Los sobrevivientes, de la culpa a la esperanza
Quienes escaparon con vida de las Torres y los familiares de las víctimas intentan ahora convertir el dolor en ayuda a otros
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NUEVA YORK.- Pasquale Buzzelli, uno de los sobrevivientes de los atentados contra las Torres Gemelas, siente que los últimos dos años fueron perdidos. Sólo ahora ha logrado sobreponerse a la idea de que él sobrevivió mientras la mayoría de sus amigos y compañeros de trabajo murieron en las Torres Gemelas.
Sabe que las pesadillas, los recuerdos y las lágrimas siempre lo torturarán, pero ahora que comenzó a ayudar a otras víctimas se siente más confiado en poder salir adelante.
"Durante todo este tiempo me bloqueaba la idea de haber salido vivo", dice este ingeniero de 34 años que trabaja para la Autoridad Portuaria, entidad propietaria de las torres.
Buzzelli quedó atrapado, junto a otras 15 personas, en un hueco de aire en las escaleras de la Torre Norte. Allí, sobre una montaña de escombros humeantes estuvo semiinconsciente durante dos horas hasta que los bomberos lo rescataron.
Pasó un par de meses internado y en reposo en su casa, junto a su esposa, Louise, y su hijita, Hope, que nació en diciembre de 2001. Todo el mundo se alegraba porque estuviera vivo, pero para él ése era justamente su tormento. Entró en una profunda depresión, sufrió de úlceras y apenas salía de su casa. Ni siquiera se alegró por el nacimiento de Hope, a quien admite haber descuidado. Cuando volvió al trabajo, todo fue peor. Cada detalle le recordaba a sus 84 compañeros fallecidos.
"La gente cree que para nosotros toda la pesadilla terminó cuando él volvió a casa vivo, pero fue en ese momento cuando realmente comenzó", cuenta Louise, que incluso consideró la posibilidad de separarse.
Pero fue el contacto con las tantas otras mujeres que quedaron viudas después de los ataques que primero Louise y luego Pasquale comenzaron a salir del pozo. Louise grabó un CD con canciones para las mujeres que estaban embarazadas cuando ocurrió el atentado. El álbum fue un éxito, lo que llevó a que los Buzzelli crearan una fundación para ayudar a estas jóvenes viudas.
"Este trabajo me ayudó a superar mis propias culpas y recuerdos", apuntó Pasquale, quien se repetía a sí mismo: "Despiértate, ya es hora de volver al ruedo".
Como los Buzzelli, existen cientos de sobrevivientes y familiares que lograron dejar atrás el horror al involucrarse en proyectos por medio de los cuales ayudan a otros y además a sí mismos. Lograron reafirmar la vida por sobre la tragedia, y en vez de quedarse atados al dolor, se enfocaron en el futuro.
Ninguno más que Chris Burke, 44, el fundador de la agrupación Tuesday´s Children ("Chicos del Martes", en referencia al fatídico martes 11 de septiembre), que da apoyo emocional a los niños que perdieron a sus padres en los ataques. Chris trabajaba en la financiera Cantor Fitzgerald, que perdió a 658 personas, entre ellos su hermano Tom, padre de cuatro niños.
"Me di cuenta de que mis sobrinos se quedaron sin una imagen paterna y, como ellos, miles de otros chicos y chicas", relató Chris, que tiene también cuatro hijos y, en diciembre de 2001, decidió dedicarse a tiempo completo a Tuesday´s Children.
"Sentía que la tremenda pérdida que sufrimos me obligaba a actuar con mayor sentido social", afirmó.
Tuesday´s Children reúne a un grupo de gente que quiere que los más pequeños se conviertan en personas fuertes y comprometidas con la comunidad. Buscan que los chicos no se queden en sus casas encerrados, que estén en contacto con otros chicos que sufrieron lo mismo que ellos.
La rutina de la ausencia
A Eamon Stewart, de 13 años, por ejemplo, le sucedía que en la escuela sus compañeros lo trataban como si estuviera enfermo. "Se me acercaban chicos que antes no eran buenos conmigo y me tenían lástima", contó Eamon, que perdió a su padre, Michael, el 11 de septiembre de 2001. "Yo extraño a mi papá, pero no quiero que todo el tiempo me recuerden que él no está", señaló.
Su madre, Diana, de 46, que estaba a punto de separarse de Michael cuando ocurrieron los ataques, asegura que quedó en un estado de limbo.
"El no era un héroe, pero era un buen padre y todo me dejó con sentimientos encontrados", comentó. Sólo ahora se acostumbró a la idea de seguir adelante. "El año próximo nos vamos a tomar nuestras primeras vacaciones. Hasta ahora sentía que no podía darme ese placer, que no debía, en memoria de Michael. Pero la vida sigue."
Algo similar le pasó a Steven Push, cuya esposa, Lisa Raines, murió en el avión de American Airlines que se estrelló sobre el Pentágono. Durante un año y medio se dedicó pura y exclusivamente a honrar a su ex mujer y a trabajar como voluntario en la asociación Familias del 11 de Septiembre. "Sentía que mi vida ya no importaba, y que sólo debía hacer lo posible para que la gente no olvidara a Lisa", dijo.
Sin embargo, una noche, en un chat room en Internet se contactó con Deborah, a quien conoció a los pocos días y en una semana se comprometieron y luego se casaron. "Lo más difícil fue abrirme a la posibilidad de rehacer mi vida", contó Steven.
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