Los portugueses asesinados en Brasil fueron enterrados vivos

Murieron por asfixia; confesó el autor intelectual del crimen
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27 de agosto de 2001  

RIO DE JANEIRO.- Los seis empresarios portugueses asesinados en una playa de Brasil en su primer día de vacaciones "estaban vivos cuando fueron apilados y enterrados en una misma fosa", dictaminó ayer el peritaje médico legal, aumentando la indignación y conmoción que el caso despertó en Brasil y en Portugal.

La arena hallada en las vías respiratorias de los cadáveres sugiere que fueron sepultados vivos y estuvieron respirando durante cinco minutos antes de morir por asfixia, declaró a la prensa Francisco Simao, director de la Secretaría de Seguridad de Fortaleza, unos 2200 kilómetros al norte de Río.

"Dos de ellos recibieron disparos y los demás fueron golpeados cruelmente. Todos estaban vivos cuando los enterraron", explicó el forense.

Simao agregó que "todo fue tan cruel que uno de los asesinos intentó matar a una de las víctimas con un disparo en la nuca, pero el disparo no salió; entonces lo tomó de la corbata, pero no logró estrangularlo; al final, resolvió enterrarlo vivo, junto a los otros".

Los seis empresarios, de entre 40 y 50 años, fueron asesinados el 12 de agosto último en un bar de Praia do Futuro, una de las playas más concurridas de Fortaleza, por un amigo de una de las víctimas y sus tres cómplices.

Luego de haberlo negado durante dos días, Luis Miguel Melitao Guerreiro, un comerciante portugués que en febrero último se radicó en Fortaleza, confesó ayer a la policía, con una frialdad increíble, que fue el autor intelectual de la matanza.

Según la prensa local, éste recogió a sus compatriotas en el aeropuerto de Fortaleza, los llevó a una casa en la playa y, luego de beber unos whiskys, ordenó a tres empleados que maniataran a los turistas, les quitaran sus tarjetas de crédito y los torturasen. Guerreiro se marchó para retirar dinero de los cajeros y ordenó por teléfono a sus cómplices que asesinasen a los empresarios. La policía encontró los cadáveres el viernes, enterrados bajo el piso de la cocina del bar de Guerreiro.

"Soy un monstruo. Merezco la pena de muerte", dijo Guerreiro, según el diario O Globo, durante el interrogatorio policial.

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