Lula amenaza con expulsar del PT a los legisladores rebeldes

Se oponen a sus proyectos de reformas
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8 de mayo de 2003  

SAN PABLO.- Luiz Inacio Lula da Silva amenazó ayer con expulsar del Partido de los Trabajadores a cuatro legisladores "rebeldes" que se oponen al proyecto oficialista de reforma del sistema jubilatorio.

Según una encuesta realizada por el Instituto Ibope, si la expulsión se confirma, no derramará muchas lágrimas entre los brasileños. Ibope reveló que el 78% de los brasileños es favorable a la reforma de la Previdencia -el organismo público que administra el sistema de jubilaciones y pensiones en Brasil-.

El número es arrollador, mucho más si se considera que la reforma propone justamente la reducción de algunas jubilaciones y pensiones y el aumento en la edad para acceder al retiro, entre otros tantos beneficios que serán cortados si la reforma es aprobada.

"Todos tendremos que hacer sacrificios", dijo Lula en sucesivos actos, y su discurso carismático surtió efecto.

Los brasileños son conscientes de que el sistema jubilatorio necesita ser reformado. Por un lado, porque anidan en él una serie de privilegios absurdos -ya se descubrieron pensiones de más de 15.000 dólares-. Por el otro, porque la cantidad de privilegios que el sistema ofrece para los trabajadores del sector público terminó generando un déficit que afecta todo el resto de la economía. Ese déficit obliga a Brasil a captar fondos en el exterior para cubrirlo, creando su dependencia externa.

Por eso, las arengas de los llamados "radicales de izquierda" del Partido de los Trabajadores no están conquistando a las masas -ni al resto de los legisladores de izquierda-. La oposición de los "rebeldes" del gobierno creó una situación curiosa: mientras senadoras como Heloisa Helena, del sector trotskista del PT, hablan en contra de Lula, legisladores socialdemócratas se declaran a favor del gobierno.

Lula ha perdido más tiempo intentando minimizar el costo emocional de tener que marginar a antiguos dirigentes de su partido que convenciendo a los legisladores de oposición a aprobar sus proyectos.

Uno de los puntos más polémicos de la reforma de la Previdencia propuesta por el gobierno es la aplicación de un impuesto sobre las jubilaciones de más de 1050 reales (prácticamente el mismo valor en pesos argentinos). Con lo recaudado por ese impuesto se alimentará la caja para pagarles a los futuros jubilados.

"¿De dónde saldrá el dinero?"

"Todo el mundo tiene derecho de oponerse o apoyar. Pero los que se oponen a la reforma, que por favor me digan de dónde vamos a sacar el dinero para pagar las cuentas", dijo ayer Lula, durante un discurso en Aracajú, ciudad del interior del país.

El presidente continúa con un apoyo popular digno de una "luna de miel": según Ibope, apenas el 13% de los brasileños desaprueba su gestión. Lula conquistó el apoyo de los que no lo votaron por simpatizar con la izquierda, y no perdió el respaldo de los que lo votaron por ser de izquierda y en teoría deberían desaprobar las políticas económicas ortodoxas adoptadas.

En los últimos días, un Frente Parlamentario y de Entidades de Defensa de la Previdencia Social Pública estuvo trabajando para defender a los "rebeldes" del PT y evitar su expulsión. Los "radicales" no son los únicos a quienes les disgusta la reforma, pero sí son los únicos que dijeron estar dispuestos a votar en contra, y es eso lo que más irrita a la cúpula del gobierno.

Si persisten en el intento, su destino es alguna ignota fuerza de ultraizquierda o, considerando las encuestas, la creación de un nuevo partido con vocación para el ostracismo.

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