Los refugiados sirios buscan rehacer su vida en Uruguay, a 12.000 kilómetros del horror

Las 42 personas que escaparon de la guerra fueron recibidas en el aeropuerto por Mujica, que llamó a la región a imitar el ejemplo de su país
Giovanna Fleitas
Ana Cibils
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10 de octubre de 2014  

MONTEVIDEO.- Luego de un viaje de dos días y de recorrer más de 12.000 kilómetros, 42 refugiados sirios llegaron ayer a Uruguay, donde recibieron una cálida bienvenida encabezada por el presidente José Mujica. Y los más chicos ya empezaron su adaptación... jugando al fútbol.

La anunciada llegada fue controlada por un estricto operativo de seguridad, que impidió el acceso de la prensa, pero menos de una hora después de su arribo media docena de chicos sirios ya jugaban al fútbol en los amplios jardines de la casa de los Hermanos Maristas, que los albergará los primeros meses.

"Creo que los chicos son los que más rápido se integran", comentó Mujica, que los recibió en el aeropuerto de Montevideo y visitó luego a las familias en su nueva vivienda.

Los recién llegados "se sienten inmensamente agradecidos a Uruguay [...], sienten que salieron de un infierno", dijo el presidente, que llamó a otros países de la región a recibir refugiados sirios.

"Pienso que otros países tienen que ayudar. Fundamentalmente sé que Brasil ya está en el asunto acá en América", señaló, al adelantar que planteará acciones similares cuando Uruguay asuma la presidencia de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en la próxima cumbre del bloque, aún sin fecha definida.

Si bien Uruguay es el primer país de la región en implementar un plan de reasentamiento de este tipo -elaborado en coordinación con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y con el respaldo de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM)-, otros países del subcontinente facilitaron la llegada de sirios.

Es el caso de Brasil, que adoptó el año pasado un programa para conceder visas humanitarias especiales a los afectados por el conflicto en Siria. Ya otorgó más de 1200.

En tanto, el canciller uruguayo, Luis Almagro, adelantó que Uruguay y Brasil llamarán a América latina a recibir refugiados "en situaciones de crisis humanitaria o conflictos armados" durante una conferencia regional sobre migración en diciembre, en Brasil.

El primer grupo de refugiados está compuesto por cinco familias: una tiene 14 integrantes; otra, 12; dos más cuentan con seis cada una, y una última, con cuatro.

La mayor parte de ellos son chicos y adolescentes, el principal requisito del gobierno a la hora de la selección. Un segundo grupo de 80 refugiados llegará en febrero próximo.

Recibimiento

Con banderas de Uruguay y mensajes de bienvenida, decenas de personas recibieron con un cerrado aplauso a los primeros refugiados cuando ingresaron en un ómnibus con vidrios oscuros a la casa de los Hermanos Maristas.

"Está muy bien que vengan éstos y más", dijo Carmen Ribouria, una jubilada de 63 años. "Ellos están viviendo una situación horrible y hay que ayudar", añadió.

El caluroso recibimiento a los sirios contrasta, sin embargo, con el rechazo que generó otra propuesta de Mujica para aceptar como refugiados a seis presos de la cárcel norteamericana de Guantánamo.

Según una encuesta de la consultora Cifra publicada por el semanario Búsqueda, el 69% de los uruguayos está de acuerdo con la llegada de las familias sirias. En cambio, otro sondeo reciente revela que el 58% rechaza que lleguen prisioneros de Guantánamo.

La diferencia se ponía de manifiesto entre quienes se acercaron a darles la bienvenida a las familias.

"Está bueno que vengan [los sirios], que las madres trabajen y que los hijos estudien", dijo Luciana Donangello, de 31 años. "Pero con los presos [...] me genera inseguridad que vengan", señaló.

La decisión de Mujica de acoger presos se convirtió en un dolor de cabeza para el presidente, en plena campaña para las elecciones del 25 de octubre, a tal punto que anteayer dijo que esperará la opinión del próximo gobierno para determinar los pasos por seguir.

Las familias vivirán dos meses en el hogar de los Hermanos Maristas, donde recibirán clases de español, capacitación laboral para los adultos, y se buscará que se adapten a la cultura y leyes del país. Se espera que -paulatinamente- los menores puedan integrarse al sistema educativo formal.

El programa, que implica ayudarlos a conseguir trabajo y vivienda y asistirlos durante dos años, le costará a Uruguay entre 2,5 y 3 millones de dólares.

Luego de más de tres años de sangrienta guerra civil, y en medio del reciente avance de los jihadistas del grupo Estado Islámico (EI), Acnur estima que el número de refugiados sirios ya superó los tres millones, una cifra cercana a la población total de Uruguay.

Agencia AFP

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