar la seguridad nacional”. Así lo demuestra un informe sobre los principales “enemigos” de la Red, presentado por Reporteros Sin Fronteras (RSF) en marzo último.

El documento incluye tanto a regímenes totalitarios como a las democracias más liberales. Aunque “no se puede comparar a la Argentina, Alemania o los Estados Unidos, que tuvieron problemas puntuales, con China o Cuba, que reprimen a la prensa en general”, aclaró a LA NACION desde su oficina de París Regis Bourgeat, responsable de RSF para las Américas.

"Los países asiáticos son los que representan un peligro mayor para la libertad de expresión", agregó Bourgeat. El caso más extremo es el de Corea del Norte, el único donde no hay servidores ni posibilidad de conexión. El régimen de Kim Jong-II, sin embargo, reconoce la efectividad de Internet para difundir su propaganda y tiene sitios oficiales alojados en otros países, como Japón.

Ciertas religiones también perciben la Red como "una amenaza terrible". Una corte de rabinos ortodoxos de Jerusalén prohibió en abril de 2000 el acceso de sus fieles a sitios profanos y los talibanes tomaron la misma decisión, a mediados de julio último, para evitar que se difundan "temas equivocados, obscenos, inmorales y contrarios al islam".

"Ningún individuo puede utilizar Internet", reiteró ayer el líder talibán, el mullah Mohammad Omar, y advirtió que la policía religiosa "tiene permiso para perseguir a quienes violen este decreto y castigarlos".

Los conflictos se resuelven por otros medios en las democracias occidentales. En México y Chile, por ejemplo, se registraron amenazas y presiones contra periodistas que criticaron on line al gobierno o al ejército. En Alemania se intentó prohibir las páginas neonazis y en los Estados Unidos hubo varias propuestas de regular la Red para frenar la "contaminación pornográfica".

Aprobar reclamos de ese tipo, observa RSF, implicaría dar la razón a los Estados más autoritarios, que también pretenden definir qué es "política o moralmente aceptable" en Internet.

Por la salud de los jóvenes

Prevenir la difusión de "información perjudicial" que pueda afectar "la salud mental de los jóvenes" fue el argumento que usó el presidente Jiang Zemin cuando llamó a reforzar las leyes relacionadas con la Red en China, en julio último.

Li Changjun, de 33 años, había muerto días antes debido a las torturas que sufrió mientras permanecía detenido en una prisión de ese país. Su delito: bajar e imprimir información de Internet relacionada con el movimiento Falun Gong, considerado una "secta diabólica" por Pekín.

Otros 17 internautas "subversivos" están presos en China por navegar en aguas "peligrosas", y las autoridades cerraron más de 8000 cibercafés de los 56.800 que inspeccionaron entre mayo y junio últimos, supuestamente para evitar la evasión de impuestos e impedir la difusión de pornografía.

Desde 1999, los locales que ofrecen servicios de Internet en China deben registrar a todos sus clientes, con nombre y documento de identidad, y unas veinte provincias tienen brigadas policiales entrenadas para perseguir a los "ciberdisidentes".

En Cuba se llaman "informáticos". Son los que desafían la prohibición del gobierno de usar un "instrumento de manipulación del capitalismo", como define Fidel Castro a ese medio de comunicación. A los ojos del gobierno, los "contrarrevolucionarios virtuales" no tienen o se niegan a dar "una razón válida" para navegar en Internet. De todos modos, sólo si su argumento fuera aceptado podrían firmar un contrato de utilización con cláusulas restrictivas.

De esa forma, el régimen comunista deja en claro que la Red no debe usarse "violando los principios morales de la sociedad cubana ni los textos de las leyes del país", y que los correos electrónicos no deben "comprometer la seguridad nacional".

Pero eso no es todo. Además de enfrentar las dificultades económicas que implica acceder a una computadora en la isla, los internautas cubanos "sospechan que los servicios de información interceptan sus mails porque los mensajes procedentes del extranjero les llegan varias horas después de haber sido enviados. O nunca", señala RSF.

Esos obstáculos llevan a un centenar de periodistas independientes a enviar sus artículos por fax o por teléfono a la comunidad cubana en el exilio -presente, sobre todo, en Miami-, que a su vez los ingresa en sus páginas web.

El uso de servidores anónimos, el cifrado de las comunicaciones y la conexión a través de líneas internacionales también se cuentan entre los recursos que permiten que ningún Estado consiga controlar totalmente Internet, según RSF.

"Gracias a la solidaridad de la Red -explica esta organización-, a la militancia libertaria de ciertos internautas, el texto será recuperado, protegido y potenciado a través de sitios espejo repartidos en todos los continentes."

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