Los tres desafíos de la lucha contra el cambio climático

Roberto Bouzas Para LA NACION
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18 de diciembre de 2009  

El fenómeno del cambio climático plantea desafíos enormes en varias dimensiones. El primero proviene de su propia naturaleza: enfrentar el problema requiere asumir costos hoy para obtener beneficios en un futuro distante. Estos beneficios, además, no se conocen con precisión, porque hay un fuerte elemento de incertidumbre sobre el impacto del cambio climático sobre la vida en el planeta.

Si bien el consenso científico sobre la existencia del fenómeno y su relación con la actividad humana ha aumentado notablemente, existe un alto grado de incertidumbre (inevitable) sobre su evolución y sus repercusiones en un plazo de décadas. El argumento más fuerte para asumir costos hoy es la posibilidad cierta de riesgos catastróficos y el carácter no lineal de los fenómenos atmosféricos y su efecto sobre la actividad humana.

El segundo desafío proviene de su carácter de problema global. El cambio climático es un fenómeno que no puede ser atacado eficientemente sólo con políticas nacionales, sino que requiere de un marco de cooperación internacional. Un país o un grupo de países no pueden contener el problema por sí solos, por cuanto las repercusiones económicas de las medidas que eventualmente adopten podrían generar estímulos para que la actividad económica se desplazara hacia zonas geográficas no reguladas. En ese caso, no sólo habría un perjuicio económico para los países que tomaron la iniciativa, sino que además se frustraría el propósito mismo de la política: las emisiones se desplazarían a otras regiones pero no disminuirán en términos absolutos.

Finalmente, el tercer desafío proviene de las fuertes implicancias distributivas de enfrentar el problema. La acumulación de gases de efecto invernadero no es un problema de flujos sino de stocks, ya que los gases emitidos se acumulan en la atmósfera por un largo período. Esto implica que el calentamiento que se está produciendo y se producirá es el producto de las emisiones que han ocurrido desde la Revolución Industrial. Si bien al ritmo actual de emisiones en dos o tres décadas esta asimetría en la contribución a la creación del problema habrá desaparecido, hoy no es el caso y los países que menos han contribuido en el pasado (los países en desarrollo) demandan que la mayor parte de la carga recaiga sobre quienes han sido más responsables (los países industrializados).

Otras dos características fuertemente asimétricas del cuadro actual son que la disponibilidad de recursos para enfrentar el problema es muy diferente entre categorías de países, así como los impactos esperados.

Finalmente, el fenómeno del cambio climático y su tratamiento tiene implicaciones distributivas importantes no sólo en el plano internacional, sino también en el plano interno. En efecto, las actividades más afectadas por eventuales medidas de mitigación serán las que más contribuyen a las emisiones, por lo que es previsible esperar una fuerte oposición de su parte. Esta reacción ha sido particularmente evidente en Estados Unidos, donde importantes sectores empresariales se han organizado y movilizado de manera activa para oponerse a la adopción de medidas que impliquen gravar de algún modo las emisiones. Esta oposición también explica el surgimiento de propuestas para aplicar medidas de ajuste en frontera a las importaciones provenientes de países que no adopten medidas equivalentes de mitigación.

En síntesis, el problema del cambio climático presenta todas las complejidades imaginables de un problema global. Esto explica la dificultad para alcanzar un acuerdo y la poca flexibilidad de algunas posiciones nacionales. Si bien la cumbre de Copenhague no terminará con un acuerdo detallado, es esencial que concluya con una hoja de ruta para que la comunidad internacional diseñe una estrategia aceptable antes del año 2012, cuando vence el Protocolo de Kyoto, que es el instrumento legal internacional actualmente vigente.

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