Los regalos con sorpresa de Putin para otros presidentes

En la cumbre del G-20, les entregó pendrives preparados para hackear información
En la cumbre del G-20, les entregó pendrives preparados para hackear información
Fiorenza Sarzanini
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30 de octubre de 2013  

ROMA. - La guerra que se desató con el escándalo de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) ya es un verdadero "todos contra todos". Y el último ataque lo lanzó la Unión Europea (UE). El blanco: la Rusia del presidente Vladimir Putin.

La acusación de la UE es gravísima: durante la última cumbre del G-20, que se desarrolló en septiembre último, en San Petersburgo, a los mandatarios y jefes de Estado se les entregaron, a modo de regalo, aparatos que en realidad servían para hackear computadoras y teléfonos.

La alerta para todos los servicios secretos de los países participantes fue transmitida directamente por el Consejo Europeo y de inmediato se pusieron en marcha verificaciones a nivel nacional. Se trata del último episodio de un asunto que amenaza con fracturar gravemente las relaciones diplomáticas internacionales.

El 5 de septiembre pasado, el G-20 se reunió en Rusia. El primer punto del orden del día era la cuestión siria, con Estados Unidos y Francia decididos a desatar un ataque contra el régimen del presidente Bashar al-Assad, acusado de haber utilizado armas químicas contra la población civil.

La cumbre estuvo signada, además, por momentos de gran tensión entre Barack Obama y Putin, por la decisión de Moscú de dar asilo a Edward Snowden, el técnico informático que violó los secretos de la NSA de Estados Unidos.

Al término del encuentro, como suele ocurrir, las delegaciones recibieron numerosos objetos como recuerdo, incluidos pendrives y cargadores de teléfonos celulares.

El primero en sorprenderse por el regalo fue el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, quien ya de vuelta en Bruselas les encargó a los responsables de seguridad que efectuaran una evaluación de todos los dispositivos.

Éstos decidieron solicitar la ayuda del servicio secreto alemán y los análisis preliminares dieron resultado positivo.

En una comunicación oficial transmitida a través de los canales de inteligencia a todos los Estados participantes se especificó que el pendrive y los cargadores se prestaban a "la captación clandestina de datos de computadora y teléfonos celulares".

Y por eso se solicitaba "adoptar todas las precauciones posibles, en caso de que estos objetos hubieran sido utilizados, o de lo contrario entregarlos a los organismos de seguridad para mayores controles".

Múltiples interrogantes

La noticia se filtró justo cuando la tensión ya estaba por las nubes, tras la difusión de los últimos documentos del ex agente de la CIA Edward Snowden, exiliado en Moscú, sobre el control efectuado por las agencias de inteligencia estadounidense sobre ciudadanos alemanes, franceses e italianos, así como sobre los máximos exponentes de sus gobiernos e instituciones.

Y dejó al descubierto la gravedad de la disputa, también por la multiplicidad de interrogantes todavía sin respuesta.

El descubrimiento de los dispositivos "arreglados" se produjo, además, pocas semanas después de la decisión de Rusia, tomada el 1° de agosto, de extenderle por un año la visa a Snowden.

¿La entrega de esos dispositivos tenía un blanco específico? ¿O tal vez servía para demostrar que también Rusia es capaz de infiltrarse en los sistemas informáticos de los gobiernos occidentales?

Las verificaciones efectuadas hasta el momento habrían demostrado la capacidad de intrusión de los dispositivos, pero no se aclaró si alguien había usado efectivamente los pendrives y los cargadores.

En todo caso, se trata de un asunto que amenaza con enrarecer aún más el clima y complicar aún más las relaciones de la UE con Rusia.

No es casual que no falten los que sospechan que pueda tratarse de una trampa para dejar mal parados a los rusos.

Una versión que, sin embargo, no proviene del ámbito europeo. Según algunas fuentes diplomáticas de la UE, se esperan los resultados de nuevos controles realizados por cada estado miembro, para luego presentar una protesta formal con un pedido de explicaciones.

Algo similar a lo que hicieron Francia y Alemania frente a las revelaciones de espionaje por parte de Estados Unidos, con sus llamados a sus respectivos embajadores norteamericanos.

Traducción de Jaime Arrambide

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